Daniel Martínez

  / lunes 9 de diciembre de 2019

Polariza que algo queda...

El discurso de Andrés Manuel López Obrador, y el de su versión morelense, es de una profunda polarización. Funcionó durante muchos años para posicionar al hoy presidente de la República como líder político e ideológico, y funcionó también por varios meses en Morelos para hacer que Cuauhtémoc Blanco fuera concebido por la mayoría como la única alternativa de gobierno. Se trataba, según apunta el sentido común, de crear una percepción de diferencia con otras opciones políticas, pero también de presentarse como la única opción moral, correcta, en el mercado político en una añoranza decimonónica que invariablemente acaba en una exclusión polarizadora, autoritaria siempre.

En el plano federal la discriminación inicia desde temprano en la mañana, hay señalamientos, calificativos, epítetos que serán respondidos o no a través del día por aquellos a quienes refiere. En lo local, en cambio, la estrategia es mucho más rudimentaria, frente a cualquier estímulo, en las redes sociales se responde con ataques puntuales contra actores políticos diversos, en el transcurso de la semana, Cuauhtémoc Blanco o algún funcionario con el mismo contenido discursivo, habrán de rematar los señalamientos. Esta práctica la han padecido lo mismo diputados que presidentes municipales a quienes se considera como enemigos del gobernador o de alguno de sus funcionarios de mayor confianza. En los ayuntamientos y en los propios despachos de los legisladores no se cuenta con la capacidad de contrarrestar los embates lo que provoca una excesiva cautela, por una parte, y un enojo constante que dificulta la relación con el gobierno estatal que, en casi todos los casos, se mantiene en el ámbito de lo indispensable.

“Las cuentas de redes sociales que maneja el gobierno de forma extraoficial son las que nos atacan más y demuestran además que no hay intención de construir acuerdos o de trabajar en conjunto”, nos dice uno de los asesores de comunicación cuyos clientes han enfrentado una constante de ataques con noticias falsas, verdades a medias y acusaciones sin sustento.

Probablemente este escenario de polarización sea el que ha llevado a algunos munícipes a manejar un bajísimo perfil y a otros a plantear la urgencia de reunirse con el gobernador, y sólo con él, para construir acuerdos al margen del aparato de gobierno al que consideran profundamente hostil. También sería la explicación más obvia de la polarización que en Morelos enfrenta a los cuadros políticos de Morena con el gobierno estatal, en una pugna tras bambalinas.

El asunto sería irrelevante, de no ser porque esa polarización ha mantenido un gobierno roto minando su capacidad de respuesta a los problemas del estado. La falta de coordinación en capítulos tan elementales como el desarrollo, la obra pública y, por supuesto, la seguridad pública y prevención del delito, son los grandes pendientes en los ayuntamientos y el gobierno estatal y es provocada, particularmente, por la búsqueda de anulación de esos a quienes se percibe como contrarios. La lucha por espacios simbólicos ha provocado la nulidad de las acciones instrumentales.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

El discurso de Andrés Manuel López Obrador, y el de su versión morelense, es de una profunda polarización. Funcionó durante muchos años para posicionar al hoy presidente de la República como líder político e ideológico, y funcionó también por varios meses en Morelos para hacer que Cuauhtémoc Blanco fuera concebido por la mayoría como la única alternativa de gobierno. Se trataba, según apunta el sentido común, de crear una percepción de diferencia con otras opciones políticas, pero también de presentarse como la única opción moral, correcta, en el mercado político en una añoranza decimonónica que invariablemente acaba en una exclusión polarizadora, autoritaria siempre.

En el plano federal la discriminación inicia desde temprano en la mañana, hay señalamientos, calificativos, epítetos que serán respondidos o no a través del día por aquellos a quienes refiere. En lo local, en cambio, la estrategia es mucho más rudimentaria, frente a cualquier estímulo, en las redes sociales se responde con ataques puntuales contra actores políticos diversos, en el transcurso de la semana, Cuauhtémoc Blanco o algún funcionario con el mismo contenido discursivo, habrán de rematar los señalamientos. Esta práctica la han padecido lo mismo diputados que presidentes municipales a quienes se considera como enemigos del gobernador o de alguno de sus funcionarios de mayor confianza. En los ayuntamientos y en los propios despachos de los legisladores no se cuenta con la capacidad de contrarrestar los embates lo que provoca una excesiva cautela, por una parte, y un enojo constante que dificulta la relación con el gobierno estatal que, en casi todos los casos, se mantiene en el ámbito de lo indispensable.

“Las cuentas de redes sociales que maneja el gobierno de forma extraoficial son las que nos atacan más y demuestran además que no hay intención de construir acuerdos o de trabajar en conjunto”, nos dice uno de los asesores de comunicación cuyos clientes han enfrentado una constante de ataques con noticias falsas, verdades a medias y acusaciones sin sustento.

Probablemente este escenario de polarización sea el que ha llevado a algunos munícipes a manejar un bajísimo perfil y a otros a plantear la urgencia de reunirse con el gobernador, y sólo con él, para construir acuerdos al margen del aparato de gobierno al que consideran profundamente hostil. También sería la explicación más obvia de la polarización que en Morelos enfrenta a los cuadros políticos de Morena con el gobierno estatal, en una pugna tras bambalinas.

El asunto sería irrelevante, de no ser porque esa polarización ha mantenido un gobierno roto minando su capacidad de respuesta a los problemas del estado. La falta de coordinación en capítulos tan elementales como el desarrollo, la obra pública y, por supuesto, la seguridad pública y prevención del delito, son los grandes pendientes en los ayuntamientos y el gobierno estatal y es provocada, particularmente, por la búsqueda de anulación de esos a quienes se percibe como contrarios. La lucha por espacios simbólicos ha provocado la nulidad de las acciones instrumentales.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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