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Cuando las redes (con) movieron a México

  • De Puño y Letra

Poco más de un lustro después del sismo de 1985, Salvador Garcini produjo en 1991, un espectáculo teatral auspiciado por IMER, que intituló “Cuando la radio (con) movió a México”. Lo hizo a manera de historia y homenaje a la época de oro del invento de Marconi, elemento fundamental como el medio de comunicación de masas más efectivo. Hasta ahora.

La radio venía del boom de mediados de los 80´s, impulsado por su reposicionamiento como elemento de cohesión y difusión, por encima de la televisión, que le había ganado terreno desde los sesentas. Y fue a raíz del terremoto del primer 19 de septiembre que las ondas hertzianas fueron “re descubiertas” por la audiencia y las grandes figuras del periodismo, que volvieron a posicionarse en el gusto del público: Pedro Ferriz de Con, José Gutiérrez Vivo, Nino Canún, Guillermo Ochoa y otros más. Como Jacobo Zabludovsky, único periodista, que contaba con un teléfono en su automóvil, y que logró realizar una única y especial narración de lo que veía a su paso mientras atravesaba la capital mexicana. Su relato, se convirtió en una referencia de los primeros momentos tras el terremoto. El sismo derribó las torres de transmisión de varios canales de televisión, que no pudieron transmitir durante cinco horas, y de estaciones radiales. Pero Zabludovsky logró salir al aire a través de la radio XEW. “Temo que los efectos del temblor hayan sido muy superiores a los que pudimos calcular”, dice al principio de su comentario. “Daremos la información con calma, sin ningún alarmismo, pero sin ocultar los efectos de este temblor”, explicó y narró.

Y es que luego de probar su eficacia, cobertura y penetración, volvimos a decir “¡Imagínese! Lo vi en la radio” pues las narraciones, crónicas y coberturas más amplias, directas y emotivas de la tragedia de hace 32 años provinieron de los micrófonos de las emisoras que no colapsaron y claro, de las frecuencias de la banda civil (CB), plataforma hasta entonces menospreciada y delimitada para chóferes de tráiler, taxistas y radio aficionados. Pero fueron ellos los que hicieron correr la noticia de la catástrofe, de dónde hacía falta ayuda y de la inamovilidad de las autoridades de entonces. Renacía la solidaridad (que hábilmente Carlos Salinas de Gortari convirtió en su programa asistencial estrella) y la sociedad desorganizada pero entusiasta transformó en protección civil.

Tres décadas después ya no fueron Lola la Trailera ni los protagonistas de “Dos mujeres y un camino” los que vincularon a los mexicanos afectados por el segundo mega sismo de septiembre de 2017, el de 7.1 grados que tuvo su epicentro en Axochiapan. Ante la caída de las comunicaciones telefónicas, fueron las redes sociales y los servicios de mensajería (WhatsApp, Twitter, textos vía Messenger) los que dimensionaron la devastación del movimiento telúrico convertido en la tragedia más grande de la historia de nuestro joven estado.

En 140 caracteres, usando emojis y el código de redacción que abusa de la K, la q y las abreviaturas, los millennials salieron de su marasmo y contagiaron al resto de la población a salir a las calles, venciendo el miedo a ayudar, a sumarse a ubicar rutas, hospitales, desaparecidos y muertos. Circularon fotografías, gráficos, vínculos a cuerpos de emergencia, brigadas de rescatistas, acopio de víveres y testimonios de sobrevivientes, sus salvadores o reportes de afectaciones.

Hubo incluso quien salvó la vida enviando una selfie y su geolocalización para ser hallado. Pero así como se esparció lo bueno, lo urgente, lo esperanzador, se comenzaron a viralizar rumores, fake news, campañas negras, de desprestigio, versiones de que “venía otro sismo más destructor” para una fecha y hora determinadas o que los daños eran mayores en tal estado, municipio o colonia. El colmo del error, pifia y ridículo vino de la supuesta niña Frida Sofía, que no existió, pero que en cambio evidenció la corrupción del colegio Enrique Rébsamen de la Ciudad de México, que le costó la vida a 19 menores, hacer el ridículo a Televisa y salpicar a la Marina. La otra Frida, la rescatista del binomio de la misma Armada de México, es ahora héroe nacional y símbolo de la fuerza y resiliencia nacionales.

Acciones, hazañas, pérdidas, fueron magnificadas por las plataformas web, los teléfonos inteligentes, los dispositivos móviles y demás artilugios tecnológicos. Ahí también se percibió, como en las calles, entre los escombros y las zonas de desastre, lo mejor y lo peor de las personas. Ahí se denunciaron las faltas de respuesta, los saqueos y agandalles de vivales, pero al mismo tiempo, la vocación de servicio de las fuerzas armadas, voluntarios, especialistas y familias enteras que lo perdieron y lo dieron todo.

Luego de tres semanas, no he visto memes del sismo. Sí han comenzado a aparecer algunas viñetas, algunas dosis de humor sobre lo que vivimos y sobrevivimos, pero el respeto ha sido la constante. No así contra los políticos oportunistas, omisos o simuladores. Esos han quedad exhibidos. Y es que el dolor e impacto han sido enormes, casi del tamaño del corazón que les estamos poniendo para salir adelante. Pero la tregua que nos dio la fuerza destructora de la naturaleza ha ido cediendo paso en la búsqueda de la nueva normalidad a la que deberemos acostumbrarnos: ha regresado el futbol, se organizó un mega concierto en el zócalo de la CDMX y ahora vamos rumbo a la etapa de reconstrucción, que tardará lo suyo. El regreso a clases ha sido lento y gradual, pero más ágil que lo que llevará reconstruir el patrimonio cultural tan dañado por el temblor. En esto, como en todo, la clave es la unidad.

El mal humor social es ahora un estado de azoro, duelo y rutinas taciturnas. Ni los acontecimientos de un dólar otra vez caro, un TLC que está cerca de caerse, el famoso Frente Amplio o la renuncia de Margarita Zavala al PAN mueven a la sociedad a sacudirse el impacto que nos recordó que somos simples mortales. Los de siempre, esos sí, están atentos a ver qué pasa con las candidaturas independientes.

Ahora es más palpable que nunca el desencanto hacia Cuauhtémoc Blanco y lo que representa. No tiene ni arraigo ni compromiso con la ciudad ni el estado; sólo dice que no hay dinero para nada, que ya dejemos de tratar de entrevistarlo y ha preferido irse a jugar futbol a donde lo inviten, (que ha sido siempre lo suyo) que estar en la ciudad que simula gobernar. La gente no olvida que está ausente, ajeno, carente de empatía, de vinculación con los sectores sociales, falto de proyecto y de capacidad de acción y respuesta. En el recuento de los daños, Cuau es sin duda otro damnificado del sismo, pero no por lástima, sino porque perdió la oportunidad de ser un verdadero líder. En contra parte, con todo y las críticas, ataques y campañas en su contra, Graco ha mostrado capacidad de respuesta, de organización y ejecución ante el mayor reto de su gobierno. La historia juzgará.

En octubre de 1985, esto escribía Octavio Paz sobre lo que seguía (y sigue) luego del terremoto: “De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable asimismo que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el Gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El Gobierno no es una fortaleza, sino un lugar de encuentro. No pido que abdique de su autoridad, sino que la comparta, que sea más atento y sensible a las voces de los que están fuera. El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?”.

Hasta la próxima entrega, donde podrán seguir leyendo lo que hay en mi mente.

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