/ lunes 11 de octubre de 2021

Otra vez

Han pasado menos de 15 días de que una turba en Jantetelco intentara linchar a un sujeto que, según la versión, había intentado asaltar a un par de menores de edad; tres días después, en Huitzilac, otro grupo de habitantes mató y quemó a dos presuntos delincuentes que se dijo, intentaron secuestrar a una persona; la noche del domingo, a 10 días de los hechos de Huitzilac, en el pueblo de Amayuca del municipio de Jantetelco, unas cincuenta personas intentaron linchar a dos presuntos ladrones, al no poder cumplir su cometido, incendiaron vehículos.

Después de la segunda turba, la de Huiztilac, el escándalo que provocó el asesinato colectivo de los dos sujetos, provocó una andanada de escarceos políticos que habrían culminado en la comparecencia del comisionado de seguridad pública, José Antonio Ortiz Guarneros, ante el Congreso del estado, un espectáculo del que nos ocupamos en la entrega de ayer y que poco abonó al conocimiento del origen, la actualidad y el destino de los casos de violencia colectiva.

En el caso de Amayuca, igual que ocurrió días antes en Jantetelco, la geografía del pueblo permitió que en corto tiempo, elementos policíacos de 10 municipios. Temoac, Cuautla, Ayala, Jonacatepec, Zacualpan, Tepalcingo, Yecapixtla, Axochiapan, Tetela del Volcán y Hueyapan, se trasladaran y pudiera habilitarse el protocolo para la prevención y atención de linchamientos que, según las versiones de diputados, CDHM y abogados, no se presentó en Huitzilac. Lo preocupante en todo caso es que nuevamente hubo el intento de la población de vengar las afrentas acumuladas en materia de seguridad pública y justicia, por la vía violenta.

Impensable que los tres hechos no sean síntomas de algo mucho más grave. Conste que no establecemos una relación artificial entre los tres actos, pero si se apunta al origen, las comunidades del estado parecen estar fastidiadas de la notoria incapacidad del Estado para garantizar paz, justicia y seguridad a los morelenses. Lo cierto es que feminicidios, homicidios, desapariciones de personas, secuestros, robos, están a la orden del día y la falla sistémica en la seguridad pública y la justicia se vuelve ya intolerable; y a dos y medio meses del relevo de autoridades municipales, pareciera no haber demasiada esperanza entre los habitantes de Morelos.

Claro que la autoridad policial se jacta de haber frustrado otro linchamiento, pero también lo es que el simple hecho de que otro grupo haya intentado, en menos de diez días de responder con violencia extrema ante un crimen, evidencia el fracaso en la estrategia de pacificación del estado, por una colección de causas que nadie atiende porque, igual que aquellas turbas que tanto censuramos, la clase política parece estar en busca sólo de alguien para crucificar.

Así, la falta de elementos policiales, la inoperancia de los sistemas de vigilancia, la lentitud e ineficiencia en las investigaciones y la puesta a disposición de presuntos delincuentes, la facilidad con que son liberados por múltiples causas, parece perpetuarse en un estado que transita paulatinamente a ser inhabitable bajo la complicidad, por lo menos por omisión, de su clase política imposibilitada para encontrar soluciones.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Han pasado menos de 15 días de que una turba en Jantetelco intentara linchar a un sujeto que, según la versión, había intentado asaltar a un par de menores de edad; tres días después, en Huitzilac, otro grupo de habitantes mató y quemó a dos presuntos delincuentes que se dijo, intentaron secuestrar a una persona; la noche del domingo, a 10 días de los hechos de Huitzilac, en el pueblo de Amayuca del municipio de Jantetelco, unas cincuenta personas intentaron linchar a dos presuntos ladrones, al no poder cumplir su cometido, incendiaron vehículos.

Después de la segunda turba, la de Huiztilac, el escándalo que provocó el asesinato colectivo de los dos sujetos, provocó una andanada de escarceos políticos que habrían culminado en la comparecencia del comisionado de seguridad pública, José Antonio Ortiz Guarneros, ante el Congreso del estado, un espectáculo del que nos ocupamos en la entrega de ayer y que poco abonó al conocimiento del origen, la actualidad y el destino de los casos de violencia colectiva.

En el caso de Amayuca, igual que ocurrió días antes en Jantetelco, la geografía del pueblo permitió que en corto tiempo, elementos policíacos de 10 municipios. Temoac, Cuautla, Ayala, Jonacatepec, Zacualpan, Tepalcingo, Yecapixtla, Axochiapan, Tetela del Volcán y Hueyapan, se trasladaran y pudiera habilitarse el protocolo para la prevención y atención de linchamientos que, según las versiones de diputados, CDHM y abogados, no se presentó en Huitzilac. Lo preocupante en todo caso es que nuevamente hubo el intento de la población de vengar las afrentas acumuladas en materia de seguridad pública y justicia, por la vía violenta.

Impensable que los tres hechos no sean síntomas de algo mucho más grave. Conste que no establecemos una relación artificial entre los tres actos, pero si se apunta al origen, las comunidades del estado parecen estar fastidiadas de la notoria incapacidad del Estado para garantizar paz, justicia y seguridad a los morelenses. Lo cierto es que feminicidios, homicidios, desapariciones de personas, secuestros, robos, están a la orden del día y la falla sistémica en la seguridad pública y la justicia se vuelve ya intolerable; y a dos y medio meses del relevo de autoridades municipales, pareciera no haber demasiada esperanza entre los habitantes de Morelos.

Claro que la autoridad policial se jacta de haber frustrado otro linchamiento, pero también lo es que el simple hecho de que otro grupo haya intentado, en menos de diez días de responder con violencia extrema ante un crimen, evidencia el fracaso en la estrategia de pacificación del estado, por una colección de causas que nadie atiende porque, igual que aquellas turbas que tanto censuramos, la clase política parece estar en busca sólo de alguien para crucificar.

Así, la falta de elementos policiales, la inoperancia de los sistemas de vigilancia, la lentitud e ineficiencia en las investigaciones y la puesta a disposición de presuntos delincuentes, la facilidad con que son liberados por múltiples causas, parece perpetuarse en un estado que transita paulatinamente a ser inhabitable bajo la complicidad, por lo menos por omisión, de su clase política imposibilitada para encontrar soluciones.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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