/ sábado 23 de octubre de 2021

Para darse un atascón

Algunos lo conocen como el Apantle, otros como el Arroyito, si lo buscas en Maps aparece como “el Apancle”, ubicado en la calle 5 de Mayo número 6 de la colonia Miguel Hidalgo del municipio de Temixco; pero como quiera que le llamen sirve unos de los mejores desayunos y comidas del rumbo desde hace más de dos décadas.

Su receta es muy básica: una explanada de cemento con techo de lámina junto al canalito, donde a lo mucho caben diez mesas que uno comparte con desconocidos, según se va llegando y con turnos estrictos.

A veces se debe aguardar con mucha paciencia hasta una hora para tener un asiento, pero según he escuchado y experimentado, al probar cada platillo, la espera vale cada minuto.

Al fondo, en un cuadrito de tres por tres está la cocina en la que dos señoras apretadas hacen magia para preparar todo lo que no está guisado.

En el pasillo, otra doña medio de mal carácter no deja de mover brazos y manos para echar tortillas sin parar para que nunca falten calientitas o doraditas, mientras se da tiempo para preparar sopes sencillos y quesadillas de Oaxaca para los más chocantes.

La carta no es tan amplia pero con eso basta: filete de pescado empanizado, caldo de mariscos, costilla, cecina, carne de puerco en salsa verde, huevos revueltos o -lo que piden muchos- huevos estrellados al comal sobre un par de tortillas.

Todo va acompañado de arroz, ensalada de lechuga con jitomate, un trozo de queso de cincho, una cucharada de crema de rancho y un tazoncito de frijoles de la olla.

Pero sin duda uno de los atractivos de la fonda, es que en cada mesa está el molcajete con salsa macha que conquista la panza de prácticamente todo el mundo. Para mí que no como picante es una tortura, pero ir al Apantle sin pegarte una enchiladota es como si no hubieras ido.

Al final o al inicio, según se antoje, está el café de la olla, el pan dulce o unos plátanos machos con crema que terminan de retacar el buche para que salgas rodando o en carretilla.

Cada que voy con alguien que no conoce, se sorprende de que a pesar de tantos años, los dueños no se han expandido, y la verdad es que seguramente no han querido, porque -al menos que yo sepa- tampoco tienen sucursales.

La verdad es que pasada la novedad uno le empieza a ver los defectos: esperas mucho y permaneces poco; la atención es apenas decente, las instalaciones muy por debajo de lo que uno desearía, las moscas revolotean pues el apantle las llama, y los precios, si bien no son caros tampoco es un lugar económico.

Pero como diría el clásico, la experiencia vale cada maldito centavo y sus respectivos sacrificios.

Para llegar al Apancle hay que bajar de la Autopista del Sol en la salida de las Brisas, seguir el rumbo hacia la ex hacienda de Temixco y pasar por debajo del puente como si fueras al municipio de Zapata. Tomas la callecita que está en la esquina del primer Oxxo que encuentras y sigues el camino por dos minutos hasta llegar a dónde ves a la gente formada… fácil. O pones Maps y te quitas de broncas. Abren de domingo a domingo de 8 de la mañana a 4 de la tarde y oarale de contar.


Algunos lo conocen como el Apantle, otros como el Arroyito, si lo buscas en Maps aparece como “el Apancle”, ubicado en la calle 5 de Mayo número 6 de la colonia Miguel Hidalgo del municipio de Temixco; pero como quiera que le llamen sirve unos de los mejores desayunos y comidas del rumbo desde hace más de dos décadas.

Su receta es muy básica: una explanada de cemento con techo de lámina junto al canalito, donde a lo mucho caben diez mesas que uno comparte con desconocidos, según se va llegando y con turnos estrictos.

A veces se debe aguardar con mucha paciencia hasta una hora para tener un asiento, pero según he escuchado y experimentado, al probar cada platillo, la espera vale cada minuto.

Al fondo, en un cuadrito de tres por tres está la cocina en la que dos señoras apretadas hacen magia para preparar todo lo que no está guisado.

En el pasillo, otra doña medio de mal carácter no deja de mover brazos y manos para echar tortillas sin parar para que nunca falten calientitas o doraditas, mientras se da tiempo para preparar sopes sencillos y quesadillas de Oaxaca para los más chocantes.

La carta no es tan amplia pero con eso basta: filete de pescado empanizado, caldo de mariscos, costilla, cecina, carne de puerco en salsa verde, huevos revueltos o -lo que piden muchos- huevos estrellados al comal sobre un par de tortillas.

Todo va acompañado de arroz, ensalada de lechuga con jitomate, un trozo de queso de cincho, una cucharada de crema de rancho y un tazoncito de frijoles de la olla.

Pero sin duda uno de los atractivos de la fonda, es que en cada mesa está el molcajete con salsa macha que conquista la panza de prácticamente todo el mundo. Para mí que no como picante es una tortura, pero ir al Apantle sin pegarte una enchiladota es como si no hubieras ido.

Al final o al inicio, según se antoje, está el café de la olla, el pan dulce o unos plátanos machos con crema que terminan de retacar el buche para que salgas rodando o en carretilla.

Cada que voy con alguien que no conoce, se sorprende de que a pesar de tantos años, los dueños no se han expandido, y la verdad es que seguramente no han querido, porque -al menos que yo sepa- tampoco tienen sucursales.

La verdad es que pasada la novedad uno le empieza a ver los defectos: esperas mucho y permaneces poco; la atención es apenas decente, las instalaciones muy por debajo de lo que uno desearía, las moscas revolotean pues el apantle las llama, y los precios, si bien no son caros tampoco es un lugar económico.

Pero como diría el clásico, la experiencia vale cada maldito centavo y sus respectivos sacrificios.

Para llegar al Apancle hay que bajar de la Autopista del Sol en la salida de las Brisas, seguir el rumbo hacia la ex hacienda de Temixco y pasar por debajo del puente como si fueras al municipio de Zapata. Tomas la callecita que está en la esquina del primer Oxxo que encuentras y sigues el camino por dos minutos hasta llegar a dónde ves a la gente formada… fácil. O pones Maps y te quitas de broncas. Abren de domingo a domingo de 8 de la mañana a 4 de la tarde y oarale de contar.


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