/ jueves 7 de octubre de 2021

No fueron los últimos

Es normal que las personas se extrañen al conmemorar eventos que han sido de reciente aparición sobre los que ya están insertos en el calendario tradicional. En general, un suceso puede festejarse o conmemorarse; el primero, como el nombre lo sugiere, se basa en celebrar un acto como el final de la guerra o un momento que cambió el transcurso de la historia; pero el segundo, en un orden más delicado, enmarca situaciones de contenido sensible, pero que también marcaron un hito.

Aunque ambas se basan en revivir en la memoria el recuerdo del pasado no tienen la misma función. Los conflictos como revoluciones o independencias siempre se festejan y sirven para crear un sentimiento de patriotismo, enfatizando las situaciones de las cuales surge una identidad nacional. Pero las conmemoraciones, en su mayoría, tienen el objetivo de atestiguar y dar crédito de un acontecimiento en forma de llamamiento a la experiencia.

Todorov sugiere que la memoria, también entendida como conmemoración, puede ser un remedio contra el mal; por supuesto, no una maldad metafísica o teológica, sino fungiendo el recuerdo de actos violentos perpetrados en el pasado como genocidios, masacres o golpes terroristas. El holocausto judío, el genocidio en Camboya y las masacres se conmemoran como recordatorio de eventos que nunca deben olvidarse con el fin de no repetirlas.

El 2 de octubre es un ejemplo de conmemoración en la historia del México contemporáneo por la masacre de los estudiantes a manos del batallón Olimpia. De hecho, aunque la opinión parece dividirse entre los que les resulta exagerado seguir insistiendo en exigir justicia después de tantos años y los que, invariablemente, creen necesario no perdonar un evento que permanece impune, la verdadera pancarta del movimiento no se basa tanto en el resarcimiento del problema, sino en la perpetuación de la memoria colectiva: no olvidar.

La canción del grupo Caifanes “Antes de que nos olviden” fue escrita precisamente para recordar un evento tan oscuro como fue la matanza en la plaza de las Tres Culturas. Es una canción dedicada a la memoria que debe insertarse en la historia para no caer en el mismo vicio. Por eso, parece sugerente que años después ocurriera un evento similar con los 43 normalistas y una vez más, la canción tenga el mismo sentido.

Todorov también menciona el caso del pintor Zoran Mušič, que pasó el último año de la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración y al salir no fue capaz de plasmar el dolor sufrido sino hasta años después, frente a las guerras de Corea y Argelia, que revivieron las mismas atrocidades. Entonces creó su serie de cuadros “No somos los últimos”, lamentando la inocente idea de creer que después de la barbarie vivida en los años anteriores nunca volvería a repetirse algo parecido.

Aunque persiste la memoria de episodios que marcaron un tiempo, el entusiasmo de no olvidar se disipa fácilmente sin la ayuda de la reflexión conjunta de la sociedad y las autoridades, como sin importar lo mucho que se insista, una fecha tan actual se manifieste muy lejana. Porque un recuerdo silencioso puede ser tan estéril como el olvido. Así, parece que la canción del grupo Caifanes tenía razones al decir que tal vez olvidarían el terrible acto que cometieron y seguirían replicándolo. Ahora sabemos, con el caso Ayotzinapa y tantos más, que verdaderamente no fueron los últimos.

Es normal que las personas se extrañen al conmemorar eventos que han sido de reciente aparición sobre los que ya están insertos en el calendario tradicional. En general, un suceso puede festejarse o conmemorarse; el primero, como el nombre lo sugiere, se basa en celebrar un acto como el final de la guerra o un momento que cambió el transcurso de la historia; pero el segundo, en un orden más delicado, enmarca situaciones de contenido sensible, pero que también marcaron un hito.

Aunque ambas se basan en revivir en la memoria el recuerdo del pasado no tienen la misma función. Los conflictos como revoluciones o independencias siempre se festejan y sirven para crear un sentimiento de patriotismo, enfatizando las situaciones de las cuales surge una identidad nacional. Pero las conmemoraciones, en su mayoría, tienen el objetivo de atestiguar y dar crédito de un acontecimiento en forma de llamamiento a la experiencia.

Todorov sugiere que la memoria, también entendida como conmemoración, puede ser un remedio contra el mal; por supuesto, no una maldad metafísica o teológica, sino fungiendo el recuerdo de actos violentos perpetrados en el pasado como genocidios, masacres o golpes terroristas. El holocausto judío, el genocidio en Camboya y las masacres se conmemoran como recordatorio de eventos que nunca deben olvidarse con el fin de no repetirlas.

El 2 de octubre es un ejemplo de conmemoración en la historia del México contemporáneo por la masacre de los estudiantes a manos del batallón Olimpia. De hecho, aunque la opinión parece dividirse entre los que les resulta exagerado seguir insistiendo en exigir justicia después de tantos años y los que, invariablemente, creen necesario no perdonar un evento que permanece impune, la verdadera pancarta del movimiento no se basa tanto en el resarcimiento del problema, sino en la perpetuación de la memoria colectiva: no olvidar.

La canción del grupo Caifanes “Antes de que nos olviden” fue escrita precisamente para recordar un evento tan oscuro como fue la matanza en la plaza de las Tres Culturas. Es una canción dedicada a la memoria que debe insertarse en la historia para no caer en el mismo vicio. Por eso, parece sugerente que años después ocurriera un evento similar con los 43 normalistas y una vez más, la canción tenga el mismo sentido.

Todorov también menciona el caso del pintor Zoran Mušič, que pasó el último año de la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración y al salir no fue capaz de plasmar el dolor sufrido sino hasta años después, frente a las guerras de Corea y Argelia, que revivieron las mismas atrocidades. Entonces creó su serie de cuadros “No somos los últimos”, lamentando la inocente idea de creer que después de la barbarie vivida en los años anteriores nunca volvería a repetirse algo parecido.

Aunque persiste la memoria de episodios que marcaron un tiempo, el entusiasmo de no olvidar se disipa fácilmente sin la ayuda de la reflexión conjunta de la sociedad y las autoridades, como sin importar lo mucho que se insista, una fecha tan actual se manifieste muy lejana. Porque un recuerdo silencioso puede ser tan estéril como el olvido. Así, parece que la canción del grupo Caifanes tenía razones al decir que tal vez olvidarían el terrible acto que cometieron y seguirían replicándolo. Ahora sabemos, con el caso Ayotzinapa y tantos más, que verdaderamente no fueron los últimos.

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