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Política a la mexicana

  • Punto Crítico

La manera sui generis de hacer política en nuestro país será objeto de estudio internacional para el futuro; la metodología nacional se basa en dos vertientes, prometer cosas que no se cumplirán las más y se cumplirán a medias las menos; la segunda es un combinación de ataques, difamaciones, denostaciones todo aderezado con un toque de espionaje.

Las campañas repletas de belicosidad electorera ocupan grandes espacios en la televisión abierta, llenan el ambiente de daños colaterales por las batallas de los malos contra los peores.

Al estar próximo el proceso electoral de 2018, es importante que nos blindemos ante las afectaciones, evitemos polarizarnos al ritmo marcado por la partidocracia; nosotros no somos los contendientes, sino beneficiados o afectados según quien nos gobierne; es necesario tratar de estar al margen de la toxicidad política y analizar opciones.

Sabias palabras fueron “por sus frutos los conoceréis”, de forma objetiva es menester revisar la experiencia de los distintos “suspirantes”, los cargos ejercidos, así como cuentas entregadas, pues ellos confían en la pésima memoria de los mexicanos.

Retomemos la necesidad de evitar la polarización del electorado. Hace unos días leí una aberrante noticia, comprobé que la poca inteligencia no se relaciona con el nivel académico; el Colegio de México dio espacio y definición en el “Diccionario del español de México” a la palabra “chairo”.

Lo anterior apertura algo que los mexicanos no necesitamos: más elementos para insultar, segregar o discriminar a nuestros compatriotas. Apenas la campaña para evitar el grito homofóbico en los eventos deportivos da resultado y mentes torcidas abonan negativamente a nuestro entorno; no deseo pensar mal, quisiera creer en un México que es paraíso de periodistas, donde acciones como éstas tienen intereses pedagógicos y no políticos, pero no hay mucho margen para el optimismo.

Nuestro país requiere un cambio, pero no de colores; en la triste baraja de gobernantes corruptos están incluidos actores políticos de todos los partidos, mostrando que la corrupción es un problema de valores que nada tiene que ver con el origen partidista; se requiere el cambio de ideas, compromiso verdadero con los gobernados, donde aciertos, equivocaciones y corruptelas de los gobiernos de todos los niveles y partidos, tienen consecuencia directa en la vida de los habitantes de este país sin excepción.

Ojalá que los “suspirantes” a candidatos lo tomen en cuenta y enriquezcan sus plataformas políticas con propuestas y objetivos. Parece improbable pero soñar no cuesta nada, al menos no actualmente.

No somos “chairos” ni tampoco “peñabots,” somos ciudadanos con el deseo de un gobierno cuyo objetivo sea la tranquilidad y bienestar que los antecesores nos robaron.

Twitter: @michelleonofre