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2017, cuando el problema fue la burocracia

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Concluye el 2017 como uno de los años más difíciles en la historia de Morelos. El desastre del sismo del 19 de septiembre fue para muchos el más grave, pero no el único de los sobresaltos que se vivieron en 12 meses de lamentos en lo político, lo económico y lo social.

De hecho, el terremoto de septiembre podría hasta calificarse como una desgracia coyuntural en tanto los desastres naturales están fuera del control humano. En este sentido, los otros sobresaltos, los que pudimos evitar, debieran ser los más angustiantes.

El primero al que debemos afrontar, pese a la centralidad que parece tener en los discursos político y mediático el enjambre de problemas de seguridad pública, es el capítulo económico. Si hay algo que nos demostró el 2017, es que el modelo de gobierno patrón de élites burocráticas presuntamente especializadas, resulta insostenible bajo las condiciones económicas actuales. La escasísima productividad que presenta cualquier modelo de gobierno (no fueron concebidos en esa lógica), vuelve sumamente riesgoso el crecimiento de las instancias burocráticas, por muy especializadas y justas que pudieran resultar. Mucho más cuando se tiene un sector privado cuyas contribuciones alcanzan menos del 50 por ciento de lo que debieran aportar, en gran medida por la informalidad en que se produce la mayoría de las transacciones.

Adelgazar el gobierno y a los organismos descentralizados e instituciones públicas; regularizar la economía; y fomentar el outsourcing de muchos de los servicios para los que ahora el gobierno mantiene enormes oficinas con escasísimos resultados, podría ser una buena forma de comenzar el año; pero también parece la única manera de garantizar la viabilidad de los gobiernos y las instituciones. Si hacemos un resumen rápido, veremos que la mayor parte de los conflictos económicos y laborales de este ciclo han sido de origen burocrático-gubernamental; maestros, universitarios, trabajadores municipales, médicos del sector salud, empleados del Congreso. El gobierno no tiene recursos para enfrentar los compromisos con los burócratas que ha hecho crecer en número, salarios y exigencias. No se trata, hasta donde todo apunta, de un problema del gobernador, o de su Hacienda, podemos remitirlo a un asunto estructural que se vuelve insostenible a todas luces.

El problema económico se vuelve político, pero cualquiera que diga que eliminando reformas, que metiendo a la cárcel a presuntos corruptos, que recortando un poco el sueldo a los altos funcionarios públicos, se puede revertir el problema, miente. El problema económico de todos los niveles de gobierno debe resolverse por la vía económica. Todos los trabajadores al servicio del estado deben justificar financieramente su utilidad; los maestros deben formar empresarios y trabajadores honestos que contribuyan al crecimiento del estado; los médicos deben procurar el, fomento a la salud y reorientar su práctica para que sea menos onerosa; y así, de otra forma, la viabilidad de todas las instituciones se comprometerá cada vez más.

Es bueno comenzar con el nuevo ejercicio fiscal.

Twitter: @martinellito
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