/ sábado 16 de mayo de 2020

Reinventarse o morir. El reto de los sistemas de agua y saneamiento en México

Incluso antes de la pandemia por el coronavirus, el suministro de agua y saneamiento en México ya enfrentaba retos muy importantes:

Uno, el agua no llega a los hogares, o al menos no todos los días o las veinticuatro horas del día; dos, la población no confía en la calidad del agua que recibe por la red; y tres, no se está dando tratamiento a las aguas residuales. Además, cada año hay menos disponibilidad natural, más demanda y más contaminación.

Hoy, la pandemia del coronavirus que vivimos ha puesto a los sistemas de agua bajo una presión creciente para continuar prestando este servicio crítico, porque el suministro de agua es un servicio esencial para enfrentar la emergencia por el COVID-19.

Si bien en la mayoría de las comunidades (que ya desde antes no tenían un suministro de agua confiable) los gobiernos respondieron aumentando el suministro a través de camiones cisterna, el transporte de agua en pipas es ineficiente y costoso, es una medida temporal, insostenible en el largo plazo. Por lo tanto, es fundamental que los sistemas de agua y saneamiento mejoren la eficiencia de sus operaciones. Y deben hacerlo en un escenario de crisis financiera.

Dadas las proyecciones económicas que se derivan de la pandemia, es de esperar que los ingresos, ya de por sí insuficientes, disminuyan aún más. Si bien las proyecciones de crecimiento del PIB lo ubican en un rango de -6 a -8%, mis estimaciones indican que los ingresos de los organismos de agua y saneamiento disminuirán alrededor de un 30%. Son dos las razones: una, que a la fecha ya se han perdido mas de 700 mil empleos formales desde marzo, y si se consideran una cantidad semejante de empleos informales, es de esperarse que el número de morosos se incremente significativamente; y dos, son los usuarios comerciales e industriales (no los residenciales) los que aportan el mayor porcentaje de ingresos a los sistemas, al estar cerrados, el consumo de estos usuarios bajó, pero los ingresos de los organismos también, además, habrá que considerar que muchos de estos negocios o empresas ya no abrirán, o que muchos han quedado en una situación de insolvencia que los llevará a declararse en moratoria.

Por otra parte, los costos han aumentado desproporcionadamente, especialmente la energía eléctrica. Y para terminar con este sombrío panorama para los sistemas de agua y saneamiento, los subsidios federales han disminuido en mas de un 90% en los últimos años.

El único camino es trabajar en incrementar las eficiencias, son muy bajas. Los sistemas de agua en el país pierden el 45% del agua en fugas; y uno de cada cuatro usuarios no paga su recibo de agua. Las tarifas están sumamente rezagadas, en muchos lugares ni siquiera se han ido actualizando con la inflación desde hace años. Además, el agua es el recurso que las personas pagan al final, porque el corte del servicio por falta de pago no es una práctica tan común como si lo es el corte de otros servicios como la energía eléctrica, la telefonía, la televisión por cable, entre otros.

Todo lo anterior ha provocado que el 99% de los organismos del país operen con márgenes negativos. No tienen ingresos suficientes para dar una adecuada operación, mantenimiento y reemplazo a la infraestructura, lo que ha traído un deterioro gradual y progresivo de las redes, con pérdidas físicas cada vez mayores y altos niveles de agua producida que no genera ingresos; un suministro poco confiable, con un déficit aún más significativo durante los períodos secos del año; y una cada vez más baja eficiencia electromecánica de los equipos, lo que, combinado con las prácticas actuales de operación y los altos costos de energía, han aumentado significativamente los costos operativos.

Esta pandemia, como toda crisis, es un riesgo y una oportunidad para los sistemas de agua y saneamiento en México, pueden reinventarse… o morir.

Incluso antes de la pandemia por el coronavirus, el suministro de agua y saneamiento en México ya enfrentaba retos muy importantes:

Uno, el agua no llega a los hogares, o al menos no todos los días o las veinticuatro horas del día; dos, la población no confía en la calidad del agua que recibe por la red; y tres, no se está dando tratamiento a las aguas residuales. Además, cada año hay menos disponibilidad natural, más demanda y más contaminación.

Hoy, la pandemia del coronavirus que vivimos ha puesto a los sistemas de agua bajo una presión creciente para continuar prestando este servicio crítico, porque el suministro de agua es un servicio esencial para enfrentar la emergencia por el COVID-19.

Si bien en la mayoría de las comunidades (que ya desde antes no tenían un suministro de agua confiable) los gobiernos respondieron aumentando el suministro a través de camiones cisterna, el transporte de agua en pipas es ineficiente y costoso, es una medida temporal, insostenible en el largo plazo. Por lo tanto, es fundamental que los sistemas de agua y saneamiento mejoren la eficiencia de sus operaciones. Y deben hacerlo en un escenario de crisis financiera.

Dadas las proyecciones económicas que se derivan de la pandemia, es de esperar que los ingresos, ya de por sí insuficientes, disminuyan aún más. Si bien las proyecciones de crecimiento del PIB lo ubican en un rango de -6 a -8%, mis estimaciones indican que los ingresos de los organismos de agua y saneamiento disminuirán alrededor de un 30%. Son dos las razones: una, que a la fecha ya se han perdido mas de 700 mil empleos formales desde marzo, y si se consideran una cantidad semejante de empleos informales, es de esperarse que el número de morosos se incremente significativamente; y dos, son los usuarios comerciales e industriales (no los residenciales) los que aportan el mayor porcentaje de ingresos a los sistemas, al estar cerrados, el consumo de estos usuarios bajó, pero los ingresos de los organismos también, además, habrá que considerar que muchos de estos negocios o empresas ya no abrirán, o que muchos han quedado en una situación de insolvencia que los llevará a declararse en moratoria.

Por otra parte, los costos han aumentado desproporcionadamente, especialmente la energía eléctrica. Y para terminar con este sombrío panorama para los sistemas de agua y saneamiento, los subsidios federales han disminuido en mas de un 90% en los últimos años.

El único camino es trabajar en incrementar las eficiencias, son muy bajas. Los sistemas de agua en el país pierden el 45% del agua en fugas; y uno de cada cuatro usuarios no paga su recibo de agua. Las tarifas están sumamente rezagadas, en muchos lugares ni siquiera se han ido actualizando con la inflación desde hace años. Además, el agua es el recurso que las personas pagan al final, porque el corte del servicio por falta de pago no es una práctica tan común como si lo es el corte de otros servicios como la energía eléctrica, la telefonía, la televisión por cable, entre otros.

Todo lo anterior ha provocado que el 99% de los organismos del país operen con márgenes negativos. No tienen ingresos suficientes para dar una adecuada operación, mantenimiento y reemplazo a la infraestructura, lo que ha traído un deterioro gradual y progresivo de las redes, con pérdidas físicas cada vez mayores y altos niveles de agua producida que no genera ingresos; un suministro poco confiable, con un déficit aún más significativo durante los períodos secos del año; y una cada vez más baja eficiencia electromecánica de los equipos, lo que, combinado con las prácticas actuales de operación y los altos costos de energía, han aumentado significativamente los costos operativos.

Esta pandemia, como toda crisis, es un riesgo y una oportunidad para los sistemas de agua y saneamiento en México, pueden reinventarse… o morir.

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