/ martes 29 de septiembre de 2020

La transparencia como cultura social

Este 28 de septiembre celebramos el Día Internacional del Derecho a Saber, dando reconocimiento al derecho universal humano de las personas a estar informadas mediante el acceso a la información.

El Derecho de Acceso a la Información es uno de los pilares de la cultura de la transparencia, que no solo es responsabilidad de las instituciones, sino una forma de vida que debemos adoptar todos los que integramos nuestra sociedad.

La cultura social se fomenta desde la infancia y se refuerza en la adolescencia, por eso es clave para los órganos garantes como el IMIPE, llevar los conceptos de transparencia y rendición de cuentas a nuestros estudiantes de todos los niveles educativos, pues apostamos a un mejor futuro en el que sean adoptados en cada aspecto de nuestro actuar, que se vuelva parte de nuestro saber ser.

Estaremos todos de acuerdo en que la educación cívica es sumamente importante para aprender a convivir, así, una sociedad educada en transparencia actúa de forma natural fuera de la opacidad, concibe el informar de sus acciones no como una obligación, si no como algo intrínseco de sus funciones.

Como dijera el Dr. Francisco Acuña, presidente del INAI “nadie estaba instruido para la transparencia, en la visión cívica mexicana no estaba incluida la transparencia”; con esta frase quiero apuntar que los que hoy conformamos el servicio público no fuimos formados con el hábito de rendir cuentas, lo que explica la negativa de muchos a informar sobre nuestro quehacer público y que gracias al esfuerzo de todos, con sensibilización y capacitación oportuna, cada vez es menor la resistencia de las instituciones y mayor la exigencia desde la sociedad.

La construcción de la transparencia como cultura social, parte entonces de la formación cívica y el desarrollo del saber, saber ser y saber hacer, pues hay que dotar a todas las personas de los conocimientos y herramientas necesarios para ejercer sus derechos, pero también hay que cultivar los valores y principios que orienten su actuar.

Solo mediante la cultura de la transparencia, en la que los servidores públicos cumplen su obligación de transparentar su actuar, los medios de comunicación informan sobre las acciones de las instituciones y la sociedad se informa y participa de manera activa, podemos llegar a construir en conjunto las políticas públicas efectivas que incidan en la vida de todos.

Este 28 de septiembre celebramos el Día Internacional del Derecho a Saber, dando reconocimiento al derecho universal humano de las personas a estar informadas mediante el acceso a la información.

El Derecho de Acceso a la Información es uno de los pilares de la cultura de la transparencia, que no solo es responsabilidad de las instituciones, sino una forma de vida que debemos adoptar todos los que integramos nuestra sociedad.

La cultura social se fomenta desde la infancia y se refuerza en la adolescencia, por eso es clave para los órganos garantes como el IMIPE, llevar los conceptos de transparencia y rendición de cuentas a nuestros estudiantes de todos los niveles educativos, pues apostamos a un mejor futuro en el que sean adoptados en cada aspecto de nuestro actuar, que se vuelva parte de nuestro saber ser.

Estaremos todos de acuerdo en que la educación cívica es sumamente importante para aprender a convivir, así, una sociedad educada en transparencia actúa de forma natural fuera de la opacidad, concibe el informar de sus acciones no como una obligación, si no como algo intrínseco de sus funciones.

Como dijera el Dr. Francisco Acuña, presidente del INAI “nadie estaba instruido para la transparencia, en la visión cívica mexicana no estaba incluida la transparencia”; con esta frase quiero apuntar que los que hoy conformamos el servicio público no fuimos formados con el hábito de rendir cuentas, lo que explica la negativa de muchos a informar sobre nuestro quehacer público y que gracias al esfuerzo de todos, con sensibilización y capacitación oportuna, cada vez es menor la resistencia de las instituciones y mayor la exigencia desde la sociedad.

La construcción de la transparencia como cultura social, parte entonces de la formación cívica y el desarrollo del saber, saber ser y saber hacer, pues hay que dotar a todas las personas de los conocimientos y herramientas necesarios para ejercer sus derechos, pero también hay que cultivar los valores y principios que orienten su actuar.

Solo mediante la cultura de la transparencia, en la que los servidores públicos cumplen su obligación de transparentar su actuar, los medios de comunicación informan sobre las acciones de las instituciones y la sociedad se informa y participa de manera activa, podemos llegar a construir en conjunto las políticas públicas efectivas que incidan en la vida de todos.

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