/ lunes 23 de mayo de 2022

Si nunca he temido a la muerte, ¿por qué temer a la vida?: Felipe Ángeles (II)

La noticia de su muerte causó gran sensación, -traicionado por un exmilitar villista que ubicó donde se guarecía de ser aprehendido por fuerzas carrancistas-, los asistentes en Chihuahua que abarrotaron el porfiriano Gran Teatro de los Héroes, -incendiado treinta años después y ya demolido-, presenciaron la inminente declaración de muerte contra él.

Durante el juicio, Felipe Ángeles que nunca perdió el temple y la compostura, defendió a Francisco Villa: “Me separé de él porque no estuve de acuerdo con que fusilara a sus prisioneros”. Más que defenderse, Ángeles que sabía que su juicio era una farsa ya que el fin carrancista era acabar con él, disertó tranquilo acerca de su filosofía humanista de vida. Incluso días antes de su juicio comenzó a escribir cartas de despedida a sus amigos. Ya en el juicio los jueces, frustrados, trataban de demostrar que era traidor a Carranza, no lo lograban. “No he dicho nada contra la Constitución del 17”. Tranquilo negó las acusaciones que lo señalaban como un rebelde buscando el derrocamiento de un régimen legalmente constituido. Habló durante horas de su misión para México. Al final expresó: “Sé que me van a matar. Pero sé también que mi muerte hará más a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida porque la sangre de los mártires, fecundiza las grandes causas.”

Cerca de la media noche, tras largas deliberaciones el Consejo condenó a muerte a Felipe Ángeles. Al escuchar el fallo, el general que días antes había dicho: “Que venga la muerte pronto. Si nunca he temido a la vida, porqué he de temer a la muerte”, fue llevado de vuelta a la prisión donde ya lo esperaba su cena y un flamante traje negro donado por damas de la sociedad, cuando un cura le preguntó si quería confesarse, se negó. “Más que un sacerdote, necesito un filósofo que estudie a un hombre que amando tanto la vida, no tema perderla”. Sus últimos pensamientos fueron para la compañera de toda su vida Clara Krause a quien escribió en breves líneas el gran amor que sentía hacia ella. “Diles a mis hijos -Alberto, Isabel, Felipe y Julio-, que hasta el final pensaré en ustedes”. Impresionaba entre sus amigos, su serenidad y el buen ánimo con que encaraba su destino. Durante su breve prisión, a diario tomaba un baño y luego dedicaba largas horas a la lectura y a escribir su correspondencia. En el poco tiempo que le quedaba se entregó a la lectura, uno de los libros era la polémica obra: Vida de Jesús, del filósofo, arqueólogo y escritor francés Ernest Renard que en dicho libro buscó al Jesús histórico. Así, el militar más brillante de la Revolución Mexicana fue fusilado en el cuartel del 21 batallón de Chihuahua, el 20 de julio de 1919 sin permitir le taparon los ojos dando él mismo la orden a los soldados de hacer fuego. Ni un año lo sobrevivió Venustiano Carranza quien cayó abatido el 21 de mayo de 1920.

Excelentes escritores lo han retratado de diversas maneras, pero es Elena Garro quien más reconstruye su historia y humaniza al personaje, al que califica de mártir disidente, lo hace hablar para que el lector comprenda su ideología progresista, su lucha por el respeto a la vida y a la dignidad humana. Para finalizar queridos lectores, solo me resta decir que Felipe Ángeles es un ejemplo de lucha y muerte por los ideales que persiguen la paz social, el progreso y el respeto por la vida.

Y hasta el próximo lunes.

La noticia de su muerte causó gran sensación, -traicionado por un exmilitar villista que ubicó donde se guarecía de ser aprehendido por fuerzas carrancistas-, los asistentes en Chihuahua que abarrotaron el porfiriano Gran Teatro de los Héroes, -incendiado treinta años después y ya demolido-, presenciaron la inminente declaración de muerte contra él.

Durante el juicio, Felipe Ángeles que nunca perdió el temple y la compostura, defendió a Francisco Villa: “Me separé de él porque no estuve de acuerdo con que fusilara a sus prisioneros”. Más que defenderse, Ángeles que sabía que su juicio era una farsa ya que el fin carrancista era acabar con él, disertó tranquilo acerca de su filosofía humanista de vida. Incluso días antes de su juicio comenzó a escribir cartas de despedida a sus amigos. Ya en el juicio los jueces, frustrados, trataban de demostrar que era traidor a Carranza, no lo lograban. “No he dicho nada contra la Constitución del 17”. Tranquilo negó las acusaciones que lo señalaban como un rebelde buscando el derrocamiento de un régimen legalmente constituido. Habló durante horas de su misión para México. Al final expresó: “Sé que me van a matar. Pero sé también que mi muerte hará más a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida porque la sangre de los mártires, fecundiza las grandes causas.”

Cerca de la media noche, tras largas deliberaciones el Consejo condenó a muerte a Felipe Ángeles. Al escuchar el fallo, el general que días antes había dicho: “Que venga la muerte pronto. Si nunca he temido a la vida, porqué he de temer a la muerte”, fue llevado de vuelta a la prisión donde ya lo esperaba su cena y un flamante traje negro donado por damas de la sociedad, cuando un cura le preguntó si quería confesarse, se negó. “Más que un sacerdote, necesito un filósofo que estudie a un hombre que amando tanto la vida, no tema perderla”. Sus últimos pensamientos fueron para la compañera de toda su vida Clara Krause a quien escribió en breves líneas el gran amor que sentía hacia ella. “Diles a mis hijos -Alberto, Isabel, Felipe y Julio-, que hasta el final pensaré en ustedes”. Impresionaba entre sus amigos, su serenidad y el buen ánimo con que encaraba su destino. Durante su breve prisión, a diario tomaba un baño y luego dedicaba largas horas a la lectura y a escribir su correspondencia. En el poco tiempo que le quedaba se entregó a la lectura, uno de los libros era la polémica obra: Vida de Jesús, del filósofo, arqueólogo y escritor francés Ernest Renard que en dicho libro buscó al Jesús histórico. Así, el militar más brillante de la Revolución Mexicana fue fusilado en el cuartel del 21 batallón de Chihuahua, el 20 de julio de 1919 sin permitir le taparon los ojos dando él mismo la orden a los soldados de hacer fuego. Ni un año lo sobrevivió Venustiano Carranza quien cayó abatido el 21 de mayo de 1920.

Excelentes escritores lo han retratado de diversas maneras, pero es Elena Garro quien más reconstruye su historia y humaniza al personaje, al que califica de mártir disidente, lo hace hablar para que el lector comprenda su ideología progresista, su lucha por el respeto a la vida y a la dignidad humana. Para finalizar queridos lectores, solo me resta decir que Felipe Ángeles es un ejemplo de lucha y muerte por los ideales que persiguen la paz social, el progreso y el respeto por la vida.

Y hasta el próximo lunes.