/ martes 26 de octubre de 2021

Pobreza y Sinergia

Existe un generalizado consenso respecto a que en los últimos dos años la pandemia ha influido negativamente en la economía de las familias y que la recuperación no será tan rápida como todos desearíamos. Al temor inicial al contagio siguió una actitud esperanzadora de oportunidades alternativas en todos los ámbitos de la vida, lo que detonó el aprovechamiento de las tecnologías de la comunicación y la información (TIC´s) para atender las necesidades de bienes y servicios, así como el reinicio receloso de la actividad comercial. Vimos surgir infinidad de iniciativas. A lo anterior siguió la expectativa de las vacunas con una gran carga de prejuicios respecto a su eficacia, se inventaron cientos de historias frente al escaso conocimiento científico del letal virus; a pesar de ello, la vacunación ha ido en aumento. El siguiente paso fue mas crudo: morir de covid-19 o morir de hambre, así de dramático, lo que llevo al reinicio generalizado de actividades incrementándose sensiblemente la movilidad y la actividad productiva. Lo anterior también evidenció que la pobreza iba en aumento.

Uno de los indicadores de pobreza, además del CONEVAL, los ofrece INEGI con las publicaciones periódicas de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de las cuales la última edición fue publicada el pasado lunes. De acuerdo con sus cifras, al mes de septiembre hubo una recuperación de la actividad económica manifestada en la generación de empleos comparada con el 2020. La Población Económicamente Activa (PEA) paso de 56.6 a 57.5 millones de personas ocupadas en números gruesos, un 2.7%, cifras que son prácticamente similares entre hombres y mujeres, es decir, ambos sexos han obtenido nuevos empleos. Indicador que en cierta medida resulta alentador e incide si no en la disminución de la pobreza, si en el respiro para continuar la vida.

Hay que destacar que fue en el sector terciario donde mayor crecimiento se tuvo. De los casi 4 millones de empleos nuevos 3.4 correspondieron a este sector, representando un 80.9%. De los cuales, los correspondientes a los sectores de comercio, restaurantes y alojamiento, y servicios profesionales, financieros y corporativos fueron los más socorridos. Para darnos una idea de la calidad de los empleos generados, hay que decir que el grueso de ellos estuvo en ingresos de hasta 2 salarios mínimos (más del 90%), insuficientes por supuesto para aumentar la calidad de vida de las personas, indicándonos una de las aristas de la problemática de la pobreza.

Aunado a lo anterior, las jornadas de trabajo semanales han sido generalmente elevadas en el desarrollo de las tareas laborales, alcanzando porcentajes de mas del 95% quienes tienen que laborar de 35 a más de 48 horas. Identificando que las unidades económicas mayoritarias son no agropecuarias y dentro de estas, la mayoría son o micro negocios o pequeños establecimientos. El indicador de informalidad registrada señala la encuesta, aumentó alcanzando 56.2%.

En Morelos, a reserva de comentar los datos actualizados cuando se encuentren disponibles, al segundo trimestre del año, el sector primario aporta el mayor porcentaje al PIB (66.1%), el comercio al pormenor destaca con mayor número de unidades económicas (42.4%), al primer trimestre de este año la Población Económicamente Activa (PEA) era del 52.4%, ocupada en el sector terciario principalmente (55%).

El compromiso para coadyuvar en la disminución de la pobreza debe pasar por la visión multidimensional que se registra consensuada en todo el país, en cuanto a la calidad de vida, principalmente medida en indicadores de rezago social comentados en mi anterior entrega. Como parte de la comisión de la Agenda 2030, estaré proponiendo una serie de medidas que abonen a disminuir dicho rezago, en el entendido que a ello deben sumarse todos los niveles de gobierno, así como la sociedad en su conjunto. El abatimiento de la pobreza no es solo de atención parcial sino total, de ahí la necesidad de fortalecer sinergias productivas, ¿cómo hacerlo? Lo comentamos en la próxima. Buena semana.

Existe un generalizado consenso respecto a que en los últimos dos años la pandemia ha influido negativamente en la economía de las familias y que la recuperación no será tan rápida como todos desearíamos. Al temor inicial al contagio siguió una actitud esperanzadora de oportunidades alternativas en todos los ámbitos de la vida, lo que detonó el aprovechamiento de las tecnologías de la comunicación y la información (TIC´s) para atender las necesidades de bienes y servicios, así como el reinicio receloso de la actividad comercial. Vimos surgir infinidad de iniciativas. A lo anterior siguió la expectativa de las vacunas con una gran carga de prejuicios respecto a su eficacia, se inventaron cientos de historias frente al escaso conocimiento científico del letal virus; a pesar de ello, la vacunación ha ido en aumento. El siguiente paso fue mas crudo: morir de covid-19 o morir de hambre, así de dramático, lo que llevo al reinicio generalizado de actividades incrementándose sensiblemente la movilidad y la actividad productiva. Lo anterior también evidenció que la pobreza iba en aumento.

Uno de los indicadores de pobreza, además del CONEVAL, los ofrece INEGI con las publicaciones periódicas de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de las cuales la última edición fue publicada el pasado lunes. De acuerdo con sus cifras, al mes de septiembre hubo una recuperación de la actividad económica manifestada en la generación de empleos comparada con el 2020. La Población Económicamente Activa (PEA) paso de 56.6 a 57.5 millones de personas ocupadas en números gruesos, un 2.7%, cifras que son prácticamente similares entre hombres y mujeres, es decir, ambos sexos han obtenido nuevos empleos. Indicador que en cierta medida resulta alentador e incide si no en la disminución de la pobreza, si en el respiro para continuar la vida.

Hay que destacar que fue en el sector terciario donde mayor crecimiento se tuvo. De los casi 4 millones de empleos nuevos 3.4 correspondieron a este sector, representando un 80.9%. De los cuales, los correspondientes a los sectores de comercio, restaurantes y alojamiento, y servicios profesionales, financieros y corporativos fueron los más socorridos. Para darnos una idea de la calidad de los empleos generados, hay que decir que el grueso de ellos estuvo en ingresos de hasta 2 salarios mínimos (más del 90%), insuficientes por supuesto para aumentar la calidad de vida de las personas, indicándonos una de las aristas de la problemática de la pobreza.

Aunado a lo anterior, las jornadas de trabajo semanales han sido generalmente elevadas en el desarrollo de las tareas laborales, alcanzando porcentajes de mas del 95% quienes tienen que laborar de 35 a más de 48 horas. Identificando que las unidades económicas mayoritarias son no agropecuarias y dentro de estas, la mayoría son o micro negocios o pequeños establecimientos. El indicador de informalidad registrada señala la encuesta, aumentó alcanzando 56.2%.

En Morelos, a reserva de comentar los datos actualizados cuando se encuentren disponibles, al segundo trimestre del año, el sector primario aporta el mayor porcentaje al PIB (66.1%), el comercio al pormenor destaca con mayor número de unidades económicas (42.4%), al primer trimestre de este año la Población Económicamente Activa (PEA) era del 52.4%, ocupada en el sector terciario principalmente (55%).

El compromiso para coadyuvar en la disminución de la pobreza debe pasar por la visión multidimensional que se registra consensuada en todo el país, en cuanto a la calidad de vida, principalmente medida en indicadores de rezago social comentados en mi anterior entrega. Como parte de la comisión de la Agenda 2030, estaré proponiendo una serie de medidas que abonen a disminuir dicho rezago, en el entendido que a ello deben sumarse todos los niveles de gobierno, así como la sociedad en su conjunto. El abatimiento de la pobreza no es solo de atención parcial sino total, de ahí la necesidad de fortalecer sinergias productivas, ¿cómo hacerlo? Lo comentamos en la próxima. Buena semana.

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