/ jueves 18 de noviembre de 2021

Sagawa, el caníbal japonés que se convirtió en celebridad

Cuando Issei Sagawa despertó estaba recostado en la cama de una habitación fría y de cuatro paredes. Una donde no entra ni un solo rayo de sol. Comenzó a observar la vestimenta que traía puesta y ahí supo que no había sido un sueño.

Pasaron apenas dos…tres segundos y entró un hombre que traía algo parecido a una bata de doctor para indicarle que estaba en el hospital psiquiátrico Paul Guiraud en París. Y entonces entendió que por fin había cumplido su gran cometido.

En seguida entró otro hombre vestido de filipina que lo tomó del brazo derecho, enlazó una liga, hizo un nudo, sostuvo la jeringa como su fuese un lápiz e insertó la aguja para suministrarle un calmante. Pronto Issei se introdujo en una fantasía profunda.

Y de esa ilusión retrocederemos junto a él, cual si fuera una máquina del tiempo sacada de la novela de ciencia ficción del escritor británico, Herbert George Wells.

Era abril de 1977 y la capital francesa lucía sumamente hermosa. Las calles Rue de Montorgueil y Rue Des Barres estaban llenas de cafeterías y mesas al exterior. El andar de los autos Renault y la Torre Eiffel como fondo hacía que todo alrededor pareciera inaudito.

Sagawa, de 28 años, había dejado Tokio para estudiar una temporada en Francia. Rápidamente se instaló en un departamento ubicado en el segundo piso del 10 en la calle Erlanger en el barrio parisino de Passy.

Su interés por la literatura lo impulsó a profundizar en la materia e ingresar a la prestigiosa Universidad de La Sorbona.

Fue en ese histórico edificio medieval donde conoció a la joven de 25 años de la cual quedó prendado de inmediato.

Reneé Hartevelt también quedó petrificada por la belleza intelectual de Issei. La joven holandesa sintió un fuerte magnetismo cuando escuchó la forma en que el hombre japonés recitaba un poema del escritor alemán, Friedrich Schlegel.

Ambos profesaban una pasión por las letras. Esa predilección los colocó a compartir algunas tardes llenas de lectura y charlas interminables.

El disfrute de tenerla cerca ponía a Issei en otro nivel. Así que el chico no perdió ocasión para invitarla a casa y de esa forma, ganar su confianza cada vez más.

En mayo de 1981, el joven la invitó a casa para comer sukiyaki. Esa tarde fue muy especial. Mientras conversaban y escuchaban música de Beethoven y Handel, Reneé hizo la promesa de ayudarlo a perfeccionar su pronunciación en alemán.

// “En la niebla de mis deseos” //

Pactaron una tercera cita y la mente de Sagawa estaba invadida por el firme pensamiento de que la búsqueda había terminado pues al fin encontró a la mujer perfecta. Una obsesión que lo acompañó desde la adolescencia y que consistía en una fijación hacia mujeres occidentales altas, rubias, esbeltas y de piel suave y tersa.

Su pretexto de aprender alemán sirvió. Ella acudió puntual a su llamado y nunca imaginó que sería la última vez.

Reneé leía un poema de Christian Hoffmann. Estaba concentrada en cada palabra. Cada vez que se detenía, él la alentaba a continuar. Después vino un ligero soplo que pasó por la espalda hasta cruzar por el cabello dorado de ella.

Sagawa no pudo parar. Agarró la escopeta y la adrenalina mezclada con el miedo se apoderaban de sus deseos. Entonces apretó el gatillo.

Ella seguía hablando hasta que, de repente, se hizo un silencio perturbador. La bella estudiante cayó sobre el escritorio. Luego se desplomó en el suelo.

Issei estaba frente a la escena que por muchos años recreó en la imaginación. Sabía que estaba complaciendo su más grande aspiración “mi deseo de comer a una mujer se había transformado en una obligación”.

Reaccionó y la desvistió. Acto seguido la violó. La desmembró para robar su olor, su esencia, en especial, probar su carne. Cortó un trozo del glúteo derecho y sintió dolor en la mandíbula por la dureza del mismo. Así que fue al mercado más próximo para comprar un cuchillo curvo para descuartizar el cadáver.

Posteriormente, dividió el tejido y los músculos. Algunos de ellos se los comió crudos. Otros los devoró cocidos. El resto los guardó en el refrigerador para futuros almuerzos y cenas.

Pasaron días y el fétido olor se asomaba en el aire. Sagawa tenía que deshacerse de lo que quedaba del cuerpo. Fue entonces que colocó los pedazos en dos maletas. Tomó un taxi y llegó hasta Bois de Boulogne, un parque que se encontraba en las orillas de París.

Una vez que descendió del auto, se dirigió al lago para arrojar las dos valijas. Aunque no reparó que había sido visto por una pareja, hasta concluir la hazaña. Ante la embarazosa circunstancia el caníbal corrió. Este comportamiento inusual fue denunciado a la policía.

Al tercer día el antropófago fue detenido. Estuvo por un breve lapso en prisión porque tras un análisis psicológico, fue declarado como demente e idiota, y las autoridades penitenciarias determinaron enviarlo al nosocomio Paul Guiraud.

Y sí queridos lectores, la vida está llena de sorpresas. Sagawa libró de igual manera la reclusión en una institución para enfermos mentales. Un diagnóstico erróneo resolvió que tenía encefalitis avanzada, por lo que el equipo médico le pronosticaba pocas semanas de vida. Cuando en realidad solo tenía una inflamación intestinal.

Su padre, Akira Sagawa, un hombre poderoso y con influencias consiguió que el caníbal moribundo fuera trasladado a Tokio a otro centro mental pero tan pronto arribó, tan veloz voló.

Lo paradójico de todo es que cuando Issei Sagawa salió de vuelta al mundo exterior, los medios de comunicación en Japón lo postularon como una gran celebridad. El rostro de Issei y la seducción de su personalidad enamoró a propios y extraños.

El morbo y la curiosidad del público lo catapultó en documentales, revistas y películas en las que se recreaba el crimen. En algunos programas se le veía tras la pantalla comiendo carne animal o realizando bromas sobre canibalismo.

Incluso pintó sobre óleo a mujeres y sus obras llegaron a venderse en el mercado internacional. Asimismo, escribió 20 libros y un cómic donde abordaba el tema de la antropofagia.

// “Too much blood” //

Los amantes de los Rolling Stones deben saber que en 1983, en el álbum Undercover se incluyó una canción titulada “too much blood”. La melodía escrita por Mick Jagger y Keith Richards está inspirada en Issei Sagawa, el caníbal japonés.

Y si se preguntan dónde está y qué ha sido del famoso Sagawa, debo informar que en el actualidad tiene 72 años, está postrado en una silla de ruedas y vive en los suburbios de Tokio bajo los cuidados de su hermano Jun.

Mucho antes de que tuviera un infarto cerebral, en 2012, Issei declaró en una entrevista con cierto tono de cinismo: “comer y ser comido es lo mismo para mí. Siempre sueño con ser devorado por una hermosa mujer blanca”.


Cuando Issei Sagawa despertó estaba recostado en la cama de una habitación fría y de cuatro paredes. Una donde no entra ni un solo rayo de sol. Comenzó a observar la vestimenta que traía puesta y ahí supo que no había sido un sueño.

Pasaron apenas dos…tres segundos y entró un hombre que traía algo parecido a una bata de doctor para indicarle que estaba en el hospital psiquiátrico Paul Guiraud en París. Y entonces entendió que por fin había cumplido su gran cometido.

En seguida entró otro hombre vestido de filipina que lo tomó del brazo derecho, enlazó una liga, hizo un nudo, sostuvo la jeringa como su fuese un lápiz e insertó la aguja para suministrarle un calmante. Pronto Issei se introdujo en una fantasía profunda.

Y de esa ilusión retrocederemos junto a él, cual si fuera una máquina del tiempo sacada de la novela de ciencia ficción del escritor británico, Herbert George Wells.

Era abril de 1977 y la capital francesa lucía sumamente hermosa. Las calles Rue de Montorgueil y Rue Des Barres estaban llenas de cafeterías y mesas al exterior. El andar de los autos Renault y la Torre Eiffel como fondo hacía que todo alrededor pareciera inaudito.

Sagawa, de 28 años, había dejado Tokio para estudiar una temporada en Francia. Rápidamente se instaló en un departamento ubicado en el segundo piso del 10 en la calle Erlanger en el barrio parisino de Passy.

Su interés por la literatura lo impulsó a profundizar en la materia e ingresar a la prestigiosa Universidad de La Sorbona.

Fue en ese histórico edificio medieval donde conoció a la joven de 25 años de la cual quedó prendado de inmediato.

Reneé Hartevelt también quedó petrificada por la belleza intelectual de Issei. La joven holandesa sintió un fuerte magnetismo cuando escuchó la forma en que el hombre japonés recitaba un poema del escritor alemán, Friedrich Schlegel.

Ambos profesaban una pasión por las letras. Esa predilección los colocó a compartir algunas tardes llenas de lectura y charlas interminables.

El disfrute de tenerla cerca ponía a Issei en otro nivel. Así que el chico no perdió ocasión para invitarla a casa y de esa forma, ganar su confianza cada vez más.

En mayo de 1981, el joven la invitó a casa para comer sukiyaki. Esa tarde fue muy especial. Mientras conversaban y escuchaban música de Beethoven y Handel, Reneé hizo la promesa de ayudarlo a perfeccionar su pronunciación en alemán.

// “En la niebla de mis deseos” //

Pactaron una tercera cita y la mente de Sagawa estaba invadida por el firme pensamiento de que la búsqueda había terminado pues al fin encontró a la mujer perfecta. Una obsesión que lo acompañó desde la adolescencia y que consistía en una fijación hacia mujeres occidentales altas, rubias, esbeltas y de piel suave y tersa.

Su pretexto de aprender alemán sirvió. Ella acudió puntual a su llamado y nunca imaginó que sería la última vez.

Reneé leía un poema de Christian Hoffmann. Estaba concentrada en cada palabra. Cada vez que se detenía, él la alentaba a continuar. Después vino un ligero soplo que pasó por la espalda hasta cruzar por el cabello dorado de ella.

Sagawa no pudo parar. Agarró la escopeta y la adrenalina mezclada con el miedo se apoderaban de sus deseos. Entonces apretó el gatillo.

Ella seguía hablando hasta que, de repente, se hizo un silencio perturbador. La bella estudiante cayó sobre el escritorio. Luego se desplomó en el suelo.

Issei estaba frente a la escena que por muchos años recreó en la imaginación. Sabía que estaba complaciendo su más grande aspiración “mi deseo de comer a una mujer se había transformado en una obligación”.

Reaccionó y la desvistió. Acto seguido la violó. La desmembró para robar su olor, su esencia, en especial, probar su carne. Cortó un trozo del glúteo derecho y sintió dolor en la mandíbula por la dureza del mismo. Así que fue al mercado más próximo para comprar un cuchillo curvo para descuartizar el cadáver.

Posteriormente, dividió el tejido y los músculos. Algunos de ellos se los comió crudos. Otros los devoró cocidos. El resto los guardó en el refrigerador para futuros almuerzos y cenas.

Pasaron días y el fétido olor se asomaba en el aire. Sagawa tenía que deshacerse de lo que quedaba del cuerpo. Fue entonces que colocó los pedazos en dos maletas. Tomó un taxi y llegó hasta Bois de Boulogne, un parque que se encontraba en las orillas de París.

Una vez que descendió del auto, se dirigió al lago para arrojar las dos valijas. Aunque no reparó que había sido visto por una pareja, hasta concluir la hazaña. Ante la embarazosa circunstancia el caníbal corrió. Este comportamiento inusual fue denunciado a la policía.

Al tercer día el antropófago fue detenido. Estuvo por un breve lapso en prisión porque tras un análisis psicológico, fue declarado como demente e idiota, y las autoridades penitenciarias determinaron enviarlo al nosocomio Paul Guiraud.

Y sí queridos lectores, la vida está llena de sorpresas. Sagawa libró de igual manera la reclusión en una institución para enfermos mentales. Un diagnóstico erróneo resolvió que tenía encefalitis avanzada, por lo que el equipo médico le pronosticaba pocas semanas de vida. Cuando en realidad solo tenía una inflamación intestinal.

Su padre, Akira Sagawa, un hombre poderoso y con influencias consiguió que el caníbal moribundo fuera trasladado a Tokio a otro centro mental pero tan pronto arribó, tan veloz voló.

Lo paradójico de todo es que cuando Issei Sagawa salió de vuelta al mundo exterior, los medios de comunicación en Japón lo postularon como una gran celebridad. El rostro de Issei y la seducción de su personalidad enamoró a propios y extraños.

El morbo y la curiosidad del público lo catapultó en documentales, revistas y películas en las que se recreaba el crimen. En algunos programas se le veía tras la pantalla comiendo carne animal o realizando bromas sobre canibalismo.

Incluso pintó sobre óleo a mujeres y sus obras llegaron a venderse en el mercado internacional. Asimismo, escribió 20 libros y un cómic donde abordaba el tema de la antropofagia.

// “Too much blood” //

Los amantes de los Rolling Stones deben saber que en 1983, en el álbum Undercover se incluyó una canción titulada “too much blood”. La melodía escrita por Mick Jagger y Keith Richards está inspirada en Issei Sagawa, el caníbal japonés.

Y si se preguntan dónde está y qué ha sido del famoso Sagawa, debo informar que en el actualidad tiene 72 años, está postrado en una silla de ruedas y vive en los suburbios de Tokio bajo los cuidados de su hermano Jun.

Mucho antes de que tuviera un infarto cerebral, en 2012, Issei declaró en una entrevista con cierto tono de cinismo: “comer y ser comido es lo mismo para mí. Siempre sueño con ser devorado por una hermosa mujer blanca”.