/ lunes 2 de mayo de 2022

Chalcatzingo: donde los olmecas hablan a través de las piedras

A dos horas de la Ciudad de México, una visita a la zona arqueológica puede convertirse en una gran experiencia familiar

A dos horas de la Ciudad de México, en la región oriente de Morelos hay un lugar donde los olmecas hablan con nosotros. Lo hacen a través de una serie de grabados, de formas precisas, que expresan su sistema de creencias.

No parece que estas piedras fueran labradas hace unos tres mil años. Parece que apenas ayer ellos todavía hubieran estado aquí. Y si guardas silencio el murmullo del viento entre las ramas de los árboles es casi un diálogo encapsulado en el tiempo.

La Zona Arqueológica de Chalcatzingo es un antiguo asentamiento olmeca en el Valle de Morelos, ubicado al pie de los cerros Chalcatzingo y El Delgado.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) su nombre tiene tres significados de origen náhuatl: “el lugar más preciado de los chalcas”, “venerado lugar de agua sagrada” o “de los jades preciosos”.

Los tres se ajustan a la realidad: las construcciones civiles y los bajorrelieves denotan la importancia que los chalcas le daban a este centro ceremonial; en el pasado, entre los dos cerros, un manantial proveía de agua el asentamiento; y en los alrededores se han encontrado enterramientos con ornamentos de jade y espejos de magnetita a manera de ofrenda.

Puede que aún haya misterios por descubrir: en 2016, durante un paseo, un trabajador del lugar descubrió un petrograbado por accidente, al resbalar sobre la roca y encontrar líneas en su superficie. El petrograbado, en el que se representa un felino, fue nombrado por el INAH “Monumento 45”, por el número de piezas halladas en la zona desde 1934, año en que el complejo ceremonial fue descubierto después de que una tromba develara los relieves de una de las figuras principales, ubicada en una de las laderas del cerro ancho: “El Rey”

"El Rey"

Formalmente nombrado “El dador de agua”, este bajorrelieve es el más importante de la zona arqueológica, ya que aglutina toda la carga simbólica que, uno por uno, se va desprendiendo del resto de los grabados en la ladera del cerro.

Para poder apreciarlo hay que subir por un camino que no es ni corto ni largo, con paciencia, para no sobreexigir a los pulmones, preferentemente con calzado cómodo, la cabeza cubierta y un pañuelo para el sudor. La recompensa, al llegar a “El Rey”, es doble, ya que, además de la mítica figura, el visitante se encuentra ante una de las mejores vistas del Valle de las Amilpas, con terrenos fértiles en los que, incluso en épocas de sequía, es posible el verdor.

De acuerdo con la investigadora Carolina Meza Rodríguez, responsable de la zona arqueológica, el estudio de esta pieza inició incluso antes de que se tuviera una definición clara de lo olmeca en Mesoamérica. “Es posible apreciar el ciclo del agua en su representación mítica, con elementos naturalistas y geométricos que nos remiten a nubes, gotas de lluvia, vapor de agua o volutas de la palabra, junto con aves y plantas exóticas, que representan la cueva donde surge este personaje”, explica la investigadora en una de las entregas de la sección Opinión de un experto, del INAH.

En el punto más alto del recorrido que ofrece el INAH, esta estructura es el culmen del trayecto, por lo que, en teoría, debería ser la última parada antes de descender del cerro. Aún así, muchos visitantes prefieren iniciar aquí y bajar después por el camino sobre el que van apareciendo el resto de piezas, donde los olmecas ilustraron varios felinos y la creación del hombre.

“El Rey es, entonces, la síntesis de un discurso desarrollado a través de los demás bajorrelieves, desde el Monumento 5 (La Creación), hasta el Monumento 2 (La Procesión de la Fertilidad), donde los personajes humanos portan atavios y máscaras de los seres míticos y zoomorfos que se representan en los grabados que le anteceden, pasando por las representaciones míticas de felinos que libran una lucha de dominación sobre los seres humanos”, agrega la especialista.

Un domingo familiar

El mejor día para visitar la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, como cualquier otra zona arqueológica o museo del país, es el domingo, al ser el día en que el INAH brinda acceso libre a sus espacios.

En la entrada, algunos pobladores reciben a los visitantes con artesanías, sombreros y bules para almacenar aguas, así como aguas, refrescos y paletas de hielo. En los últimos años, las visitas han vivido un incremento notorio, lo que se habría visto favorecido por el cierre de otras zonas arqueológicas de Morelos desde el sismo de septiembre de 2017, y por el Festival del Sol, un evento magno realizado en los últimos seis años en las inmediaciones del lugar a propuesta del Ayuntamiento de Jantetelco, el cual contribuyó a difundir el antiguo asentamiento como uno de los patrimonios históricos más importantes del estado.

Hoy es domingo al mediodía y dentro conviven unos ocho grupos de personas, entre ellos cuatro o cinco familias con niños pequeños. Mientras los jóvenes y adultos admiran el resto de estructuras que también se conservan en el lugar, incluyendo dos pirámides y un altar, los niños corren con papalotes en la mano. En la entrada, el personal solo prohíbe ingresar con bebidas alcohólicas y mascotas, pero no hay restricciones para la gente que busca un día de campo en este paisaje, que viene a aprender del lugar y comer con los suyos, siempre que las ruinas estén a salvo.

¿Dónde comer?

Sobre la carretera que va de Cuautla a Jantetelco, a la altura del pueblo de Amayuca, el restaurante “El Paradero” es una de las mejores opciones para pasar a desayunar o comer, antes o después de visitar la zona arqueológica.

Abierto de lunes a domingo, de las ocho de la mañana a las ocho de la noche, el restaurante se caracteriza por ofrecer comida típica mexicana, con un menú que incluye mole poblano y pancita, pero que es protagonizado por la tradicional cecina de Yecapixtla.

Desde afuera, el restaurante llama a la vista por los tlecuiles en los que las cocineras preparan las tortillas y los sopes. “Nuestro platillo fuerte, con el cual abrió el restaurante desde hace siete años, es la cecina. Es un platillo que va acompañado de sus guarniciones, que son los nopales, cebolla frita y salsas al gusto, que las tenemos exhibidas para que la propia gente se sirva al gusto”, presume Rodolfo Carreño, encargado del área de bebidas del lugar.

Desde su apertura, “El Paradero” ha intentado mantener la esencia de una cocina tradicional mexicana, factor que en poco tiempo le permitió convertirse en uno de los favoritos de propios y extraños y ampliar su oferta gastronómica, según cuenta Carreño.

Sobre la carretera que va de Cuautla a Jantetelco, el restaurante “El Paradero” es una opción para pasar a desayunar / Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla

¿Dónde hospedarse?

A menos de un kilómetro de distancia de la zona arqueológica, sobre la misma avenida, que atraviesa el campo, el centro ecoturístico “Piedra Rajada” ofrece a los turistas la posibilidad de hospedarse en sus cabañas, con servicio de restaurante y alberca. Administrado por un grupo de mujeres indígenas, se trata de un proyecto comunitario que ha encontrado el éxito en los últimos ocho años, tras su último cambio de administración.

“Somos veintisiete mujeres y nosotras mismas lo atendemos. Contamos con cabañas, artesanías, zona de camping y senderismo”, explica Edith Padilla, una de las administradoras. Con ocho cabañas disponibles, “Piedra Rajada” hacer a sus huéspedes la experiencia más cercana posible a la naturaleza, por lo que sus habitaciones no cuentan con televisión, y en cambio sí con varios espacios al exterior para que las familias se diviertan con un paisaje en el que los cerros de Chalcatzingo se levantan a muy poca distancia.

El centro ecoturístico "Piedra Rajada" ofrece a los visitantes la posibilidad de hospedarse en sus cabañas / Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla

¿Cómo llegar?

En vehículo particular: desde Yautepec, Morelos, se toma la carretera federal 138 hacia el este, hasta llegar a Cuautla. En este punto toma dirección hacia la carretera 160, con rumbo a Izúcar de Matamoros, Puebla.

Aproximadamente a 20 Km de Cuautla se llega al crucero con la carretera estatal Hueyapan-Axochiapan, y debe continuarse por ella hacia el sur. Una vez transcurridos cuatro Km es necesario desviarse, esta vez hacia el oriente, pasando por la Exhacienda de Santa Clara Montefalco, hasta arribar al poblado de Chalcatzingo.

En transporte público: se toma una combi en la parada de Montefalco o en el poblado de Jonacatepec con dirección a Chalcatzingo. Para llegar a Jonacatepec, es posible tomar un autobús o microbús que parte de Cuautla hacia Axochiapan, Tepalcingo y Atotonilco.


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A dos horas de la Ciudad de México, en la región oriente de Morelos hay un lugar donde los olmecas hablan con nosotros. Lo hacen a través de una serie de grabados, de formas precisas, que expresan su sistema de creencias.

No parece que estas piedras fueran labradas hace unos tres mil años. Parece que apenas ayer ellos todavía hubieran estado aquí. Y si guardas silencio el murmullo del viento entre las ramas de los árboles es casi un diálogo encapsulado en el tiempo.

La Zona Arqueológica de Chalcatzingo es un antiguo asentamiento olmeca en el Valle de Morelos, ubicado al pie de los cerros Chalcatzingo y El Delgado.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) su nombre tiene tres significados de origen náhuatl: “el lugar más preciado de los chalcas”, “venerado lugar de agua sagrada” o “de los jades preciosos”.

Los tres se ajustan a la realidad: las construcciones civiles y los bajorrelieves denotan la importancia que los chalcas le daban a este centro ceremonial; en el pasado, entre los dos cerros, un manantial proveía de agua el asentamiento; y en los alrededores se han encontrado enterramientos con ornamentos de jade y espejos de magnetita a manera de ofrenda.

Puede que aún haya misterios por descubrir: en 2016, durante un paseo, un trabajador del lugar descubrió un petrograbado por accidente, al resbalar sobre la roca y encontrar líneas en su superficie. El petrograbado, en el que se representa un felino, fue nombrado por el INAH “Monumento 45”, por el número de piezas halladas en la zona desde 1934, año en que el complejo ceremonial fue descubierto después de que una tromba develara los relieves de una de las figuras principales, ubicada en una de las laderas del cerro ancho: “El Rey”

"El Rey"

Formalmente nombrado “El dador de agua”, este bajorrelieve es el más importante de la zona arqueológica, ya que aglutina toda la carga simbólica que, uno por uno, se va desprendiendo del resto de los grabados en la ladera del cerro.

Para poder apreciarlo hay que subir por un camino que no es ni corto ni largo, con paciencia, para no sobreexigir a los pulmones, preferentemente con calzado cómodo, la cabeza cubierta y un pañuelo para el sudor. La recompensa, al llegar a “El Rey”, es doble, ya que, además de la mítica figura, el visitante se encuentra ante una de las mejores vistas del Valle de las Amilpas, con terrenos fértiles en los que, incluso en épocas de sequía, es posible el verdor.

De acuerdo con la investigadora Carolina Meza Rodríguez, responsable de la zona arqueológica, el estudio de esta pieza inició incluso antes de que se tuviera una definición clara de lo olmeca en Mesoamérica. “Es posible apreciar el ciclo del agua en su representación mítica, con elementos naturalistas y geométricos que nos remiten a nubes, gotas de lluvia, vapor de agua o volutas de la palabra, junto con aves y plantas exóticas, que representan la cueva donde surge este personaje”, explica la investigadora en una de las entregas de la sección Opinión de un experto, del INAH.

En el punto más alto del recorrido que ofrece el INAH, esta estructura es el culmen del trayecto, por lo que, en teoría, debería ser la última parada antes de descender del cerro. Aún así, muchos visitantes prefieren iniciar aquí y bajar después por el camino sobre el que van apareciendo el resto de piezas, donde los olmecas ilustraron varios felinos y la creación del hombre.

“El Rey es, entonces, la síntesis de un discurso desarrollado a través de los demás bajorrelieves, desde el Monumento 5 (La Creación), hasta el Monumento 2 (La Procesión de la Fertilidad), donde los personajes humanos portan atavios y máscaras de los seres míticos y zoomorfos que se representan en los grabados que le anteceden, pasando por las representaciones míticas de felinos que libran una lucha de dominación sobre los seres humanos”, agrega la especialista.

Un domingo familiar

El mejor día para visitar la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, como cualquier otra zona arqueológica o museo del país, es el domingo, al ser el día en que el INAH brinda acceso libre a sus espacios.

En la entrada, algunos pobladores reciben a los visitantes con artesanías, sombreros y bules para almacenar aguas, así como aguas, refrescos y paletas de hielo. En los últimos años, las visitas han vivido un incremento notorio, lo que se habría visto favorecido por el cierre de otras zonas arqueológicas de Morelos desde el sismo de septiembre de 2017, y por el Festival del Sol, un evento magno realizado en los últimos seis años en las inmediaciones del lugar a propuesta del Ayuntamiento de Jantetelco, el cual contribuyó a difundir el antiguo asentamiento como uno de los patrimonios históricos más importantes del estado.

Hoy es domingo al mediodía y dentro conviven unos ocho grupos de personas, entre ellos cuatro o cinco familias con niños pequeños. Mientras los jóvenes y adultos admiran el resto de estructuras que también se conservan en el lugar, incluyendo dos pirámides y un altar, los niños corren con papalotes en la mano. En la entrada, el personal solo prohíbe ingresar con bebidas alcohólicas y mascotas, pero no hay restricciones para la gente que busca un día de campo en este paisaje, que viene a aprender del lugar y comer con los suyos, siempre que las ruinas estén a salvo.

¿Dónde comer?

Sobre la carretera que va de Cuautla a Jantetelco, a la altura del pueblo de Amayuca, el restaurante “El Paradero” es una de las mejores opciones para pasar a desayunar o comer, antes o después de visitar la zona arqueológica.

Abierto de lunes a domingo, de las ocho de la mañana a las ocho de la noche, el restaurante se caracteriza por ofrecer comida típica mexicana, con un menú que incluye mole poblano y pancita, pero que es protagonizado por la tradicional cecina de Yecapixtla.

Desde afuera, el restaurante llama a la vista por los tlecuiles en los que las cocineras preparan las tortillas y los sopes. “Nuestro platillo fuerte, con el cual abrió el restaurante desde hace siete años, es la cecina. Es un platillo que va acompañado de sus guarniciones, que son los nopales, cebolla frita y salsas al gusto, que las tenemos exhibidas para que la propia gente se sirva al gusto”, presume Rodolfo Carreño, encargado del área de bebidas del lugar.

Desde su apertura, “El Paradero” ha intentado mantener la esencia de una cocina tradicional mexicana, factor que en poco tiempo le permitió convertirse en uno de los favoritos de propios y extraños y ampliar su oferta gastronómica, según cuenta Carreño.

Sobre la carretera que va de Cuautla a Jantetelco, el restaurante “El Paradero” es una opción para pasar a desayunar / Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla

¿Dónde hospedarse?

A menos de un kilómetro de distancia de la zona arqueológica, sobre la misma avenida, que atraviesa el campo, el centro ecoturístico “Piedra Rajada” ofrece a los turistas la posibilidad de hospedarse en sus cabañas, con servicio de restaurante y alberca. Administrado por un grupo de mujeres indígenas, se trata de un proyecto comunitario que ha encontrado el éxito en los últimos ocho años, tras su último cambio de administración.

“Somos veintisiete mujeres y nosotras mismas lo atendemos. Contamos con cabañas, artesanías, zona de camping y senderismo”, explica Edith Padilla, una de las administradoras. Con ocho cabañas disponibles, “Piedra Rajada” hacer a sus huéspedes la experiencia más cercana posible a la naturaleza, por lo que sus habitaciones no cuentan con televisión, y en cambio sí con varios espacios al exterior para que las familias se diviertan con un paisaje en el que los cerros de Chalcatzingo se levantan a muy poca distancia.

El centro ecoturístico "Piedra Rajada" ofrece a los visitantes la posibilidad de hospedarse en sus cabañas / Emmanuel Ruiz | El Sol de Cuautla

¿Cómo llegar?

En vehículo particular: desde Yautepec, Morelos, se toma la carretera federal 138 hacia el este, hasta llegar a Cuautla. En este punto toma dirección hacia la carretera 160, con rumbo a Izúcar de Matamoros, Puebla.

Aproximadamente a 20 Km de Cuautla se llega al crucero con la carretera estatal Hueyapan-Axochiapan, y debe continuarse por ella hacia el sur. Una vez transcurridos cuatro Km es necesario desviarse, esta vez hacia el oriente, pasando por la Exhacienda de Santa Clara Montefalco, hasta arribar al poblado de Chalcatzingo.

En transporte público: se toma una combi en la parada de Montefalco o en el poblado de Jonacatepec con dirección a Chalcatzingo. Para llegar a Jonacatepec, es posible tomar un autobús o microbús que parte de Cuautla hacia Axochiapan, Tepalcingo y Atotonilco.


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