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Partidos esclavos del presente

  • Nuevas Reglas

Pensar que un candidato es mejor o peor sólo porque resulta más o menos llamativo a los medios de comunicación, a ciertos grupos poblacionales, a los círculos de poder, pareciera injusto. Pues bueno, la vida no es justa. En sus últimas líneas, Umberto Eco nos advierte con un guiño que parece enorme broma “si quieres ganar, tienes que concentrarte en un solo objetivo, y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reservado a los perdedores”, y el gran erudito de nuestro tiempo parece jugar porque él era un ganador, pero estaba rodeado –al final todos lo estamos- de otros que por concentrados ignoran todo lo demás, pero en lo que hacen son muy buenos.

Cierto quisiéramos un candidato que fuera atractivo a los electores, pero inteligente, preparado, multifacético, honesto, virtuoso, sensible, y así, pero lo cierto es que, cualquiera de ellos no podría con la política actual, dedicada a una ralea de salvajes caníbales dispuestos a cualquier porquería con tal de lograr el voto popular. Entregan así un discurso corto, predigerido, para las masas, que apenas contiene entre uno y tres puntos sustanciales, pero eso sí, está lleno de diatribas contra sus adversarios y adulaciones a sus partidarios. Los populares no son intelectuales llenos de propuestas, sino sujetos que apenas tararean un estribillo pegajoso, diseñado para que la gente lo repita ad náuseam. Los populares no son los sujetos sensibles que pedimos en cualquier gobernante, sino camorreros que buscan apabullar a quienes disienten con su evangelio.

En la era de la información, los buenos candidatos son quienes menos información ofrecen, quienes juegan con los sentimientos de la población cual suripantas envueltas en perfume de gardenias o cualquiera otra cursilería. Los buenos candidatos ganan elecciones y destruyen naciones, desfalcan al erario, anhelan el pasado autoritario en que los eruditos eran perseguidos por ser quienes podían establecer una crítica cierta e indispensable porque, parafraseo al clásico: cuando las mentiras son tan grandes, tan frecuentes, tan extendidas, la verdad debe ser contundente.

Y la verdad es que los mejores candidatos son quienes no debieran serlo.

Por lo pronto, falta cada vez menos para que PRD-PSD, PAN-MC, PRI-PNA, Morena-PT-PES, PVEM, y Humanista, definan a quienes serán sus abanderados los cargos de elección popular locales, es una oportunidad que podrían aprovechar ofrecer algo distinto a los electores. Alguien que no fuera sólo un ganador. Pero su compromiso con el estado, con el país, con el futuro, no llega a tanto. Pobres partidos esclavos del presente.


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