/ miércoles 29 de mayo de 2024

Intelectuales rebeldes buscan recuperar privilegios

Más de 200 miembros de la “comunidad cultural” manifestaron su apoyo político a Xóchitl Gálvez como candidata a la Presidencia de la República. En un lujoso salón de la UNAM, se congregaron personajes de diverso linaje: desde antiguos funcionarios del régimen priísta hasta viejos representantes de la izquierda hoy convertidos en tamborileros prianistas.

El evento tuvo lugar un día después del tercer debate presidencial, en el cual se pusieron en evidencia las carencias conceptuales de la aspirante prianista. Los principales dirigentes de la “comunidad cultural” son Héctor Aguilar Camín, del grupo “Nexos”, y Enrique Krauze, prolífico historiador que dirige la editorial “Letras Libres”. Ambos personajes funcionan como “capos” –así los llamó Roger Bartra- que lideran capillas de escritores en busca de oportunidades literarias bajo su sombra. Esos “capos” han tenido siempre el apoyo político de sus seguidores, de los “abajo firmantes” que aplauden sus manifiestos y están a sus órdenes.

Uno de los rasgos más destacados de este grupo de intelectuales es su avanzada edad. Prácticamente no hay escritores, pintores o cineastas de la nueva generación entre sus filas. Casi todos pelearon sus más fieras batallas en el siglo XX, principalmente en la época del 68, del portillismo, del salinismo y de los gobiernos panistas de la docena trágica.

En la pradera de esa cultura –siempre bajo el estricto control de los “capos”-- no han crecido brotes ni expresiones nuevas en materia de arte, de poesía, de la ciencia o la historia. En sus filas no han tenido relevo generacional. Son intelectuales funcionales del antiguo régimen, acostumbrados a la buena vida y el disfrute de sus glorias pasadas. Esencialmente, son capillas de privilegiados que se hoy se unifican en el intento por recuperar sus canonjías.

En varias entrevistas con medios de comunicación social, el “capo” Aguilar Camín ha expresado con claridad los motivos de la “comunidad cultural” para participar en la actual campaña electoral con la candidata prianista. Ha subrayado que su comunidad necesita que el gobierno les “devuelva la atención, el cuidado y hasta los apapachos” de que gozó en épocas anteriores.

Los gobiernos de antes –aseveró—trataban a los intelectuales y a la cultura con generosidad para crear sus obras, y lo hacían en medio de un clima de libertad, sin condicionamientos. También aseguró que hoy el gobierno ya no los trata bien, o les condiciona los apoyos, tanto así que incluso el gobierno obradorista otorga dádivas al pueblo en forma de programas sociales para condicionar su voto.

Para efectos prácticos, las palabras “atención, cuidado y apapachos..” del gobierno siempre les han significado dinero, poder y lisonjas. Tanto Aguilar Camín como Enrique Krauze desplegaron sus carreras literarias en estrecha cercanía con el gobierno desde los años 80, cuando los neoliberales se apoderaron del país. Aguilar Camín se acercó a Salinas en busca del “apapacho” y recibió toda clase de facilidades para dinamizar sus proyectos. Básicamente realizó un intercambio político con el dueño del poder: recibió dinero y atención personalizada, a cambio de limpiar y embellecer el rostro del salinato.

Los contratos que recibieron de ese gobierno fueron muy jugosos, con montos de decenas de millones de pesos, e incluían no solo tareas editoriales, sino trabajos de investigación sobre diversos problemas sociales, en especial sobre la educación. Aguilar Camín acostumbraba enviar cartas a Salinas explicando detalles de los trabajos asignados a su equipo. Adjuntaba las facturas, y a la vuelta recibía los depósitos millonarios del gobierno.

La función que desempeñaron fue adornar los proyectos, maquillar el origen fraudulento de ese gobierno, ocultar la explotación del pueblo trabajador y la entrega de los recursos nacionales (la banca, la compañía telefónica, las minas) a la oligarquía financiera nacional y extranjera. Nunca elevó su voz de protesta. Para el grupo bajo su mando, México se deslizaba suavemente hacia el primer mundo, según la versión edulcorada que hicieron circular.

El alzamiento zapatista de 1994 los devolvió a la realidad, les indicó que las cosas no marchaban bien. Luego vinieron los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, y se pusieron al descubierto la montaña de mentiras y simulación en que habían mantenido a la población. Salinas se hundió en el descrédito que hasta la fecha lo acompaña.

Enrique Krauze, por su lado, también prestó “valiosos” servicios al poder. Uno de sus primeros logros fue etiquetar como “Mesías tropical” a López Obrador, cuando el PRD era un partido combativo que operaba bajo su dirigencia política. Posteriormente Krauze coordinó la “Operación Berlín”, conjunto de videos publicitarios donde se pretendió hacer un relato del “populismo latinoamericano” en el cual se incluía a Fidel Castro, Hugo Chávez y otros demonios creados por la inteligencia política de USA para consumo de nuestros pueblos. Esa operación de propaganda negra pretendió impedir a toda costa que el actual presidente López Obrador, llegara al poder en la elección del 2006. En esa ocasión lo consiguieron usando además un fraude colosal.

A partir de 2018 los miembros de la “comunidad cultural” han estado en ayunas de palmaditas y apapachos. Hoy se la juegan del lado equivocado de la historia. Claro: en la izquierda nadie los aceptaría. Por eso se reagrupan, buscan la protección de la UNAM y se lanzan a ver si alcanzan una orillita, haciendo ruido para ver si alguien del bando vencedor se acuerda de ellos y los llama para festejar la victoria popular del próximo 2 de junio. Lo más probable es que sigan en la banca por lo menos otros 6 años.

En contraparte, el 23 de mayo, más de 900 artistas –hoy ese número se eleva a 1 mil 700-- académicos e intelectuales publicaron un manifiesto en apoyo de Claudia Sheinbaum, donde subrayaron que el programa de gobierno de la izquierda incluye la democracia, el bienestar y el incremento de la cultura, así como la prosperidad compartida. En ese acto, uno de los oradores expresó su crítica a los planteamientos de los “oligarcamines” en referencia directa a las declaraciones del mencionado “capo”.

En este grupo destacan Juan Ramón de la Fuente, exrector de la UNAM; Lorenzo Meyer, uno de los historiadores con mayor prestigio en el país; Elena Poniatowska, escritora mexicana muy galardonada de origen polaco; Violeta Vázquez Rojas y centenares de miembros de la academia, las artes plásticas, la ciencia y la cultura en general.

De este modo, los integrantes de dos conceptos diferentes y contrapuestos del mundo y de la política velan sus armas en espera de la confrontación del 2 de junio. El pueblo de México elegirá su destino.

Más de 200 miembros de la “comunidad cultural” manifestaron su apoyo político a Xóchitl Gálvez como candidata a la Presidencia de la República. En un lujoso salón de la UNAM, se congregaron personajes de diverso linaje: desde antiguos funcionarios del régimen priísta hasta viejos representantes de la izquierda hoy convertidos en tamborileros prianistas.

El evento tuvo lugar un día después del tercer debate presidencial, en el cual se pusieron en evidencia las carencias conceptuales de la aspirante prianista. Los principales dirigentes de la “comunidad cultural” son Héctor Aguilar Camín, del grupo “Nexos”, y Enrique Krauze, prolífico historiador que dirige la editorial “Letras Libres”. Ambos personajes funcionan como “capos” –así los llamó Roger Bartra- que lideran capillas de escritores en busca de oportunidades literarias bajo su sombra. Esos “capos” han tenido siempre el apoyo político de sus seguidores, de los “abajo firmantes” que aplauden sus manifiestos y están a sus órdenes.

Uno de los rasgos más destacados de este grupo de intelectuales es su avanzada edad. Prácticamente no hay escritores, pintores o cineastas de la nueva generación entre sus filas. Casi todos pelearon sus más fieras batallas en el siglo XX, principalmente en la época del 68, del portillismo, del salinismo y de los gobiernos panistas de la docena trágica.

En la pradera de esa cultura –siempre bajo el estricto control de los “capos”-- no han crecido brotes ni expresiones nuevas en materia de arte, de poesía, de la ciencia o la historia. En sus filas no han tenido relevo generacional. Son intelectuales funcionales del antiguo régimen, acostumbrados a la buena vida y el disfrute de sus glorias pasadas. Esencialmente, son capillas de privilegiados que se hoy se unifican en el intento por recuperar sus canonjías.

En varias entrevistas con medios de comunicación social, el “capo” Aguilar Camín ha expresado con claridad los motivos de la “comunidad cultural” para participar en la actual campaña electoral con la candidata prianista. Ha subrayado que su comunidad necesita que el gobierno les “devuelva la atención, el cuidado y hasta los apapachos” de que gozó en épocas anteriores.

Los gobiernos de antes –aseveró—trataban a los intelectuales y a la cultura con generosidad para crear sus obras, y lo hacían en medio de un clima de libertad, sin condicionamientos. También aseguró que hoy el gobierno ya no los trata bien, o les condiciona los apoyos, tanto así que incluso el gobierno obradorista otorga dádivas al pueblo en forma de programas sociales para condicionar su voto.

Para efectos prácticos, las palabras “atención, cuidado y apapachos..” del gobierno siempre les han significado dinero, poder y lisonjas. Tanto Aguilar Camín como Enrique Krauze desplegaron sus carreras literarias en estrecha cercanía con el gobierno desde los años 80, cuando los neoliberales se apoderaron del país. Aguilar Camín se acercó a Salinas en busca del “apapacho” y recibió toda clase de facilidades para dinamizar sus proyectos. Básicamente realizó un intercambio político con el dueño del poder: recibió dinero y atención personalizada, a cambio de limpiar y embellecer el rostro del salinato.

Los contratos que recibieron de ese gobierno fueron muy jugosos, con montos de decenas de millones de pesos, e incluían no solo tareas editoriales, sino trabajos de investigación sobre diversos problemas sociales, en especial sobre la educación. Aguilar Camín acostumbraba enviar cartas a Salinas explicando detalles de los trabajos asignados a su equipo. Adjuntaba las facturas, y a la vuelta recibía los depósitos millonarios del gobierno.

La función que desempeñaron fue adornar los proyectos, maquillar el origen fraudulento de ese gobierno, ocultar la explotación del pueblo trabajador y la entrega de los recursos nacionales (la banca, la compañía telefónica, las minas) a la oligarquía financiera nacional y extranjera. Nunca elevó su voz de protesta. Para el grupo bajo su mando, México se deslizaba suavemente hacia el primer mundo, según la versión edulcorada que hicieron circular.

El alzamiento zapatista de 1994 los devolvió a la realidad, les indicó que las cosas no marchaban bien. Luego vinieron los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, y se pusieron al descubierto la montaña de mentiras y simulación en que habían mantenido a la población. Salinas se hundió en el descrédito que hasta la fecha lo acompaña.

Enrique Krauze, por su lado, también prestó “valiosos” servicios al poder. Uno de sus primeros logros fue etiquetar como “Mesías tropical” a López Obrador, cuando el PRD era un partido combativo que operaba bajo su dirigencia política. Posteriormente Krauze coordinó la “Operación Berlín”, conjunto de videos publicitarios donde se pretendió hacer un relato del “populismo latinoamericano” en el cual se incluía a Fidel Castro, Hugo Chávez y otros demonios creados por la inteligencia política de USA para consumo de nuestros pueblos. Esa operación de propaganda negra pretendió impedir a toda costa que el actual presidente López Obrador, llegara al poder en la elección del 2006. En esa ocasión lo consiguieron usando además un fraude colosal.

A partir de 2018 los miembros de la “comunidad cultural” han estado en ayunas de palmaditas y apapachos. Hoy se la juegan del lado equivocado de la historia. Claro: en la izquierda nadie los aceptaría. Por eso se reagrupan, buscan la protección de la UNAM y se lanzan a ver si alcanzan una orillita, haciendo ruido para ver si alguien del bando vencedor se acuerda de ellos y los llama para festejar la victoria popular del próximo 2 de junio. Lo más probable es que sigan en la banca por lo menos otros 6 años.

En contraparte, el 23 de mayo, más de 900 artistas –hoy ese número se eleva a 1 mil 700-- académicos e intelectuales publicaron un manifiesto en apoyo de Claudia Sheinbaum, donde subrayaron que el programa de gobierno de la izquierda incluye la democracia, el bienestar y el incremento de la cultura, así como la prosperidad compartida. En ese acto, uno de los oradores expresó su crítica a los planteamientos de los “oligarcamines” en referencia directa a las declaraciones del mencionado “capo”.

En este grupo destacan Juan Ramón de la Fuente, exrector de la UNAM; Lorenzo Meyer, uno de los historiadores con mayor prestigio en el país; Elena Poniatowska, escritora mexicana muy galardonada de origen polaco; Violeta Vázquez Rojas y centenares de miembros de la academia, las artes plásticas, la ciencia y la cultura en general.

De este modo, los integrantes de dos conceptos diferentes y contrapuestos del mundo y de la política velan sus armas en espera de la confrontación del 2 de junio. El pueblo de México elegirá su destino.