/ martes 30 de marzo de 2021

¿Y luego, Cuauh?

Mucho más relevantes que las promesas, creíbles o no, del gobernador Cuauhtémoc Blanco de no meterse en el proceso electoral cuyo clímax será el domingo 6 de junio, resultan las declaraciones con las que, muy a su estilo, se mete de lleno en el mismo proceso electoral. El gobernador de Morelos asegura que hay “muchos” (así de indefinido) “narcopolíticos”, término que se usa comúnmente para referirse a quienes son impulsados por grupos de la delincuencia organizada para ocupar cargos públicos, que están concursando por espacios de elección popular. Mucho más que eso, el gobernador asegura que desde el gobierno estatal “los tenemos identificados”, pero también advierte que “la gente los conoce” y pide denunciarlos.

Como muchas otras piezas de la oratoria del gobernador de Morelos, ésta no tiene desperdicio y opaca con mucho a la acusación al “otro cabrón que metió casi 600 millones a la campaña de su hijastro”, proferida en el mismo hilo de chacaleo. Resulta interesante porque, de ser cierta, el gobierno de Morelos tendría una inteligencia precisa de una o varias urdimbres de grupos criminales que estuvieran impulsando candidaturas, y aún con ello no ha sido capaz de aterrizar esa inteligencia en denuncias que tendría que hacer el Ejecutivo al tener conocimiento claro y preciso (como presume el gobernador) de algún delito. Aún más es el hecho de hacerse a un lado de cualquier responsabilidad y advertir que “la gente” es decir, ese abstracto que puede significar algunos o todos los ciudadanos, también conoce quiénes son esos “narcopolíticos”, y pedir que sea la propia gente la que denuncie esas conductas. Como si los ciudadanos comunes no estuvieran lo bastante aterrados por la ola de inseguridad que parece siempre ir más rápido que el gobierno a cualquier sitio, como para andar denunciando cosas que el gobernador dice que saben pero ni el propio gobierno ha sido capaz de procesar jurídicamente.

Hace unos días, el gobierno federal anunció un blindaje del proceso electoral para evitar la intromisión de la delincuencia organizada y ubicó a Morelos en riesgo de violencia política y penetración del crimen organizado en los comicios con la posibilidad de penetración de la delincuencia en la integración de los órganos de gobierno. Parte de la inteligencia federal debe ser similar a la local, pero aparentemente no lo podremos saber porque resulta evidente que ni el gobierno estatal ni el federal han hecho las denuncias pertinentes. Parecería que el tema permite extender la conveniente categorización que usan Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Blanco, en que existen los buenos (siempre creen ser ellos) y los malos; y los malos no sólo son ya quienes representan al antiguo régimen prianistas en el caso del presidente y graquistas en el caso del gobernador; sino ahora también los narcopolíticos que el gobernador y el indefinido “gente”, saben quiénes son.

No se trata de negar la posibilidad de que en un estado como Morelos haya penetración de la delincuencia en las estructuras de poder, asunto del que hay indicios públicos; el problema está, en todo caso, en que quienes presumen tener la información en el propio gobierno decidieron omitir las denuncias.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Mucho más relevantes que las promesas, creíbles o no, del gobernador Cuauhtémoc Blanco de no meterse en el proceso electoral cuyo clímax será el domingo 6 de junio, resultan las declaraciones con las que, muy a su estilo, se mete de lleno en el mismo proceso electoral. El gobernador de Morelos asegura que hay “muchos” (así de indefinido) “narcopolíticos”, término que se usa comúnmente para referirse a quienes son impulsados por grupos de la delincuencia organizada para ocupar cargos públicos, que están concursando por espacios de elección popular. Mucho más que eso, el gobernador asegura que desde el gobierno estatal “los tenemos identificados”, pero también advierte que “la gente los conoce” y pide denunciarlos.

Como muchas otras piezas de la oratoria del gobernador de Morelos, ésta no tiene desperdicio y opaca con mucho a la acusación al “otro cabrón que metió casi 600 millones a la campaña de su hijastro”, proferida en el mismo hilo de chacaleo. Resulta interesante porque, de ser cierta, el gobierno de Morelos tendría una inteligencia precisa de una o varias urdimbres de grupos criminales que estuvieran impulsando candidaturas, y aún con ello no ha sido capaz de aterrizar esa inteligencia en denuncias que tendría que hacer el Ejecutivo al tener conocimiento claro y preciso (como presume el gobernador) de algún delito. Aún más es el hecho de hacerse a un lado de cualquier responsabilidad y advertir que “la gente” es decir, ese abstracto que puede significar algunos o todos los ciudadanos, también conoce quiénes son esos “narcopolíticos”, y pedir que sea la propia gente la que denuncie esas conductas. Como si los ciudadanos comunes no estuvieran lo bastante aterrados por la ola de inseguridad que parece siempre ir más rápido que el gobierno a cualquier sitio, como para andar denunciando cosas que el gobernador dice que saben pero ni el propio gobierno ha sido capaz de procesar jurídicamente.

Hace unos días, el gobierno federal anunció un blindaje del proceso electoral para evitar la intromisión de la delincuencia organizada y ubicó a Morelos en riesgo de violencia política y penetración del crimen organizado en los comicios con la posibilidad de penetración de la delincuencia en la integración de los órganos de gobierno. Parte de la inteligencia federal debe ser similar a la local, pero aparentemente no lo podremos saber porque resulta evidente que ni el gobierno estatal ni el federal han hecho las denuncias pertinentes. Parecería que el tema permite extender la conveniente categorización que usan Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Blanco, en que existen los buenos (siempre creen ser ellos) y los malos; y los malos no sólo son ya quienes representan al antiguo régimen prianistas en el caso del presidente y graquistas en el caso del gobernador; sino ahora también los narcopolíticos que el gobernador y el indefinido “gente”, saben quiénes son.

No se trata de negar la posibilidad de que en un estado como Morelos haya penetración de la delincuencia en las estructuras de poder, asunto del que hay indicios públicos; el problema está, en todo caso, en que quienes presumen tener la información en el propio gobierno decidieron omitir las denuncias.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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