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Matices de un acuerdo anunciado

  • Entre dos tierras

Hace un par de semanas opinamos sobre los 100 días de Trump como presidente de los Estados Unidos y destacábamos, entre otras cosas, los avances del proceso de actualización, renegociación o modernización del TLCAN.

Con la reciente designación de Robert Lighthizer como representante comercial de los EU, algunas voces consideran que las mesas de negociación comenzarán en agosto, una vez que hayan aprobado el presupuesto 2017 y se realice la notificación de revisión formal del tratado ante el Congreso.

El Gobierno de la República, en voz de los titulares de Relaciones Exteriores y de Economía, anunció encontrarse listo y fortalecido con el acompañamiento del sector privado; sin embargo, reconocen que no será un proceso sencillo.

Para asistir a los funcionarios del Gobierno y de la IP se ha conformado el “cuarto de al lado”, integrado por asesores del CCE, Consejo Mexicano de Negocios y COMCE; pero también estarán presentes los denominados “padres del TLCAN”: Herminio Blanco, Jaime Serra Puche, Luis de la Calle, Jaime Zabludovsky y Francisco Rosenzweig.

Hasta ahora, se sabe que buscarán sostener una negociación trilateral y un ganar-ganar-ganar. La prioridad para México es mantener el acceso preferencial de los productos manufactureros. Sin embargo, EU quiere mesas bilaterales y sobre todo ajustar las reglas sobre el origen nacional, para evitar los componentes chinos de las exportaciones manufactureras.

Al respecto, la industria mexicana de autopartesfijó postura sobre algunas áreas necesarias de revisión: importaciones chinas, piratería, tramitología, y los impuestos a la importación, entre otros.

Por su parte, el titular de la Sagarpa, José Calzada Rovirosa, declaró recientemente que en el TLCAN “no hay un tema prioritario o trascendente que pudiese en este momento sobresalir en la agenda… la intención es que se mantengan las condiciones como hasta ahora” (El Universal, 7 de mayo de 2017).

Ante este escenario se identifican desde ahora algunos matices de lo que parecen ser los contenidos de acuerdo anunciado.

Por un lado, es evidente que la participación de “los padres del TLCAN” y del sector privado anuncia la defensa pro-maquiladora y de las ventajas comparativas del país; así como los intereses económicos de los enclaves productivos representados por las empresas altamente exportadoras.

La visión hacia el campo es preocupante. Anuncia apoyo total únicamente para los agroexportadores y se mantiene en el olvido lo que sucedió con movimiento “El campo no aguanta más” y los compromisos del Acuerdo Nacional para el Campo, donde se reclamaba, entre muchas otras cosas, justamente la renegociación del TLCAN por múltiples razones.

Finalmente, y a pocos meses de iniciarse las negociaciones, parece anunciada la falta de consulta con la sociedad y la ausencia de las organizaciones sociales, campesinas y académicas. No sorprende la ausencia de la clase política, que durante meses ha vociferado por la dignidad y la soberanía nacional, pero hasta el momento no ha presentado ninguna propuesta seria de lo que debería ser el futuro del TLCAN.

Uno de los grandes paradigmas de las últimas tres décadas y razón explicativa de buena parte de lo que hoy es México, es precisamente el TLCAN. Debemos reconocer su justa dimensión.

Sería un error histórico estar ajenos a este proceso. Es necesario ser parte del desarrollo que surgirá con este nuevo TLCAN y que sin duda marcará a las próximas generaciones.

Twitter: @CzarArenas