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Sociópatas destructores…

  • Nuevas Reglas

La intromisión de actores políticos disfrazados de líderes sociales en los múltiples procesos que la elegancia gubernamental ha dado en llamar reconstrucción y reactivación económica, es una práctica mezquina que hace peligrar el flujo normal de un trance que debiera ser mucho más edificante para todos quienes en él participan.

Ya sea con declaraciones, exigencias absurdas, presencias perniciosas, o hasta actos vandálicos, quienes han dado en transar con la desgracia ajena, estropean la tersura que hoy debiera tener la relación entre sociedad y autoridades, y que debiera ser el inicio de una nuevo paradigma de organización social.

Porque una cosa es lo que buscan hacer las 31 organizaciones de la sociedad civil que abiertamente se han pronunciado por buscar una reconstrucción honesta y transparente y de la que se rindan cuentas, y otra lo que una caterva de vivales barrenadores de la confianza social hacen infiltrándose en demandas legítimas de los ciudadanos.

Las 31 organizaciones buscan establecer mecanismos para que se garantice una reconstrucción apegada a los derechos humanos y en la que se vigilen el origen y destino de los recursos y también rescatar y preservar el patrimonio cultural de Morelos. Ante iniciativas así, uno recupera cierta confianza en la sociedad… Pero luego viene Dagoberto y le da en todita… O una horda de vándalos saquean un albergue y la acaban.

El movimiento de los comerciantes de Avenida Morelos es legítimo. Se trata de un grupo de ciudadanos muy conocidos en Cuernavaca, gente que se ha ganado el respeto con su trabajo de muchos años. Algunos más y otros menos simpáticos, pero todos defienden su legítimo interés de ganarse la vida pero no a costa de la seguridad de los demás, sus demandas de resolver el riesgo en la esquina de Degollado y Morelos son tan dignas que no necesitan el reconocimiento de nadie. El arribismo de Dagoberto Rivera, su oportunismo, la grosería de meterse donde no ha sido llamado, insultar a los invitados de los comerciantes y estropear la construcción de acuerdos raya en lo criminal, en la notoria sociopatía.

Mucho más escandaloso, pero igual de enfermo es el ataque sufrido por el albergue en Zacatepec. El vandalismo es reprobable desde cualquier ángulo, por mucho que existan quienes lo tratan de justificar como malestar social. No hay justificación para el robo, para la destrucción, para la horda. Quienes saquearon el albergue son tan criminales como quienes saquearon, uno a uno, los departamentos de la Torre Latinoamericana. Así nada más.

Twitter: @martinellito
Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx