/ sábado 19 de septiembre de 2020

Para carnitas...las de Don Beto

Don Beto, que no es el mismo de la famosa Birria de Ocotepec, tiene una tradición familiar que lo respalda pero sobre todo, el buen oficio de tratar la carne como se merece para obtener un sabor atractivo ahí por los rumbos de Tlaltenango.

Según entiendo, la familia de Don Beto fue una de las artífices de la fama de un negocio noventero de mucho éxito que ofrecía carnitas bajo el sello de La Perla de Oro del Bajío, que se ubicó por muchos años en la Avenida Ávila Camacho de Cuernavaca. Ahí mi familia acudía de forma permanente a comer el famoso cuche que en aquellos tiempos estaba cotizado.

Luego La Perla cerró, pero los ahijados - que preparaban al marrano en los tradicionales cazos- se distribuyeron en varias partes de la ciudad de la eterna primavera, dando lugar entre otros, a las Carnitas de Don Beto.

Beto atiende en un localito frente al panteón de Tlaltenango con su característica bata blanca, de ahí que muchos lo conocen también como El Doc, y lo hace de forma ceremoniosa.

Recuerdo que en una ocasión le pedí que me sirviera un taco de buche, pero doradito: me lo negó. La justificación era de peso; esa parte del cuerpo del marrano no podía someterse a una cocción extrema pues adquiría una consistencia que no era deseable y -como es de suponerse- un solo taco mal presentado podría arruinar la fama de unas carnitas casi impecables.

Después de unos meses de coraje tuve que regresar porque el sabor es más fuerte que el orgullo, así que ahora sigo siendo cliente para disfrutar de una maciza bien jugosita y picada con exactitud, o de un taco de nana que sabe a gloria, o de costilla, o de casi cualquier variedad, servidos con meticulosidad y buen sabor.

Don Beto también es famoso por sus qusadillas de papa o de sesos, que pueden ser sencillas o retacadas con carnita de la buena.

En esta pandemia, su local que de por sí es pequeño, tuvo que adoptar las medidas de la sana distancia, así que vendiendo solo para llevar, dio muestras de su buena fama y amplia clientela: si pasas en horario de almuerzo, los autos formados en fila hacen el tráfico equivalente al día de muertos, insisto, frente al panteón de Tlaltenango.

También vende un chicharrón exquisito y un par de salsas dignas de cualquier prueba. Pero eso si, hay que llegar antes de las 3 de la tarde, o correr el riesgo de que te cite al siguiente día, pues aunque parece físicamente imposible, sus carnitas vuelan.

Don Beto, que no es el mismo de la famosa Birria de Ocotepec, tiene una tradición familiar que lo respalda pero sobre todo, el buen oficio de tratar la carne como se merece para obtener un sabor atractivo ahí por los rumbos de Tlaltenango.

Según entiendo, la familia de Don Beto fue una de las artífices de la fama de un negocio noventero de mucho éxito que ofrecía carnitas bajo el sello de La Perla de Oro del Bajío, que se ubicó por muchos años en la Avenida Ávila Camacho de Cuernavaca. Ahí mi familia acudía de forma permanente a comer el famoso cuche que en aquellos tiempos estaba cotizado.

Luego La Perla cerró, pero los ahijados - que preparaban al marrano en los tradicionales cazos- se distribuyeron en varias partes de la ciudad de la eterna primavera, dando lugar entre otros, a las Carnitas de Don Beto.

Beto atiende en un localito frente al panteón de Tlaltenango con su característica bata blanca, de ahí que muchos lo conocen también como El Doc, y lo hace de forma ceremoniosa.

Recuerdo que en una ocasión le pedí que me sirviera un taco de buche, pero doradito: me lo negó. La justificación era de peso; esa parte del cuerpo del marrano no podía someterse a una cocción extrema pues adquiría una consistencia que no era deseable y -como es de suponerse- un solo taco mal presentado podría arruinar la fama de unas carnitas casi impecables.

Después de unos meses de coraje tuve que regresar porque el sabor es más fuerte que el orgullo, así que ahora sigo siendo cliente para disfrutar de una maciza bien jugosita y picada con exactitud, o de un taco de nana que sabe a gloria, o de costilla, o de casi cualquier variedad, servidos con meticulosidad y buen sabor.

Don Beto también es famoso por sus qusadillas de papa o de sesos, que pueden ser sencillas o retacadas con carnita de la buena.

En esta pandemia, su local que de por sí es pequeño, tuvo que adoptar las medidas de la sana distancia, así que vendiendo solo para llevar, dio muestras de su buena fama y amplia clientela: si pasas en horario de almuerzo, los autos formados en fila hacen el tráfico equivalente al día de muertos, insisto, frente al panteón de Tlaltenango.

También vende un chicharrón exquisito y un par de salsas dignas de cualquier prueba. Pero eso si, hay que llegar antes de las 3 de la tarde, o correr el riesgo de que te cite al siguiente día, pues aunque parece físicamente imposible, sus carnitas vuelan.

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