/ lunes 19 de abril de 2021

Tiranía o democracia

El presidencialismo es más viable con partidos disciplinados y resulta problemático con sistemas multipartidistas muy fragmentados y con elecciones parlamentarias más frecuentes que las presidenciales.

De esa forma puede ser más problemático el cambio de un régimen a otro con partidos indisciplinados. Entonces el argumento del politólogo, Juan Linz, aunque parcialmente aceptado, dependerá del tipo de parlamentarismo y del tipo de presidencialismo propuestos o contemplados.

Se definen las características del régimen presidencial en dos puntos:

1) el presidente siempre es el titular del poder Ejecutivo y es elegido mediante el voto popular, y 2) los periodos de gestión para el presidente y la asamblea son fijos. También se precisan las características del régimen semipresidencial, descritos en cuatro puntos: 1) se elige al presidente mediante voto popular, 2) el presidente nombra un primer ministro que será el jefe de gobierno, 3) el primer ministro y el gabinete dependen de la asamblea, y 4) el presidente tiene poderes políticos significativos como disolver el parlamento.

Las diferencias entre el primer régimen y el segundo descritos son: en una democracia presidencial, el presidente es el jefe de gobierno, mientras que en el semipresidencial la jefatura del Ejecutivo está dividida y formalmente el primer ministro es la cabeza del gobierno; el gobierno presidencial se elige por periodo fijo, mientras el semipresidencial depende de la confianza continua de la asamblea; en el presidencial, el presidente tiene la autoridad sobre el gabinete, mientras en el semipresidencial únicamente puede destituir a ministros del gabinete por medio de voto de censura, dado que la mayoría parlamentaria es capaz de sostener al gabinete.

De esa forma, la literatura precisa los límites a las observaciones que Linz realizó sobre las comparaciones entre presidencialismo y parlamentarismo. Mismos límites que se irán desarrollando a lo largo de la evolución histórica de los países.

Estamos de acuerdo con lo planteado por la literatura sobre las ventajas que ofrece el régimen presidencial para mantener una democracia estable, sobre todo en nuestro contexto, México en el año 2016 vivió la consolidación de una seria de reformas político-electorales desde 2014 que tuvo como resultado la disputa por la titularidad del Ejecutivo en 2018 a través de una práctica efectiva de la competencia política, es decir, de modo competitivo entre distintos partidos políticos y sus coaliciones.

Hoy, el escenario político tiene al país en una coyuntura crítica, dado que el presidencialismo como modelo y el presidente como actor, hace mucho tiempo no se ocupaba de cuestionar y promover la extinción del árbitro de las elecciones.

Cabe agregar que se trata del momento más complejo en el desarrollo político de México, dado que el objetivo es lograr que se reafirme la arquitectura constitucional en materia electoral del país a favor de la democracia o bien, que se alce con la victoria el personalismo del presidente y su política clientelar que, entre otros elementos pondría (en un escenario) punto final al período fijo en que se elige al jefe del Poder Ejecutivo.


Facebook: Daniel Adame Osorio

Instagram: @danieladameosorio

Twitter: @Danieldao1

El presidencialismo es más viable con partidos disciplinados y resulta problemático con sistemas multipartidistas muy fragmentados y con elecciones parlamentarias más frecuentes que las presidenciales.

De esa forma puede ser más problemático el cambio de un régimen a otro con partidos indisciplinados. Entonces el argumento del politólogo, Juan Linz, aunque parcialmente aceptado, dependerá del tipo de parlamentarismo y del tipo de presidencialismo propuestos o contemplados.

Se definen las características del régimen presidencial en dos puntos:

1) el presidente siempre es el titular del poder Ejecutivo y es elegido mediante el voto popular, y 2) los periodos de gestión para el presidente y la asamblea son fijos. También se precisan las características del régimen semipresidencial, descritos en cuatro puntos: 1) se elige al presidente mediante voto popular, 2) el presidente nombra un primer ministro que será el jefe de gobierno, 3) el primer ministro y el gabinete dependen de la asamblea, y 4) el presidente tiene poderes políticos significativos como disolver el parlamento.

Las diferencias entre el primer régimen y el segundo descritos son: en una democracia presidencial, el presidente es el jefe de gobierno, mientras que en el semipresidencial la jefatura del Ejecutivo está dividida y formalmente el primer ministro es la cabeza del gobierno; el gobierno presidencial se elige por periodo fijo, mientras el semipresidencial depende de la confianza continua de la asamblea; en el presidencial, el presidente tiene la autoridad sobre el gabinete, mientras en el semipresidencial únicamente puede destituir a ministros del gabinete por medio de voto de censura, dado que la mayoría parlamentaria es capaz de sostener al gabinete.

De esa forma, la literatura precisa los límites a las observaciones que Linz realizó sobre las comparaciones entre presidencialismo y parlamentarismo. Mismos límites que se irán desarrollando a lo largo de la evolución histórica de los países.

Estamos de acuerdo con lo planteado por la literatura sobre las ventajas que ofrece el régimen presidencial para mantener una democracia estable, sobre todo en nuestro contexto, México en el año 2016 vivió la consolidación de una seria de reformas político-electorales desde 2014 que tuvo como resultado la disputa por la titularidad del Ejecutivo en 2018 a través de una práctica efectiva de la competencia política, es decir, de modo competitivo entre distintos partidos políticos y sus coaliciones.

Hoy, el escenario político tiene al país en una coyuntura crítica, dado que el presidencialismo como modelo y el presidente como actor, hace mucho tiempo no se ocupaba de cuestionar y promover la extinción del árbitro de las elecciones.

Cabe agregar que se trata del momento más complejo en el desarrollo político de México, dado que el objetivo es lograr que se reafirme la arquitectura constitucional en materia electoral del país a favor de la democracia o bien, que se alce con la victoria el personalismo del presidente y su política clientelar que, entre otros elementos pondría (en un escenario) punto final al período fijo en que se elige al jefe del Poder Ejecutivo.


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