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Nícola Tesla en Morelos

  • Reivindicando a Plutón

Tesla fue una de esas personas de las que sólo hay una en un millón. De origen humilde, Nícola Tesla desarrolló desde muy pequeño una pasión insaciable por la ciencia. Su curiosidad lo llevó a nutrir esa pasión, que nace de la curiosidad, con una férrea disciplina de trabajo y a orientarla con la convicción de que el conocimiento que no sirve a la humanidad no sirve para nada.

Formado como ingeniero eléctrico a finales del siglo XIX, Nícola Tesla se mudó de Europa oriental a Nueva York con la finalidad de trabajar para Thomas Alva Edison, el más importante tecnólogo de la época. Por una serie de desavenencias, Tesla abandona el empleo y comienza a trabajar para uno de los hombres más ricos del mundo, George Westinghouse.

Tesla estaba convencido que la electricidad iba a cambiar al mundo y que para que esto sucediera tenían que darse dos condiciones previas: primero que fuera de acceso general y después que fuera de acceso gratuito. Lo primero lo resolvió desarrollando un sistema de electrificación basado en corriente alterna la cual permite que la electricidad pueda viajar grandes distancias, miles de kilómetros, a través de cables y sin perder su potencia. Esta tecnología es la base de la actual red de electrificación que alimenta todos y cada uno de los hogares del planeta.

Sin embargo, su verdadero sueño era que la electricidad no viajara por cables. Los cables son caros y alguien debe pagar por ellos, por lo que el negocio era prácticamente inevitable. La visión de Tesla era que la corriente eléctrica viajara por el aire y que mediante una increíble red de rayos artificiales se alimentaran, no solamente todos los hogares e industrias, sino también transporte colectivo eléctrico. Todo esto de acceso libre y gratuito.

Después de realizar una serie de exitosos prototipos de pequeña escala, Tesla convence a un grupo de inversionistas a financiar la construcción de una torre de emisión de electricidad de 57 metros de altura (equivalente a un edificio de 10 pisos) coronado con una cúpula de cobre de 21 metros de diámetro desde la cual se podrían transmitir no solo electricidad sino también datos. El proyecto original, llamado Torre Wardenclyffe, comenzó a construirse en 1901 bajo la más estricta confidencialidad. En el diseño original la energía provenía de la quema de carbón con lo que se alimentaría un generador de corriente alterna con capacidad de 200 kilowatts, aunque la visión de Tesla preveía que la corriente se generara en la primera hidroeléctrica del mundo, también diseñada por él, en las cataratas del Niágara. En pocas palabras, energía renovable, gratuita y de acceso libre.

El alto costo del proyecto, aunado a los avances de sus competidores como Marconi, quien logró transmitir el primer mensaje inalámbrico intercontinental y también, por qué no decirlo, al ataque de su rival y anterior jefe Edison, quien comenzó una feroz campaña de desprestigio contra la corriente alterna llamada la Guerra de las Corrientes.

Esta Guerra ocasionó que numerosos animales fueran electrocutados como demostración llegando al desafortunado extremo de inventar la silla eléctrica para demostrar que la corriente alterna era mortal para el humano.

Como siempre en la ciencia la verdad prevaleció y quien cayó al final en desprestigio fue Edison, pero le costó a Tesla la quiebra y la destrucción del proyecto Wardenclyffe.

Tesla fue un visionario, un hombre extraordinario y los morelenses tendremos la oportunidad de conocer más de él y de su trabajo en la exposición “Nícola Tesla, el futuro me pertenece” desde esta semana y hasta mediados de febrero en el Centro Cultural El Amate, dentro del Parque Ecológico Chapultepec en Cuernavaca. No se la pierdan.

Para mayor información y para otros temas los invito a conocer mi blog http://reivindicandoapluton.blogspot.mx