/ domingo 13 de septiembre de 2020

Un recorrido por las vacunas contra Covid-19 (III) Con base en el material genético del virus

En esta tercera entrega conoceremos la naturaleza de la última forma de vacunas contra el virus SARS-CoV-2 que causa el COVID-19 y que está actualmente en desarrollo, la que se basa en el material genético del virus.

El genoma del virus SARS-CoV-2, es decir el material genético que contiene las instrucciones para su síntesis y ensamblaje y que es el que transmite a su progenie, está compuesto por una sola molécula de ARN de cadena sencilla con polaridad positiva con una longitud de 30 kilobases de longitud. Esta medida expresa el número de bases o eslabones de los que se compone la molécula como si fuera una cadena y que en este caso es de 30 mil. Si lo extendieramos, necesitaríamos comodar uno tras otro el genoma de 100 mil virus para alcanzar un metro.

El genoma del virus SARS-CoV-2 codifica, es decir, contiene la información precisa para dirigir la producción de 12 diferentes proteínas. Con esta proteínas se conforman las partículas virales de la progenie pero, si se producen por separado, permitirían presentar de manera inocua superficies virales para el reconocimiento del sistema inmune de las personas.

Igual que como vimos para vacunas basadas en las proteínas del virus, el gene de elección es el que codifica para la proteína S que conforma la espícula. En este caso, la producción de la proteína no se hace en un laboratorio sino directamente dentro del cuerpo de la persona que recibe la vacuna. Ese es el principio de la vacuna desarrollada por la empresa estadounidense Moderna y que es una de las más avanzadas actualmente.

Aunque el principio de la vacuna basada en material genético es robusto y se ha estado desarrollando también para otras enfermedades como SIDA, influenza y herpes, todavía ninguna de ellas ha recibido autorización para su aplicación masiva. Una de las complicaciones que tendría una vacuna basada en ARN es su fragilidad y que para estabilizarla se requieren temperaturas ultra bajas, por debajo de -20 grados centígrados, lo cual es difícil de garantizar en países como el nuestro.

Para subsanar esta debilidad, la empresa estadounidense Inovio está desarrollando un juego complementario de material genético en forma de ADN, el mismo de nuestros cromosomas, que es más estable pero que todavía requiere de experimentación.

Los estudios clínicos de la vacuna de la empresa Moderna están todavía en desarrollo y hace unos días se anunció que se retrasaría el reclutamiento de voluntarios dentro de Estados Unidos hasta asegurar que se cuenta con la diversidad suficiente para aseguar su correcta interpretación.

Cualquiera que resulte ser la plataforma exitosa, la vacuna contra COVID-19 tendrá que pasar todavía por un largo y complejo proceso de producción y distribución antes de estar disponible para todo el mundo. No existe todavía certeza de que eso ocurra antes de mediados del 2021. Es por esto y porque tampoco existen todavía medicamentos para tratar la enfermedad que no existe ningún motivo para relajar las medidas preventivas contra el contagio, no importa el color del semáforo oficial en operación.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten:

http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

https://www.facebook.com/BValderramaB/

En esta tercera entrega conoceremos la naturaleza de la última forma de vacunas contra el virus SARS-CoV-2 que causa el COVID-19 y que está actualmente en desarrollo, la que se basa en el material genético del virus.

El genoma del virus SARS-CoV-2, es decir el material genético que contiene las instrucciones para su síntesis y ensamblaje y que es el que transmite a su progenie, está compuesto por una sola molécula de ARN de cadena sencilla con polaridad positiva con una longitud de 30 kilobases de longitud. Esta medida expresa el número de bases o eslabones de los que se compone la molécula como si fuera una cadena y que en este caso es de 30 mil. Si lo extendieramos, necesitaríamos comodar uno tras otro el genoma de 100 mil virus para alcanzar un metro.

El genoma del virus SARS-CoV-2 codifica, es decir, contiene la información precisa para dirigir la producción de 12 diferentes proteínas. Con esta proteínas se conforman las partículas virales de la progenie pero, si se producen por separado, permitirían presentar de manera inocua superficies virales para el reconocimiento del sistema inmune de las personas.

Igual que como vimos para vacunas basadas en las proteínas del virus, el gene de elección es el que codifica para la proteína S que conforma la espícula. En este caso, la producción de la proteína no se hace en un laboratorio sino directamente dentro del cuerpo de la persona que recibe la vacuna. Ese es el principio de la vacuna desarrollada por la empresa estadounidense Moderna y que es una de las más avanzadas actualmente.

Aunque el principio de la vacuna basada en material genético es robusto y se ha estado desarrollando también para otras enfermedades como SIDA, influenza y herpes, todavía ninguna de ellas ha recibido autorización para su aplicación masiva. Una de las complicaciones que tendría una vacuna basada en ARN es su fragilidad y que para estabilizarla se requieren temperaturas ultra bajas, por debajo de -20 grados centígrados, lo cual es difícil de garantizar en países como el nuestro.

Para subsanar esta debilidad, la empresa estadounidense Inovio está desarrollando un juego complementario de material genético en forma de ADN, el mismo de nuestros cromosomas, que es más estable pero que todavía requiere de experimentación.

Los estudios clínicos de la vacuna de la empresa Moderna están todavía en desarrollo y hace unos días se anunció que se retrasaría el reclutamiento de voluntarios dentro de Estados Unidos hasta asegurar que se cuenta con la diversidad suficiente para aseguar su correcta interpretación.

Cualquiera que resulte ser la plataforma exitosa, la vacuna contra COVID-19 tendrá que pasar todavía por un largo y complejo proceso de producción y distribución antes de estar disponible para todo el mundo. No existe todavía certeza de que eso ocurra antes de mediados del 2021. Es por esto y porque tampoco existen todavía medicamentos para tratar la enfermedad que no existe ningún motivo para relajar las medidas preventivas contra el contagio, no importa el color del semáforo oficial en operación.


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