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Economía encasillada

  • Entre dos tierras

La actual posición sobre la política monetaria del Banco de México que comentamos en este espacio la semana pasada, busca reforzar el “anclaje” de la economía para alcanzar los objetivos de estabilidad macroeconómica.

El proceso se inicia con una restricción monetaria que eleva el nivel de las tasas de interés de corto plazo, con la finalidad de afectar la demanda agregada que termina por reducir la inversión, la producción, el empleo, el ingreso y, finalmente, la inflación.

Con el alza de las tasas de interés se vuelve atractiva la inversión en activos financieros domésticos, en especial los bonos gubernamentales más que las acciones, lo cual aumenta el flujo de capitales y aprecia aún más el tipo de cambio; causando una disminución en la demanda que termina por reducir el precio de estas últimas, provocando una merma en las posibilidades de acceso al crédito e inversión.

Miles de millones de dólares que se encuentran en la caza de ganacias rápidas por la vía de activos financieros inducen una apreciación del tipo de cambio que si bien hacen recuperar al peso se afecta la demanda agregada, a través del encarecimiento de las exportaciones.

Por el lado de las importaciones, la corriente ortodoxa señala que una apreciación del tipo de cambio es benéfica debido a que las empresas pueden importar insumos más baratos, permitiendo una reducción importante de sus costos, lo cual implica una reducción inflacionaria vía oferta agregada. Sin embargo, los resultados sobre la economía en general no son benéficos ya que no toda la economía se encuentra integrada al sector exportador.

Además de las tasas de interés, el crédito, el tipo de cambio y el precio de los activos, otro importante canal de transmisión que resulta afectado con la inducción de la política monetaria es el de las expectativas inflacionarias, debido a que los ingresos y costos futuros son integrados a partir de estimaciones sobre el comportamiento de las tasas en el corto plazo; siendo esta, otra vía de reducción inflacionaria por el lado de la oferta agregada.

En esta ocasión, con la determinación de una tasa de fondeo al alza se da prioridad a la estabilidad financiera a fin de evitar la salida de los capitales externos, con lo cual también se fortalece el tipo de cambio. No obstante, como lo señalamos en líneas anteriores ello implica restar competitividad al sector externo de la economía, en un contexto donde el rezago aumenta paulatinamente en relación con nuestros principales competidores.

La decisión de aumentar la tasa de interes se ubica en la lógica del enfoque inflacionario de metas multianuales de inflación, en este sentido el Banco de México toma una decisión correcta pero en un marco teorico ortodoxo.

Las decisiones de política monetaria deben dejar de lado la ortodoxia para enfrentar la política fiscal que entrará en vigor este año en los Estados Unidos, y donde se vislumbra una afectación de la inversión externa directa en el país. El problema es que nuevamente se pone en marcha un freno a la economía real, en perjuicio de las familias y pequeñas empresas; el problema es que otra vez se encasilla a la economía para evitar la “inestabilidad”.


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