/ domingo 21 de junio de 2020

Para ganar batallas se necesitan balas pero también información

Durante la guerra los generales necesitan tener la mayor cantidad de información posible para la toma de decisiones estratégicas. Retrasos en conocer con precisión el número de fuerzas enemigas, su disposición y armamento pueden llevar a la derrota. Aprovechando las tecnologías de la información y comunicación ahora la información se obtiene de satélites o de señales de celulares o de videocámaras o de arcos inteligentes o de cualquier otro tipo de sensor que permita detectar cambios y movimientos.

Los generales que dirigen la guerra contra COVID-19 tienen las mismas necesidades. Es fundamental saber con toda precisión y oportunidad el avance del enemigo, qué territorios ocupa y su fuerza de ataque. También es importante saber si no desarrolló nuevas armas y, por supuesto, saber el número de bajas y muertes en nuestro ejército.

Para satisfacer esta necesidad el gobierno federal reclutó al sistema nacional de vigilancia epidemiológica SINAVE desde donde se desarrolla el monitoreo de 114 enfermedades infecciosas entre las que se encuentran el sarampión, el cólera y la poliomelitis. Este sistema consiste en una red de 20 mil unidades de atención a la salud cuya información fluye hasta la Dirección General de Epidemiología donde se le da seguimiento y desde donde se emiten las alertas correspondientes.

Dentro de este sistema se aplica un modelo llamado centinela implementado desde 2006 para el monitoreo de influenza a partir de los datos proporcionados por un subgrupo de 475 unidades de atención a la salud y que fue reclutado para la atención a la pandemia de COVID-19. Con esta información se da seguimiento al avance del enemigo pero desafortunadamente se subestima su fuerza porque se tomó la decisión de manera muy temprana en el brote de coronavirus de que solamente se iba a tomar muestra para diagnóstico de laboratorio a los enfermos hospitalizados y a uno de cada 10 enfermos con síntomas leves.

COVID-19 es una enfermedad muy diferente de la influenza en el sentido de que va a haber más portadores asintomáticos que enfermos y por lo tanto el modelo centinela sirve solamente para trazar el avance de la enfermedad pero no la intensidad del contagio el cual puede ser hasta 100 veces mayor.

Estamos acercándonos al final de la primera ola de la pandemia en Morelos, en cuestión de semanas llegaremos a un escenario de estabilización en la cual se reactivará la actividad económica y aunque no sabemos cual será el nivel de casos por semana de esta nueva etapa podemos predecir, sin duda alguna, que de no reforzarse las medidas preventivas estaremos muy pronto ante una segunda ola sin posibilidad real de volver al confinamiento estricto y por lo tanto en una extrema vulnerabilidad.

La mejor recomendación para la nueva etapa es la detección intencionada de casos asintomáticos para evitar el repunte de los casos. Sobre todo en sitios de trabajo donde se espera la mayor aglomeración de personas mientras no se abran los sitios de culto o escuelas, que son los otros dos focos de transmisión. Pero desafortunadamente la decisión del gobierno de Morelos es atenerse al tope de 350 pruebas por semana autorizado por el gobierno federal.

En este escenario y por el alto costo de las pruebas de laboratorio no nos quedará otra que protegernos parcialmente a nosotros mismos y a nuestras familias con medidas preventivas pero sin la posibilidad real de rastrear la red de contagios. Recordemos que seguimos en semáforo de riesgo rojo con más de 2 mil casos positivos y casi 400 deceso por COVID-19 en Morelos y eso implica que la batalla no ha acabado, mucho menos la guerra.

Durante la guerra los generales necesitan tener la mayor cantidad de información posible para la toma de decisiones estratégicas. Retrasos en conocer con precisión el número de fuerzas enemigas, su disposición y armamento pueden llevar a la derrota. Aprovechando las tecnologías de la información y comunicación ahora la información se obtiene de satélites o de señales de celulares o de videocámaras o de arcos inteligentes o de cualquier otro tipo de sensor que permita detectar cambios y movimientos.

Los generales que dirigen la guerra contra COVID-19 tienen las mismas necesidades. Es fundamental saber con toda precisión y oportunidad el avance del enemigo, qué territorios ocupa y su fuerza de ataque. También es importante saber si no desarrolló nuevas armas y, por supuesto, saber el número de bajas y muertes en nuestro ejército.

Para satisfacer esta necesidad el gobierno federal reclutó al sistema nacional de vigilancia epidemiológica SINAVE desde donde se desarrolla el monitoreo de 114 enfermedades infecciosas entre las que se encuentran el sarampión, el cólera y la poliomelitis. Este sistema consiste en una red de 20 mil unidades de atención a la salud cuya información fluye hasta la Dirección General de Epidemiología donde se le da seguimiento y desde donde se emiten las alertas correspondientes.

Dentro de este sistema se aplica un modelo llamado centinela implementado desde 2006 para el monitoreo de influenza a partir de los datos proporcionados por un subgrupo de 475 unidades de atención a la salud y que fue reclutado para la atención a la pandemia de COVID-19. Con esta información se da seguimiento al avance del enemigo pero desafortunadamente se subestima su fuerza porque se tomó la decisión de manera muy temprana en el brote de coronavirus de que solamente se iba a tomar muestra para diagnóstico de laboratorio a los enfermos hospitalizados y a uno de cada 10 enfermos con síntomas leves.

COVID-19 es una enfermedad muy diferente de la influenza en el sentido de que va a haber más portadores asintomáticos que enfermos y por lo tanto el modelo centinela sirve solamente para trazar el avance de la enfermedad pero no la intensidad del contagio el cual puede ser hasta 100 veces mayor.

Estamos acercándonos al final de la primera ola de la pandemia en Morelos, en cuestión de semanas llegaremos a un escenario de estabilización en la cual se reactivará la actividad económica y aunque no sabemos cual será el nivel de casos por semana de esta nueva etapa podemos predecir, sin duda alguna, que de no reforzarse las medidas preventivas estaremos muy pronto ante una segunda ola sin posibilidad real de volver al confinamiento estricto y por lo tanto en una extrema vulnerabilidad.

La mejor recomendación para la nueva etapa es la detección intencionada de casos asintomáticos para evitar el repunte de los casos. Sobre todo en sitios de trabajo donde se espera la mayor aglomeración de personas mientras no se abran los sitios de culto o escuelas, que son los otros dos focos de transmisión. Pero desafortunadamente la decisión del gobierno de Morelos es atenerse al tope de 350 pruebas por semana autorizado por el gobierno federal.

En este escenario y por el alto costo de las pruebas de laboratorio no nos quedará otra que protegernos parcialmente a nosotros mismos y a nuestras familias con medidas preventivas pero sin la posibilidad real de rastrear la red de contagios. Recordemos que seguimos en semáforo de riesgo rojo con más de 2 mil casos positivos y casi 400 deceso por COVID-19 en Morelos y eso implica que la batalla no ha acabado, mucho menos la guerra.

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