Brenda Valderrama

  / lunes 29 de julio de 2019

Simplicidad y economía en la naturaleza

Hace algunos años, en el marco de la exposición “Darwin en Morelos”, se acercó una persona a debatir sobre la veracidad de la evolución biológica preguntándome si creía en Darwin. La pregunta me tomó por sorpresa porque mi visión del proceso evolutivo no se basa en una creencia, así se lo dije, sino en la evidencia. Como bióloga molecular he tenido que realizar cientos, sino es que miles de veces, experimentos que involucran la selección positiva, esa fuerza a la que Darwin asignó el papel más importante dentro de la evolución de las especies. De hecho, la naturaleza está plagada de evidencias sobre el proceso de selección el cual nos lleva a la conclusión de que todos los organismos provenimos de un solo ancestro común y que nos hemos diversificado al adquirir diferentes especialidades, todo con la finalidad de que nuestra progenie sea exitosa. Más exitosa que la del vecino, por cierto, pues los recursos naturales son limitados.

Algunas de esas evidencias son imposibles de detectar a simple vista y requieren de un conocimiento más profundo para su interpretación. Por ejemplo, la existencia de un solo mecanismo de almacenamiento y explotación de la información genética codificada en ácidos nucleicos a pesar de que existen otras moléculas y códigos disponibles. Y así hay muchas más sin embargo hoy quisiera llamar su atención a una de esas evidencias que sí podemos apreciar a simple vista: la simetría.

La simetría la podemos describir cómo un sentido armonioso y bello de la proporción y la podemos observar en la naturaleza. La luna es simétrica cuando está llena y asimétrica durante sus fases. El arreglo de las celdas dentro de un panal de abejas es simétrico. Una flor de girasol es simétrica. Las telarañas son simétricas. Nosotros somos simétricos.

La simetría es un manifestación de economía en la naturaleza. Refleja el arreglo más sencillo que puede generarse en la construcción de una estructura con un fin. Las telarañas son simétricas porque es el arreglo más sencillo para una red de captura que debe resistir la lluvia así como la fuerza de las presas tratando de escapar de ella. Las celdas de un panal son simétricas porque de esta manera las abejas aprovechan al máximo un espacio reducido. La luna es simétrica porque la esfera es la forma más compacta de la materia. Los seres vivos somos simétricos, todos ciertamente, pero diferentes y aquí es donde entra la selección dentro del proceso de evolución.

La mejor forma de entender la simetría es imaginarnos una foto del objeto y que al doblarla por la mitad las dos caras se sobrepusieran. Eso es evidente cuando se trata de una esfera y no importa en ese caso cómo hagamos el doblez, las caras siempre se sobrepondrían, esto se conoce como simetría radial. En el caso de los animales y usemos como ejemplo una mariposa, solo existe un eje sobre el que podríamos hacer el doblez, pasando por el cuerpo del insecto y dejando cada una de las alas en las caras. Esta simetría se conoce como bilateral, palabra que proviene del latín y significa de dos lados (bi=dos, latus=lado, flanco). Muchos animales presentamos simetría bilateral, las hormigas, los peces, las aves, los leones y los humanos.

La simetría bilateral es la más económica, sin embargo las especies tenemos libertad para explorar otras. Las estrellas de mar, por ejemplo, en lugar de tener un eje de simetría tienen cinco. La misma simetría la encontramos en algunas flores como la flor de mayo o cacaloxóchitl, muy común en Morelos. La simetría está codificada en nuestros genes y pasa de generación en generación como parte de las instrucciones de armado de un ser vivo. Los organismos multilaterales son diferentes no por provenir de un ancestro diferente al nuestro, los bilaterales, sino que, utilizando los mecanismos comunes la selección los ha llevado a generar una solución diferente a sus necesidades particulares.

La existencia de un mecanismo único de simetría el cual compartimos todos los seres vivos, inclusive con aquellos organismos que parecen ser la excepción, es una evidencia palpable de nuestro origen común y del poder de la selección natural en la evolución de las especies. Así se construye el pensamiento científico, basado en evidencias no en creencias, por eso es universal.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Hace algunos años, en el marco de la exposición “Darwin en Morelos”, se acercó una persona a debatir sobre la veracidad de la evolución biológica preguntándome si creía en Darwin. La pregunta me tomó por sorpresa porque mi visión del proceso evolutivo no se basa en una creencia, así se lo dije, sino en la evidencia. Como bióloga molecular he tenido que realizar cientos, sino es que miles de veces, experimentos que involucran la selección positiva, esa fuerza a la que Darwin asignó el papel más importante dentro de la evolución de las especies. De hecho, la naturaleza está plagada de evidencias sobre el proceso de selección el cual nos lleva a la conclusión de que todos los organismos provenimos de un solo ancestro común y que nos hemos diversificado al adquirir diferentes especialidades, todo con la finalidad de que nuestra progenie sea exitosa. Más exitosa que la del vecino, por cierto, pues los recursos naturales son limitados.

Algunas de esas evidencias son imposibles de detectar a simple vista y requieren de un conocimiento más profundo para su interpretación. Por ejemplo, la existencia de un solo mecanismo de almacenamiento y explotación de la información genética codificada en ácidos nucleicos a pesar de que existen otras moléculas y códigos disponibles. Y así hay muchas más sin embargo hoy quisiera llamar su atención a una de esas evidencias que sí podemos apreciar a simple vista: la simetría.

La simetría la podemos describir cómo un sentido armonioso y bello de la proporción y la podemos observar en la naturaleza. La luna es simétrica cuando está llena y asimétrica durante sus fases. El arreglo de las celdas dentro de un panal de abejas es simétrico. Una flor de girasol es simétrica. Las telarañas son simétricas. Nosotros somos simétricos.

La simetría es un manifestación de economía en la naturaleza. Refleja el arreglo más sencillo que puede generarse en la construcción de una estructura con un fin. Las telarañas son simétricas porque es el arreglo más sencillo para una red de captura que debe resistir la lluvia así como la fuerza de las presas tratando de escapar de ella. Las celdas de un panal son simétricas porque de esta manera las abejas aprovechan al máximo un espacio reducido. La luna es simétrica porque la esfera es la forma más compacta de la materia. Los seres vivos somos simétricos, todos ciertamente, pero diferentes y aquí es donde entra la selección dentro del proceso de evolución.

La mejor forma de entender la simetría es imaginarnos una foto del objeto y que al doblarla por la mitad las dos caras se sobrepusieran. Eso es evidente cuando se trata de una esfera y no importa en ese caso cómo hagamos el doblez, las caras siempre se sobrepondrían, esto se conoce como simetría radial. En el caso de los animales y usemos como ejemplo una mariposa, solo existe un eje sobre el que podríamos hacer el doblez, pasando por el cuerpo del insecto y dejando cada una de las alas en las caras. Esta simetría se conoce como bilateral, palabra que proviene del latín y significa de dos lados (bi=dos, latus=lado, flanco). Muchos animales presentamos simetría bilateral, las hormigas, los peces, las aves, los leones y los humanos.

La simetría bilateral es la más económica, sin embargo las especies tenemos libertad para explorar otras. Las estrellas de mar, por ejemplo, en lugar de tener un eje de simetría tienen cinco. La misma simetría la encontramos en algunas flores como la flor de mayo o cacaloxóchitl, muy común en Morelos. La simetría está codificada en nuestros genes y pasa de generación en generación como parte de las instrucciones de armado de un ser vivo. Los organismos multilaterales son diferentes no por provenir de un ancestro diferente al nuestro, los bilaterales, sino que, utilizando los mecanismos comunes la selección los ha llevado a generar una solución diferente a sus necesidades particulares.

La existencia de un mecanismo único de simetría el cual compartimos todos los seres vivos, inclusive con aquellos organismos que parecen ser la excepción, es una evidencia palpable de nuestro origen común y del poder de la selección natural en la evolución de las especies. Así se construye el pensamiento científico, basado en evidencias no en creencias, por eso es universal.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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