Brenda Valderrama

  / lunes 2 de septiembre de 2019

Un país sano es un país próspero

Las enfermedades infecciosas, sobre todo las producidas por virus, no desaparecen, solamente se controlan.

Padecimientos devastadores como la viruela o la peste bubónica que en otros tiempos diezmaron a la humanidad pudieran regresar en cualquier momento pues existen reservas de los microorganismos en la naturaleza. Pongamos como ejemplo la influenza cuya reserva natural son las aves migratorias. Localizar estas reservas y aniquilarlas no solamente es laborioso y costoso sino que afectaría de manera irreversible la biodiversidad. Por lo tanto es fundamental que la sociedad desarrolle mecanismos de prevención, detección temprana y atención de los brotes infecciosos. Además, por la globalización, estos esfuerzos deben ser multinacionales.

Entre los instrumentos mas valiosos para evitar la propagación de enfermedades infecciosas se encuentran las vacunas. Algunas de ellas son relativamente sencillas de elaborar gracias a la biología del microorganismo como es la vacuna contra la viruela que se comenzó a aplicar en nuestro país hace más de doscientos años. Otras son más complejas y requieren aún de sofisticadas investigaciones como por ejemplo el dengue o el paludismo. Lo que es fundamental es entender que si las sociedades quieren controlar este tipo de padecimientos es indispensable que desarrollen los mecanismo necesarios para asegurar la cobertura de la vacunación en la población.

Los mecanismos son múltiples y variados comenzando por el financiamiento suficiente y oportuno de la investigación científica así como la formación de cuadros clínicos especializados. Posteriormente se debe asegurar el abasto de las vacunas. Aquí hay varias posibilidades que pueden ser utilizadas de manera concurrente y que incluyen la estatización de la producción, el fomento de una industria nacional o el acceso al mercado internacional. Finalmente pero no por eso menos importante, la implantación de una cultura de la vacunación en la población.

México es uno de los países más exitosos en lo relativo a la prevención de enfermedades infecciosas gracias a una política pública integral pero el riesgo esta aumentando si tomamos en cuenta los acontecimientos recientes. Primero, el presupuesto para los programa de vacunación ha sufrido una reducción constante en los últimos 10 años lo que ha llevado a limitar los esquemas a su mínimo. Por otro lado, el cambio de modelo de abasto de medicamentos está pasando su primera prueba de fuego ante la imposibilidad demostrada de aseguramiento de vacunas suficientes contra el sarampión este año. Finalmente una corriente de pensamiento de corte anticientífico en la población alimentada por noticias falsas. Esto no es nuevo pero gracias al enorme impacto de las redes sociales el riesgo es significativamente mayor.

Como ciudadanos debemos entender que acciones tan sencillas y gratuitas como es la lactancia materna así como la aplicación oportuna del esquema de vacunación en los menores los protege de enfermedades. Es absolutamente falso y repito que se trata solamente de rumores maliciosos, que las vacunas provoquen autismo o que contengan compuestos tóxicos como el mercurio. Igualmente es vital saber que los adultos de más de 60 años necesitan refuerzos para algunas vacunas.

Como gobierno es fundamental que se amplíe el presupuesto para vacunación asegurando la cobertura total igual que es importante desarrollar un esquema eficiente de abasto. También es importante seguir promoviendo la investigación científica mediante la creación de fondos específicos. Finalmente, no dar marcha atrás en políticas exitosas como la exigencia del cumplimiento de la cartilla de vacunación para la inscripción en las escuelas.

Teníamos más de 20 años sin casos de sarampión en México, una enfermedad grave en la cual uno de cada diez infectados muere. La falta de esquemas eficientes de vacunación en otros países ocasionó que se comenzaran a detectar en los últimos años casos importados. Esto es controlable siempre y cuando exista la cobertura suficiente para evitar la propagación. La falta de vacunas contra el sarampión ha encendido un foco rojo en el sector salud sobre todo ante el regreso a clases. Estemos atentos y recordemos, un país sano es un país próspero y para estar sanos, hay que vacunarnos.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Las enfermedades infecciosas, sobre todo las producidas por virus, no desaparecen, solamente se controlan.

Padecimientos devastadores como la viruela o la peste bubónica que en otros tiempos diezmaron a la humanidad pudieran regresar en cualquier momento pues existen reservas de los microorganismos en la naturaleza. Pongamos como ejemplo la influenza cuya reserva natural son las aves migratorias. Localizar estas reservas y aniquilarlas no solamente es laborioso y costoso sino que afectaría de manera irreversible la biodiversidad. Por lo tanto es fundamental que la sociedad desarrolle mecanismos de prevención, detección temprana y atención de los brotes infecciosos. Además, por la globalización, estos esfuerzos deben ser multinacionales.

Entre los instrumentos mas valiosos para evitar la propagación de enfermedades infecciosas se encuentran las vacunas. Algunas de ellas son relativamente sencillas de elaborar gracias a la biología del microorganismo como es la vacuna contra la viruela que se comenzó a aplicar en nuestro país hace más de doscientos años. Otras son más complejas y requieren aún de sofisticadas investigaciones como por ejemplo el dengue o el paludismo. Lo que es fundamental es entender que si las sociedades quieren controlar este tipo de padecimientos es indispensable que desarrollen los mecanismo necesarios para asegurar la cobertura de la vacunación en la población.

Los mecanismos son múltiples y variados comenzando por el financiamiento suficiente y oportuno de la investigación científica así como la formación de cuadros clínicos especializados. Posteriormente se debe asegurar el abasto de las vacunas. Aquí hay varias posibilidades que pueden ser utilizadas de manera concurrente y que incluyen la estatización de la producción, el fomento de una industria nacional o el acceso al mercado internacional. Finalmente pero no por eso menos importante, la implantación de una cultura de la vacunación en la población.

México es uno de los países más exitosos en lo relativo a la prevención de enfermedades infecciosas gracias a una política pública integral pero el riesgo esta aumentando si tomamos en cuenta los acontecimientos recientes. Primero, el presupuesto para los programa de vacunación ha sufrido una reducción constante en los últimos 10 años lo que ha llevado a limitar los esquemas a su mínimo. Por otro lado, el cambio de modelo de abasto de medicamentos está pasando su primera prueba de fuego ante la imposibilidad demostrada de aseguramiento de vacunas suficientes contra el sarampión este año. Finalmente una corriente de pensamiento de corte anticientífico en la población alimentada por noticias falsas. Esto no es nuevo pero gracias al enorme impacto de las redes sociales el riesgo es significativamente mayor.

Como ciudadanos debemos entender que acciones tan sencillas y gratuitas como es la lactancia materna así como la aplicación oportuna del esquema de vacunación en los menores los protege de enfermedades. Es absolutamente falso y repito que se trata solamente de rumores maliciosos, que las vacunas provoquen autismo o que contengan compuestos tóxicos como el mercurio. Igualmente es vital saber que los adultos de más de 60 años necesitan refuerzos para algunas vacunas.

Como gobierno es fundamental que se amplíe el presupuesto para vacunación asegurando la cobertura total igual que es importante desarrollar un esquema eficiente de abasto. También es importante seguir promoviendo la investigación científica mediante la creación de fondos específicos. Finalmente, no dar marcha atrás en políticas exitosas como la exigencia del cumplimiento de la cartilla de vacunación para la inscripción en las escuelas.

Teníamos más de 20 años sin casos de sarampión en México, una enfermedad grave en la cual uno de cada diez infectados muere. La falta de esquemas eficientes de vacunación en otros países ocasionó que se comenzaran a detectar en los últimos años casos importados. Esto es controlable siempre y cuando exista la cobertura suficiente para evitar la propagación. La falta de vacunas contra el sarampión ha encendido un foco rojo en el sector salud sobre todo ante el regreso a clases. Estemos atentos y recordemos, un país sano es un país próspero y para estar sanos, hay que vacunarnos.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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