/ martes 23 de noviembre de 2021

Pobreza y Mujer

Durante el siglo XX la familia sufrió transformaciones significativas, dentro de los muchos cambios uno, particularmente, ha resultado sensiblemente delicado: la ausencia del padre como jefe de familia. Efectivamente, no solo las mujeres ascendieron a condición de sujeto político, alcanzando espacios cada vez mayores en la función pública; también ascendieron a la condición de encabezar sus propias familias convirtiéndose en lo que se ha venido identificando coloquialmente como “jefas de familia”, debido a que su ingreso es el principal sostén económico. Es de todos conocido que diversas comunidades, particularmente rurales, la presencia de la figura masculina es escasa ya que muchos de los jefes de familia, buscando mejores condiciones de vida para sus familias, emigraron a estados unidos o a otros estados del país, con la consecuencia de que los hogares hayan quedado integrados con solo la madre y los hijos (niños, adolescentes o jóvenes). Este es tan solo un ejemplo de tan común comportamiento en las familias morelenses. Ni que decir de aquellos casos, más dramáticos, en los que quedando una mujer embarazada debe lidiar con el abandono de su pareja quien no quiere hacerse responsable de su hijo.

Al año 2020 en Morelos, en promedio, el 34.87% de los hogares tienen “jefatura femenina”, siendo Cuernavaca el municipio con mayor porcentaje (38.50%) y Tlalnepantla con el menor porcentaje (20.44%). Es característico que los municipios más urbanizados tengan porcentajes más elevados respecto de los rurales. De igual manera, en cierta medida, hombres o mujeres adultos mayores terminan por ser responsables de familias cuyos padres han debido emigrar.

Este fenómeno es una de las causas de pobreza debido a que como sabemos, las mujeres generalmente en trabajo igual al que desempeña el hombre, recibe menor sueldo o salario. Debiendo buscar más de un empleo para cubrir el sustento de su familia. De manera general, se ha reconocido que la falta de autonomía financiera de la mujer le origina diversas vulnerabilidades. En el estado, el 43.13% de la población económicamente activa es mujer, empleada generalmente en el comercio informal y con dificultades para acceder a jubilaciones o pensiones debido a su incorporación tardía al mercado laborar con prestaciones obligatorias. Resulta pues importante, atender este sector de la población que cada vez es mayor y que genera no solo pobreza, sino también, desintegración familiar, perdida de valores, entre otros problemas.

La agenda 2030, tiene el mayor compromiso con la mujer, dada las responsabilidades que deben afrontar sin el apoyo de la figura paterna; urge respaldar a sector tan significativo. Y aún cuando el programa de apoyo a jefas de familia del gobierno federal, coadyuva al bienestar, es indispensable atender con legislación para subsanar los rezagos existentes. El primer punto del acuerdo que propongo impulsar va dirigido a este rubro. De la revisión a la normatividad estaré impulsando lo pertinente para cerrar la brecha existente. Que tengan buena semana.

Durante el siglo XX la familia sufrió transformaciones significativas, dentro de los muchos cambios uno, particularmente, ha resultado sensiblemente delicado: la ausencia del padre como jefe de familia. Efectivamente, no solo las mujeres ascendieron a condición de sujeto político, alcanzando espacios cada vez mayores en la función pública; también ascendieron a la condición de encabezar sus propias familias convirtiéndose en lo que se ha venido identificando coloquialmente como “jefas de familia”, debido a que su ingreso es el principal sostén económico. Es de todos conocido que diversas comunidades, particularmente rurales, la presencia de la figura masculina es escasa ya que muchos de los jefes de familia, buscando mejores condiciones de vida para sus familias, emigraron a estados unidos o a otros estados del país, con la consecuencia de que los hogares hayan quedado integrados con solo la madre y los hijos (niños, adolescentes o jóvenes). Este es tan solo un ejemplo de tan común comportamiento en las familias morelenses. Ni que decir de aquellos casos, más dramáticos, en los que quedando una mujer embarazada debe lidiar con el abandono de su pareja quien no quiere hacerse responsable de su hijo.

Al año 2020 en Morelos, en promedio, el 34.87% de los hogares tienen “jefatura femenina”, siendo Cuernavaca el municipio con mayor porcentaje (38.50%) y Tlalnepantla con el menor porcentaje (20.44%). Es característico que los municipios más urbanizados tengan porcentajes más elevados respecto de los rurales. De igual manera, en cierta medida, hombres o mujeres adultos mayores terminan por ser responsables de familias cuyos padres han debido emigrar.

Este fenómeno es una de las causas de pobreza debido a que como sabemos, las mujeres generalmente en trabajo igual al que desempeña el hombre, recibe menor sueldo o salario. Debiendo buscar más de un empleo para cubrir el sustento de su familia. De manera general, se ha reconocido que la falta de autonomía financiera de la mujer le origina diversas vulnerabilidades. En el estado, el 43.13% de la población económicamente activa es mujer, empleada generalmente en el comercio informal y con dificultades para acceder a jubilaciones o pensiones debido a su incorporación tardía al mercado laborar con prestaciones obligatorias. Resulta pues importante, atender este sector de la población que cada vez es mayor y que genera no solo pobreza, sino también, desintegración familiar, perdida de valores, entre otros problemas.

La agenda 2030, tiene el mayor compromiso con la mujer, dada las responsabilidades que deben afrontar sin el apoyo de la figura paterna; urge respaldar a sector tan significativo. Y aún cuando el programa de apoyo a jefas de familia del gobierno federal, coadyuva al bienestar, es indispensable atender con legislación para subsanar los rezagos existentes. El primer punto del acuerdo que propongo impulsar va dirigido a este rubro. De la revisión a la normatividad estaré impulsando lo pertinente para cerrar la brecha existente. Que tengan buena semana.

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