/ lunes 11 de mayo de 2020

Responsabilidades

La semana pasada, un grupo de jóvenes en Cuautla atacaron a personas que transitaban por las calles del centro con el objetivo de presionarlos a quedarse en casa. Con cables y cinturones persiguieron a los civiles mientras que, a gritos, les exigian regresar a sus hogares.

Este fenómeno comparte su origen con el de muchos actos antisociales que se detonan en contextos de incertidumbre y estrés colectivo: el pánico. En este caso, el uso de la violencia como mecanismo de coerción social para prevenir el contagio se deriva de un miedo colectivo por formar parte del creciente número de personas contagiadas de Covid-19. Cuando el terror nos ataca y nos vence, actuamos con los ojos vendados.

Sin embargo, las causantes de este comportamiento no excusan sus consecuencias. La violencia no puede ser tolerada. El reto al que hoy nos enfrentamos es grande y los esfuerzos para superarlo comienzan desde la individualidad y trascienden hasta la colectividad. No permitamos que el miedo saque lo peor de nosotros, no permitamos que nos divida.

Asimismo, el contexto en el que vivimos exige la solidaridad de todas y todos. Esta nos permitirá comprender como sociedad que quienes tienen la posibilidad de quedarse en casa mientras dure la contingencia deben hacerlo, no solo como un acto de cuidado personal y hacia sus círculos cercanos, sino como una responsabilidad con el resto de la sociedad que, por diversas razones, se ve obligado a salir de sus hogares.

A propósito de nuestra responsabilidad social, hoy más que nunca es necesario reforzar nuestros lazos como comunidad. Hay que evitar realizar acciones que perjudiquen, directa o indirectamente, a nuestra gente. Esto va desde las agresiones física a transeuntes, hasta el no seguir las medidas de prevención de contagio, difundir información falsa, realizar compras de pánico que dejen a las personas en posición de desventaja sin productos de primera necesidad o, incluso, adquirir articulos de protección contra el contagio para después venderlos a precios más elevados. Lucrar con la tragedia es un acto despreciable.

Las y los morelenses compartimos una misma historia y cultura, nacimos de la misma tierra por la que nuestro general Zapata alguna vez luchó y gozamos de los mismos manjares que compartiron cuna con nuestro paladar. Mostremos una vez más la fortaleza que nos caracteriza como morelenses y como mexicanos. Hoy, la amenaza que enfrentamos es invisible para el ojo desnudo; sin embargo, esto no la hace menos real, tenemos que enfrentarla haciendo un esfuerzo extraordinario por permanecer en casa, seguir las medidas de sanidad y prevenir nuevos contagios.

No olvidemos que estamos en esto juntos y que solo esta unidad (desde la distancia) nos permitirá salir de esta emergencia con la frente arriba y más fuertes. Vamos todas y todos, vamos juntos. Vamos fuertes y debemos ir seguros.

Basta de bromas

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial de la Cruz Roja, fecha en que celebramos a esta organización por sus labores humanitarias desde una postura neutral para auxiliar a las personas afectadas por desastres naturales o conflictos bélicos. Asimismo, esa fecha nos dio una razón más para celebrar y agradecer el arduo labor que las personas que trabajan en el sector salud realizan día con día.

Aunado a los aplausos y a seguir las medidas de prevención de contagio, tenemos una deuda de trabajo pendiente como sociedad hacia las y los hérores que a diario se la rifan por nuestra salud y seguridad: el tomar con seriedad las herramientas disponibles para solicitar ayuda del personal de emergencia.

Para dar cuenta de ello, vale la pena revisar la Estadística nacional de llamadas de emergencia al número único 9-1-1 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), donde se señala que de enero a marzo del año en curso, las llamadas de broma por niños y las de jóvenes/adultos jugando a nivel nacional ascienden, en conjunto, a más de 2 millones y el porcentaje de llamadas procedentes en el estado de Morelos es de apenas 20.1%, casi 3 puntos porcentuales menor a la media nacional. Es decir, que de cada 10 llamadas al 9-1-1, tan solo dos son realizadas correctamente.

No podemos tomar a juego, en este o en cualquier otro contexto, a nuestras fuerzas de atención a emergencia, quienes día con día arriesgan sus vidas buscando que nosotros estemos sanos y salvos. Las llamadas falsas cuestan recursos, tiempo y esfuerzo que podría ser utilizado para atender emergencias reales y, por ello, cuestan vidas.


Senadora por Morelos

Redes sociales: @LuciaMezaGzm

La semana pasada, un grupo de jóvenes en Cuautla atacaron a personas que transitaban por las calles del centro con el objetivo de presionarlos a quedarse en casa. Con cables y cinturones persiguieron a los civiles mientras que, a gritos, les exigian regresar a sus hogares.

Este fenómeno comparte su origen con el de muchos actos antisociales que se detonan en contextos de incertidumbre y estrés colectivo: el pánico. En este caso, el uso de la violencia como mecanismo de coerción social para prevenir el contagio se deriva de un miedo colectivo por formar parte del creciente número de personas contagiadas de Covid-19. Cuando el terror nos ataca y nos vence, actuamos con los ojos vendados.

Sin embargo, las causantes de este comportamiento no excusan sus consecuencias. La violencia no puede ser tolerada. El reto al que hoy nos enfrentamos es grande y los esfuerzos para superarlo comienzan desde la individualidad y trascienden hasta la colectividad. No permitamos que el miedo saque lo peor de nosotros, no permitamos que nos divida.

Asimismo, el contexto en el que vivimos exige la solidaridad de todas y todos. Esta nos permitirá comprender como sociedad que quienes tienen la posibilidad de quedarse en casa mientras dure la contingencia deben hacerlo, no solo como un acto de cuidado personal y hacia sus círculos cercanos, sino como una responsabilidad con el resto de la sociedad que, por diversas razones, se ve obligado a salir de sus hogares.

A propósito de nuestra responsabilidad social, hoy más que nunca es necesario reforzar nuestros lazos como comunidad. Hay que evitar realizar acciones que perjudiquen, directa o indirectamente, a nuestra gente. Esto va desde las agresiones física a transeuntes, hasta el no seguir las medidas de prevención de contagio, difundir información falsa, realizar compras de pánico que dejen a las personas en posición de desventaja sin productos de primera necesidad o, incluso, adquirir articulos de protección contra el contagio para después venderlos a precios más elevados. Lucrar con la tragedia es un acto despreciable.

Las y los morelenses compartimos una misma historia y cultura, nacimos de la misma tierra por la que nuestro general Zapata alguna vez luchó y gozamos de los mismos manjares que compartiron cuna con nuestro paladar. Mostremos una vez más la fortaleza que nos caracteriza como morelenses y como mexicanos. Hoy, la amenaza que enfrentamos es invisible para el ojo desnudo; sin embargo, esto no la hace menos real, tenemos que enfrentarla haciendo un esfuerzo extraordinario por permanecer en casa, seguir las medidas de sanidad y prevenir nuevos contagios.

No olvidemos que estamos en esto juntos y que solo esta unidad (desde la distancia) nos permitirá salir de esta emergencia con la frente arriba y más fuertes. Vamos todas y todos, vamos juntos. Vamos fuertes y debemos ir seguros.

Basta de bromas

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial de la Cruz Roja, fecha en que celebramos a esta organización por sus labores humanitarias desde una postura neutral para auxiliar a las personas afectadas por desastres naturales o conflictos bélicos. Asimismo, esa fecha nos dio una razón más para celebrar y agradecer el arduo labor que las personas que trabajan en el sector salud realizan día con día.

Aunado a los aplausos y a seguir las medidas de prevención de contagio, tenemos una deuda de trabajo pendiente como sociedad hacia las y los hérores que a diario se la rifan por nuestra salud y seguridad: el tomar con seriedad las herramientas disponibles para solicitar ayuda del personal de emergencia.

Para dar cuenta de ello, vale la pena revisar la Estadística nacional de llamadas de emergencia al número único 9-1-1 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), donde se señala que de enero a marzo del año en curso, las llamadas de broma por niños y las de jóvenes/adultos jugando a nivel nacional ascienden, en conjunto, a más de 2 millones y el porcentaje de llamadas procedentes en el estado de Morelos es de apenas 20.1%, casi 3 puntos porcentuales menor a la media nacional. Es decir, que de cada 10 llamadas al 9-1-1, tan solo dos son realizadas correctamente.

No podemos tomar a juego, en este o en cualquier otro contexto, a nuestras fuerzas de atención a emergencia, quienes día con día arriesgan sus vidas buscando que nosotros estemos sanos y salvos. Las llamadas falsas cuestan recursos, tiempo y esfuerzo que podría ser utilizado para atender emergencias reales y, por ello, cuestan vidas.


Senadora por Morelos

Redes sociales: @LuciaMezaGzm

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