Brenda Valderrama

  / lunes 22 de julio de 2019

Un gran salto para la humanidad

Hace dos días se conmemoró uno de los logros más relevantes en la historia, el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna. Para finales de la segunda guerra mundial estaba claro que la siguiente conflagración tendría su principal campo de batalla en el espacio, desde donde se pueden controlar el tráfico terrestre y marítimo así como las telecomunicaciones.

A partir de entonces, las dos grandes potencias del momento, Estados Unidos y la Unión Soviética, comenzaron sendos programas de desarrollo tecnológico que, con el tiempo, se convirtieron en lo que conocemos ahora como la carrera espacial.

Para 1958 Estados Unidos lanzó su primer programa espacial llamado Mercurio con el objetivo de llevar a una persona a orbitar la tierra y regresarla a salvo. Con este programa se estrenó una oficina llamada NASA y consistió en 20 misiones preparatorias sin pasajeros o con animales y seis exitosas misiones tripuladas, cerrándose en 1963. El costo actualizado del programa Mercurio fue de 2 mil millones de dólares.

Ya en plena Guerra Fría, los Estados Unidos lanzan en 1961 el programa Géminis con el objetivo de desarrollar las tecnología necesarias para poner al hombre en la luna. Sus logros fueron el desarrollo de misiones tripuladas suficientemente largas como para ensayar un viaje redondo a la luna así como el perfeccionamiento de la tecnología necesaria para que los tripulantes pudieran hacer labores y para que las subunidades de la nave maniobraran encuentros y acoplamientos, todo esto en el espacio. Con este programa se estrenaron el campo de lanzamiento de Cabo Cañaveral en Florida y el centro de control y comando de Houston, Texas. El programa concluyó en 1967 con un costo actualizado de 7 mil millones de dólares.

De manera paralela se lanza en 1963 el programa Apolo con el objetivo de llevar una nave tripulada a la luna y regresarla sin daños a la tierra antes de que terminara la década. Con este programa se lograron los avances más espectaculares como fueron lanzar una misión tripulada más allá de la órbita terrestre, orbitar por primera vez otro cuerpo celeste diferente a la tierra y, por supuesto, llevar al hombre a la luna. El programa consistió en 18 misiones siendo la más famosa Apolo 11 por ser la primera vez que se concretó el alunizaje de la tripulación el 20 de julio de 1969. Posteriormente hubo cinco ocasiones más en las cuales la tripulación repitió el desembarco en la superficie de nuestro satélite logrando acopiar cerca de 400 kilos de material lunar para su estudio. Para el momento de su cierre en 1972, el programa Apolo había tenido un costo actualizado de 153 mil millones de dólares. Y le había ganado a la Unión Soviética, por cierto.

Pero la carrera espacial no fue solamente de dos competidores. En sus primeros años también participó México. Para 1957, aún antes del lanzamiento del programa Mercurio, la Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí lograba el lanzamiento del cohete Física I a 2,500 metros de altura y su recuperación. En esa misma época, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes construyó una serie de cohetes que fueron lanzados con éxito desde Xochimilco y Guanajuato alcanzando los 25 km de altura.

Estos logros impulsaron al presidente Adolfo López Mateos a crear la Comisión Nacional del Espacio Exterior en 1962, entidad que logró una serie de exitosos lanzamientos desde Cuajinilapa, Guerrero, nuestro Cabo Cañaveral. Entre estos proyectos destacan el Tototl que alcanzó una altura de 22 km, los Mitl que llegaron a alcanzar los 120 km de altura en 1975 y se comenzó el desarrollo de la serie Tlaloc, que serían cohetes de dos etapas.

El gran salto podría haber sido también para México, pero renunciamos. Mientras Estados Unidos asignaba una cifra récord del 4.4% de su presupuesto total al programa espacial en 1966, el 1% entre 1975 y 2000, y desde entonces a la fecha aproximadamente el 0.5%, en México el programa fue cancelado de un plumazo en 1977 por el presidente López Portillo, condenándonos al rezago y arrebatándole a Guerrero la oportunidad de ser el epicentro del desarrollo tecnológico nacional. Algo todavía más inentendible ya que teníamos el ingreso petrolero más alto de la historia con lo que se convierte en un desafortunado ejemplo de lo que sucede cuando desde el poder no se valora correctamente la importancia de la ciencia y la tecnología en el desarrollo de la nación.

Hace dos días se conmemoró uno de los logros más relevantes en la historia, el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna. Para finales de la segunda guerra mundial estaba claro que la siguiente conflagración tendría su principal campo de batalla en el espacio, desde donde se pueden controlar el tráfico terrestre y marítimo así como las telecomunicaciones.

A partir de entonces, las dos grandes potencias del momento, Estados Unidos y la Unión Soviética, comenzaron sendos programas de desarrollo tecnológico que, con el tiempo, se convirtieron en lo que conocemos ahora como la carrera espacial.

Para 1958 Estados Unidos lanzó su primer programa espacial llamado Mercurio con el objetivo de llevar a una persona a orbitar la tierra y regresarla a salvo. Con este programa se estrenó una oficina llamada NASA y consistió en 20 misiones preparatorias sin pasajeros o con animales y seis exitosas misiones tripuladas, cerrándose en 1963. El costo actualizado del programa Mercurio fue de 2 mil millones de dólares.

Ya en plena Guerra Fría, los Estados Unidos lanzan en 1961 el programa Géminis con el objetivo de desarrollar las tecnología necesarias para poner al hombre en la luna. Sus logros fueron el desarrollo de misiones tripuladas suficientemente largas como para ensayar un viaje redondo a la luna así como el perfeccionamiento de la tecnología necesaria para que los tripulantes pudieran hacer labores y para que las subunidades de la nave maniobraran encuentros y acoplamientos, todo esto en el espacio. Con este programa se estrenaron el campo de lanzamiento de Cabo Cañaveral en Florida y el centro de control y comando de Houston, Texas. El programa concluyó en 1967 con un costo actualizado de 7 mil millones de dólares.

De manera paralela se lanza en 1963 el programa Apolo con el objetivo de llevar una nave tripulada a la luna y regresarla sin daños a la tierra antes de que terminara la década. Con este programa se lograron los avances más espectaculares como fueron lanzar una misión tripulada más allá de la órbita terrestre, orbitar por primera vez otro cuerpo celeste diferente a la tierra y, por supuesto, llevar al hombre a la luna. El programa consistió en 18 misiones siendo la más famosa Apolo 11 por ser la primera vez que se concretó el alunizaje de la tripulación el 20 de julio de 1969. Posteriormente hubo cinco ocasiones más en las cuales la tripulación repitió el desembarco en la superficie de nuestro satélite logrando acopiar cerca de 400 kilos de material lunar para su estudio. Para el momento de su cierre en 1972, el programa Apolo había tenido un costo actualizado de 153 mil millones de dólares. Y le había ganado a la Unión Soviética, por cierto.

Pero la carrera espacial no fue solamente de dos competidores. En sus primeros años también participó México. Para 1957, aún antes del lanzamiento del programa Mercurio, la Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí lograba el lanzamiento del cohete Física I a 2,500 metros de altura y su recuperación. En esa misma época, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes construyó una serie de cohetes que fueron lanzados con éxito desde Xochimilco y Guanajuato alcanzando los 25 km de altura.

Estos logros impulsaron al presidente Adolfo López Mateos a crear la Comisión Nacional del Espacio Exterior en 1962, entidad que logró una serie de exitosos lanzamientos desde Cuajinilapa, Guerrero, nuestro Cabo Cañaveral. Entre estos proyectos destacan el Tototl que alcanzó una altura de 22 km, los Mitl que llegaron a alcanzar los 120 km de altura en 1975 y se comenzó el desarrollo de la serie Tlaloc, que serían cohetes de dos etapas.

El gran salto podría haber sido también para México, pero renunciamos. Mientras Estados Unidos asignaba una cifra récord del 4.4% de su presupuesto total al programa espacial en 1966, el 1% entre 1975 y 2000, y desde entonces a la fecha aproximadamente el 0.5%, en México el programa fue cancelado de un plumazo en 1977 por el presidente López Portillo, condenándonos al rezago y arrebatándole a Guerrero la oportunidad de ser el epicentro del desarrollo tecnológico nacional. Algo todavía más inentendible ya que teníamos el ingreso petrolero más alto de la historia con lo que se convierte en un desafortunado ejemplo de lo que sucede cuando desde el poder no se valora correctamente la importancia de la ciencia y la tecnología en el desarrollo de la nación.

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