/ miércoles 29 de julio de 2020

Jesús Conde, El Patriarca de Tepoztlán

Daniel Vázquez Conde plasma la vida e historia de su abuelo entre los cerros en un gran libro

Don Jesús Conde Rodríguez, ha sido un pilar para la cultura en Morelos y principalmente en Tepoztlán, reconocido por ser un heredero de los ideales de progreso, cultura y educación, los cuales transmitió a su familia generación por generación.

Originario de Tepoztlán, don Jesús se caracterizó por ser un hombre íntegro que amó mucho a su pueblo, al que se refería como un tesoro escondido, entre sus cerros, con difíciles vías de comunicación para el beneficio de su comunidad.

El etnohistoriador, Daniel Salvador Vázquez Conde, nieto de don Jesús, plasma la vida e historia de su abuelo y su familia en el libro “Don Jesús Conde Rodríguez, un tepozteco visionario”.

María de la Luz Esther, madre de Daniel siempre les platicó a sus hijos las anécdotas de su abuelo, y por iniciativa de su hermano Leonardo Vázquez Conde, diseñador editorial, surgió este libro donde narran la historia de Conde Rodríguez, para que las nuevas generaciones conozcan su legado y herencia cultural al pueblo de Tepoztlán.

Dentro del contexto en el que mi abuelo nació y creció, por sus principios no apoyó el movimiento armado de la Revolución, no porque fuera ajeno a sus ideales sino porque para él, el cambio debería venir por medios pacíficos, como la educación y la cultura, destacó Daniel Salvador Vázquez Conde.

En 1924, después de la revolución, don Jesús fue el único de los tepoztecos con estudios que regresó a su pueblo para vivir en compañía de su esposa Esther y sus hijos. Con el ideal de trabajar en beneficio de su comunidad con una escuela donde se enseñará el náhuatl a la par del español, pero no encontró el apoyo necesario en sus paisanos.

En su casa, ubicada en Tepoztlán, habitaron varios extranjeros y personas amantes de lo mexicano, quienes llegaban a conocer el pueblo mágico, entre ellos, Carlos Pellicer, Florence Kane, María Schmann, Bertha Rantz, Hugo Breheme, Ingoberto Stark y Robert Redfield, lo que fue de gran inspiración para seguir sus ideales. Su labor como promotor de la lengua náhuatl siempre fue importante, se sabe que compuso versos y poemas en esta lengua.

Otro de sus grandes intereses fue construir una carretera hacia Cuernavaca para tener una vía turística y de progreso, deseoso de que todos conocieran la belleza natural, arquitectónica e histórica de Tepoztlán; y así mejorar sus condiciones en todos los sentidos. Con ayuda de sus paisanos promovió con gran perseverancia hasta lograr el objetivo.

El pilar de la cultura morelense siempre reyó que los cambios debían darse por medios pacíficos.

El pilar de la cultura morelense siempre reyó que los cambios debían darse por medios pacíficos.

En diciembre de 1928, con ayuda del Ingeniero Francisco M. Rodríguez, mi abuelo y sus paisanos integraron el Comité Pro-camino carretero, para la construcción de la carretera a Cuernavaca y obtener ayuda de las autoridades. El gobierno estatal les proporcionó herramientas, dos camiones y dos ingenieros para trazar la ruta; fue más el trabajo de la gente del pueblo, que aportó la mano de obra y más dinero; estudiantes de Morelos y Guerrero hicieron labor social y se realizaron eventos públicos en la plaza cívica del pueblo para reunir fondos.

Don Jesús siempre buscó el apoyo del presidente de la República, que en ese momento era Abelardo L. Rodríguez, en 1933 don Jesús le escribió una carta para solicitar su cooperación, pero desafortunadamente el presidente no pudo visitar el pueblo. Tiempo después cuando Lázaro Cárdenas del Río toma la presidencia y da a conocer su interés en el progreso de los pueblos de México, Conde Rodríguez continuo con labor diplomática para lograr este apoyo.

El 23 de marzo de 1935 por iniciativa de mi abuelo, el presidente visitó Tepoztlán, llegó por la estación El Parque, le expusieron lo importante asunto de la conclusión de la carretera y gracias a su apoyo, se logró terminar la carretera, en enero de 1936.

Don Jesús le escribió una carta al presidente Lázaro, quien posteriormente le respondió con otra carta histórica donde lo llama afectuosamente “El patriarca de Tepoztlán”.

En 1937, el gobierno continuó la construcción de la carretera hacia Cuautla, don Jesús propuso la ruta. La terminación de la carretera inicio el tránsito desde las ciudades de Cuernavaca y México; Conde Rodríguez, junto con otros paisanos constituyeron una asociación para establecer un hotel-restaurante en la Villa de Tepoztlán, establecer un balneario, construir estaciones gasolineras. En 1938, la línea telefónica fue introducida, gracias a la solicitud de don Jesús al presidente de la República.

Don Jesús Conde Rodríguez, falleció el 29 de enero de 1939 a los 59 años de edad, “misteriosamente murió en la carretera en el kilómetro 15; ese día don Jesús se dirigía a conocer el mar de Acapulco, el auto donde viajaba se volcó en la curva”.

La Escuela Secundaria de la cabecera de Tepoztlán, lleva su nombre, se dice que por iniciativa del poeta Carlos Pellicer, quién hizo esta propuesta a la comunidad para reconocer el legado de Conde Rodríguez. A pesar de eso, su labor no ha sido tan reconocida, por lo tanto su nieto levanta la voz por él, para recordarle al pueblo y dar a conocer a las nuevas generaciones, la vida y obra de su abuelo.

Quienes estén interesados y lean con atención esta obra, van a contemplar imágenes, cartas, del sentir y pensar de mi abuelo. Sobre todo, los jóvenes, que se sientan identificados con este gran personaje tepozteco, finalizó.

Quienes estén interesados y lean con atención esta obra, van a contemplar imágenes, cartas, del sentir y pensar de mi abuelo, señala Daniel Vázquez.

Quienes estén interesados y lean con atención esta obra, van a contemplar imágenes, cartas, del sentir y pensar de mi abuelo, señala Daniel Vázquez.

Don Jesús Conde Rodríguez, ha sido un pilar para la cultura en Morelos y principalmente en Tepoztlán, reconocido por ser un heredero de los ideales de progreso, cultura y educación, los cuales transmitió a su familia generación por generación.

Originario de Tepoztlán, don Jesús se caracterizó por ser un hombre íntegro que amó mucho a su pueblo, al que se refería como un tesoro escondido, entre sus cerros, con difíciles vías de comunicación para el beneficio de su comunidad.

El etnohistoriador, Daniel Salvador Vázquez Conde, nieto de don Jesús, plasma la vida e historia de su abuelo y su familia en el libro “Don Jesús Conde Rodríguez, un tepozteco visionario”.

María de la Luz Esther, madre de Daniel siempre les platicó a sus hijos las anécdotas de su abuelo, y por iniciativa de su hermano Leonardo Vázquez Conde, diseñador editorial, surgió este libro donde narran la historia de Conde Rodríguez, para que las nuevas generaciones conozcan su legado y herencia cultural al pueblo de Tepoztlán.

Dentro del contexto en el que mi abuelo nació y creció, por sus principios no apoyó el movimiento armado de la Revolución, no porque fuera ajeno a sus ideales sino porque para él, el cambio debería venir por medios pacíficos, como la educación y la cultura, destacó Daniel Salvador Vázquez Conde.

En 1924, después de la revolución, don Jesús fue el único de los tepoztecos con estudios que regresó a su pueblo para vivir en compañía de su esposa Esther y sus hijos. Con el ideal de trabajar en beneficio de su comunidad con una escuela donde se enseñará el náhuatl a la par del español, pero no encontró el apoyo necesario en sus paisanos.

En su casa, ubicada en Tepoztlán, habitaron varios extranjeros y personas amantes de lo mexicano, quienes llegaban a conocer el pueblo mágico, entre ellos, Carlos Pellicer, Florence Kane, María Schmann, Bertha Rantz, Hugo Breheme, Ingoberto Stark y Robert Redfield, lo que fue de gran inspiración para seguir sus ideales. Su labor como promotor de la lengua náhuatl siempre fue importante, se sabe que compuso versos y poemas en esta lengua.

Otro de sus grandes intereses fue construir una carretera hacia Cuernavaca para tener una vía turística y de progreso, deseoso de que todos conocieran la belleza natural, arquitectónica e histórica de Tepoztlán; y así mejorar sus condiciones en todos los sentidos. Con ayuda de sus paisanos promovió con gran perseverancia hasta lograr el objetivo.

El pilar de la cultura morelense siempre reyó que los cambios debían darse por medios pacíficos.

El pilar de la cultura morelense siempre reyó que los cambios debían darse por medios pacíficos.

En diciembre de 1928, con ayuda del Ingeniero Francisco M. Rodríguez, mi abuelo y sus paisanos integraron el Comité Pro-camino carretero, para la construcción de la carretera a Cuernavaca y obtener ayuda de las autoridades. El gobierno estatal les proporcionó herramientas, dos camiones y dos ingenieros para trazar la ruta; fue más el trabajo de la gente del pueblo, que aportó la mano de obra y más dinero; estudiantes de Morelos y Guerrero hicieron labor social y se realizaron eventos públicos en la plaza cívica del pueblo para reunir fondos.

Don Jesús siempre buscó el apoyo del presidente de la República, que en ese momento era Abelardo L. Rodríguez, en 1933 don Jesús le escribió una carta para solicitar su cooperación, pero desafortunadamente el presidente no pudo visitar el pueblo. Tiempo después cuando Lázaro Cárdenas del Río toma la presidencia y da a conocer su interés en el progreso de los pueblos de México, Conde Rodríguez continuo con labor diplomática para lograr este apoyo.

El 23 de marzo de 1935 por iniciativa de mi abuelo, el presidente visitó Tepoztlán, llegó por la estación El Parque, le expusieron lo importante asunto de la conclusión de la carretera y gracias a su apoyo, se logró terminar la carretera, en enero de 1936.

Don Jesús le escribió una carta al presidente Lázaro, quien posteriormente le respondió con otra carta histórica donde lo llama afectuosamente “El patriarca de Tepoztlán”.

En 1937, el gobierno continuó la construcción de la carretera hacia Cuautla, don Jesús propuso la ruta. La terminación de la carretera inicio el tránsito desde las ciudades de Cuernavaca y México; Conde Rodríguez, junto con otros paisanos constituyeron una asociación para establecer un hotel-restaurante en la Villa de Tepoztlán, establecer un balneario, construir estaciones gasolineras. En 1938, la línea telefónica fue introducida, gracias a la solicitud de don Jesús al presidente de la República.

Don Jesús Conde Rodríguez, falleció el 29 de enero de 1939 a los 59 años de edad, “misteriosamente murió en la carretera en el kilómetro 15; ese día don Jesús se dirigía a conocer el mar de Acapulco, el auto donde viajaba se volcó en la curva”.

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