/ martes 23 de febrero de 2021

El Día de la Bandera en el México unidimensional

En el libro “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley se plantea una sociedad futurista donde el sistema de producción en serie ha permeado en los diferentes aspectos de la vida, no sólo el laboral sino el deportivo, el cultural y hasta el amoroso de las personas que gozan de los avances tecnológicos que han generado una sociedad feliz. Pero se trata de una sociedad feliz en apariencia, pues en realidad es una sociedad sometida que vive bajo estructuras de dominación muy sutiles que la han alejado de la libertad de acción, siendo así una sociedad consumista, dejando a un lado aspectos como la historia, el arte y la cultura como elementos para crear una conciencia propia.

Y es precisamente en lo que se ha configurado la sociedad mexicana contemporánea, en una sociedad que vive en apariencia feliz gracias a los avances tecnológicos digitales, las redes sociales, los dispositivos multimedia o las telecomunicaciones que si bien es cierto en tiempos de pandemia han jugado un papel transcendental para que el mundo siga operando, son un efecto del sistema de producción capitalista que ha creado su propia cultura, una especie de cascarón vacío en muchos aspectos.

En este sentido, podemos hablar de una sociedad unidimensional, producto de la globalización de la que México es parte, y que ha generado que su propia cultura se esté transformando para que las nuevas generaciones se vuelvan más consumistas dando prioridad a falsas necesidades, olvidando así su herencia histórica y cultural. Es así bajo esta lógica que prevalece lo económico sobre lo social, lo colectivo y lo justo. México entró en la corriente del libre mercado con una doctrina neoliberal en la década de los ochenta y a partir de ahí los detentadores formales del poder impulsaron políticas para convertir lo público en privado, construyendo así un discurso sobre la democracia y la libertad ad hoc al modelo económico imperante pero acrecentando la desigualdad social.

Durante los últimos treinta años, los gobernantes crearon y reestructuraron instituciones y leyes para abrir lo público a lo privado teniendo ejemplos como los remates de empresas públicas a favor de particulares, reformas constitucionales y legales para dar la entrada a las grandes trasnacionales para participar en la industria petrolera o minera, o incluso la posibilidad de que los ejidos fueran objeto de enajenación para así instalar grandes fábricas o proyectos que significaran inversión en el país. Se dio prioridad al poder económico.

Todo esto contribuyó no sólo a una desigualdad social, sino que también los miembros de la sociedad fueron adoctrinados a favor del consumismo, a ser objeto de una dominación indirecta por parte del poder económico bajo un discurso de generación de empleos y crecimiento económico. Y en este tenor, se estableció un decreto al artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo en épocas de Vicente Fox para que en México los días conmemorativos que eran de descanso obligatorio fuesen llevados a cabo el lunes inmediato a la fecha respectiva para así fomentar el turismo y en consecuencia dinamizar la economía, sin embargo, se acrecentó el olvido histórico en la memoria del mexicano de fechas como el 5 de febrero, el 21 de marzo o el 20 de noviembre, ahora eran sinónimos de puentes o fines de semana largos para vacacionar, contribuyendo a la reproducción del sistema económico capitalista.

Bajo esta tesitura, el mexicano ha ido relegando en su memoria acontecimientos que han configurado nuestra historia como país pero que son importantes tenerlos presentes para así tener un registro de nuestros errores como entidad política y no volver a cometerlos en aras de una sociedad mexicana con mayor cohesión social y de identidad. Por lo tanto, una de las fechas que hay que tener presentes es el 24 de febrero, que por decreto presidencial de Lázaro Cárdenas en 1940 se estableció como Día de la Bandera. Pero ¿qué hay detrás de esta fecha?

Después de casi 11 años de lucha por la independencia de México, el Ejército Insurgente comandado por el general Vicente Guerrero y el Ejército Realista al mando de Agustín de Iturbide deciden dar fin a la lucha armada para fusionarse y crear un solo ejército, el Trigarante, y así consumar la independencia para lo cual un 24 de febrero de 1821 se firma el Plan de Iguala o de las Tres Garantías: 1) religión única, la católica; 2) independencia; y 3) unión de las clases sociales. Dicho documento vendría a sentar las bases jurídicas del naciente Estado mexicano.

El Ejército Trigarante se enarboló bajo una bandera de tres franjas diagonales con una estrella en cada una, que representarían a dichas garantías. Sentándose así los antecedentes de nuestra bandera tricolor.

A lo largo de la historia de México, la bandera nacional ha tenido muchos cambios pero siempre conservando los colores originales: verde, blanco y rojo, al igual que el escudo nacional que ha sido objeto de cambios pero siempre con la esencia de plasmar la fundación de México-Tenochtitlan. Ahora bien, el modelo vigente de nuestra bandera quedó adoptado en 1968, y actualmente se regula en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, donde en el artículo tercero se establece lo siguiente:

Artículo 3o.- La Bandera Nacional consiste en un rectángulo dividido en tres franjas verticales de medidas idénticas, con los colores en el siguiente orden a partir del asta: verde, blanco y rojo. En la franja blanca y al centro, tiene el Escudo Nacional, con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. La proporción entre anchura y longitud de la bandera, es de cuatro a siete. Podrá llevar un lazo o corbata de los mismos colores, al pie de la moharra.

En cuanto al Escudo Nacional, su descripción la encontramos en el segundo artículo de la ley en comento:

Artículo 2o.- El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas en un nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate; con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural. Posada su garra izquierda sobre un nopal florecido que nace en una peña que emerge de un lago, sujeta con la derecha y con el pico, en actitud de devorar, a una serpiente curvada, de modo que armonice con el conjunto. Varias pencas del nopal se ramifican a los lados. Dos ramas, una de encino al frente del águila y otra de laurel al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas que, cuando se representa el Escudo Nacional en colores naturales, corresponden a los de la Bandera Nacional.

Por lo tanto, el 24 de febrero se instituyó como el Día de la Bandera, derivado de haberse dado el histórico abrazo de Acatempan entre Guerrero e Iturbide, y proclamarse el Plan de Iguala en dicha fecha, siendo importante conocer los antecedentes históricos y las bases jurídicas que configuraron el nacimiento del Estado mexicano. En una encuesta electrónica organizada por un diario español, en 2008 la bandera mexicana fue considerada como la más bella del mundo; aunado a eso se trata de un símbolo que encierra muchos significados que los mexicanos debemos conocer y aplicar para tener algo más que un México unidimensional.

En el libro “Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley se plantea una sociedad futurista donde el sistema de producción en serie ha permeado en los diferentes aspectos de la vida, no sólo el laboral sino el deportivo, el cultural y hasta el amoroso de las personas que gozan de los avances tecnológicos que han generado una sociedad feliz. Pero se trata de una sociedad feliz en apariencia, pues en realidad es una sociedad sometida que vive bajo estructuras de dominación muy sutiles que la han alejado de la libertad de acción, siendo así una sociedad consumista, dejando a un lado aspectos como la historia, el arte y la cultura como elementos para crear una conciencia propia.

Y es precisamente en lo que se ha configurado la sociedad mexicana contemporánea, en una sociedad que vive en apariencia feliz gracias a los avances tecnológicos digitales, las redes sociales, los dispositivos multimedia o las telecomunicaciones que si bien es cierto en tiempos de pandemia han jugado un papel transcendental para que el mundo siga operando, son un efecto del sistema de producción capitalista que ha creado su propia cultura, una especie de cascarón vacío en muchos aspectos.

En este sentido, podemos hablar de una sociedad unidimensional, producto de la globalización de la que México es parte, y que ha generado que su propia cultura se esté transformando para que las nuevas generaciones se vuelvan más consumistas dando prioridad a falsas necesidades, olvidando así su herencia histórica y cultural. Es así bajo esta lógica que prevalece lo económico sobre lo social, lo colectivo y lo justo. México entró en la corriente del libre mercado con una doctrina neoliberal en la década de los ochenta y a partir de ahí los detentadores formales del poder impulsaron políticas para convertir lo público en privado, construyendo así un discurso sobre la democracia y la libertad ad hoc al modelo económico imperante pero acrecentando la desigualdad social.

Durante los últimos treinta años, los gobernantes crearon y reestructuraron instituciones y leyes para abrir lo público a lo privado teniendo ejemplos como los remates de empresas públicas a favor de particulares, reformas constitucionales y legales para dar la entrada a las grandes trasnacionales para participar en la industria petrolera o minera, o incluso la posibilidad de que los ejidos fueran objeto de enajenación para así instalar grandes fábricas o proyectos que significaran inversión en el país. Se dio prioridad al poder económico.

Todo esto contribuyó no sólo a una desigualdad social, sino que también los miembros de la sociedad fueron adoctrinados a favor del consumismo, a ser objeto de una dominación indirecta por parte del poder económico bajo un discurso de generación de empleos y crecimiento económico. Y en este tenor, se estableció un decreto al artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo en épocas de Vicente Fox para que en México los días conmemorativos que eran de descanso obligatorio fuesen llevados a cabo el lunes inmediato a la fecha respectiva para así fomentar el turismo y en consecuencia dinamizar la economía, sin embargo, se acrecentó el olvido histórico en la memoria del mexicano de fechas como el 5 de febrero, el 21 de marzo o el 20 de noviembre, ahora eran sinónimos de puentes o fines de semana largos para vacacionar, contribuyendo a la reproducción del sistema económico capitalista.

Bajo esta tesitura, el mexicano ha ido relegando en su memoria acontecimientos que han configurado nuestra historia como país pero que son importantes tenerlos presentes para así tener un registro de nuestros errores como entidad política y no volver a cometerlos en aras de una sociedad mexicana con mayor cohesión social y de identidad. Por lo tanto, una de las fechas que hay que tener presentes es el 24 de febrero, que por decreto presidencial de Lázaro Cárdenas en 1940 se estableció como Día de la Bandera. Pero ¿qué hay detrás de esta fecha?

Después de casi 11 años de lucha por la independencia de México, el Ejército Insurgente comandado por el general Vicente Guerrero y el Ejército Realista al mando de Agustín de Iturbide deciden dar fin a la lucha armada para fusionarse y crear un solo ejército, el Trigarante, y así consumar la independencia para lo cual un 24 de febrero de 1821 se firma el Plan de Iguala o de las Tres Garantías: 1) religión única, la católica; 2) independencia; y 3) unión de las clases sociales. Dicho documento vendría a sentar las bases jurídicas del naciente Estado mexicano.

El Ejército Trigarante se enarboló bajo una bandera de tres franjas diagonales con una estrella en cada una, que representarían a dichas garantías. Sentándose así los antecedentes de nuestra bandera tricolor.

A lo largo de la historia de México, la bandera nacional ha tenido muchos cambios pero siempre conservando los colores originales: verde, blanco y rojo, al igual que el escudo nacional que ha sido objeto de cambios pero siempre con la esencia de plasmar la fundación de México-Tenochtitlan. Ahora bien, el modelo vigente de nuestra bandera quedó adoptado en 1968, y actualmente se regula en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, donde en el artículo tercero se establece lo siguiente:

Artículo 3o.- La Bandera Nacional consiste en un rectángulo dividido en tres franjas verticales de medidas idénticas, con los colores en el siguiente orden a partir del asta: verde, blanco y rojo. En la franja blanca y al centro, tiene el Escudo Nacional, con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. La proporción entre anchura y longitud de la bandera, es de cuatro a siete. Podrá llevar un lazo o corbata de los mismos colores, al pie de la moharra.

En cuanto al Escudo Nacional, su descripción la encontramos en el segundo artículo de la ley en comento:

Artículo 2o.- El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas en un nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate; con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural. Posada su garra izquierda sobre un nopal florecido que nace en una peña que emerge de un lago, sujeta con la derecha y con el pico, en actitud de devorar, a una serpiente curvada, de modo que armonice con el conjunto. Varias pencas del nopal se ramifican a los lados. Dos ramas, una de encino al frente del águila y otra de laurel al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas que, cuando se representa el Escudo Nacional en colores naturales, corresponden a los de la Bandera Nacional.

Por lo tanto, el 24 de febrero se instituyó como el Día de la Bandera, derivado de haberse dado el histórico abrazo de Acatempan entre Guerrero e Iturbide, y proclamarse el Plan de Iguala en dicha fecha, siendo importante conocer los antecedentes históricos y las bases jurídicas que configuraron el nacimiento del Estado mexicano. En una encuesta electrónica organizada por un diario español, en 2008 la bandera mexicana fue considerada como la más bella del mundo; aunado a eso se trata de un símbolo que encierra muchos significados que los mexicanos debemos conocer y aplicar para tener algo más que un México unidimensional.

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