/ sábado 3 de octubre de 2020

Los tacos de Gus

Esta última vez que fui la verdad estuve a punto de desesperarme pues la atención fue un poco lenta, pero una vez que comenzaron a desfilar frente a mis ojos los platos, me regresó el amor por los tacos de Gus, que se me habían extraviado un tiempo, pero que afortunadamente, los volví a ubicar.

Y es que en esta taquería que también es conocida como los tacos del Semáforo, el sabor es el ingrediente principal. Antes, estuvieron muchos años unas cuadras arriba, en la entrada de un estacionamiento, pero la venta del predio los obligó a ubicarse en el local marcado con el número 1020, de la Avenida Álvaro Obregón de Cuernavaca, unos metros antes del semáforo de la Carolina, junto a los Helados Koldy, frente a donde por muchos años estuvo ubicada la sede de lo que entonces se conocía como el Instituto Federal Electoral (IFE) de Morelos.

Con Gus son indispensables los de tripa bien doraditos: la carne crujiente llega al plato con copia, cilantro, cebolla y una cebollita cocida nomás para acompañar y servir de descanso al paladar para seguir adelante.

Probé -luego de varios años- uno de longaniza y también cumplió las expectativas. Dorada por fuera pero tierna por dentro, con un sabor fuerte pero no de los que andas repitiendo después y complementado con su respectivo limón y pizca de sal.

Luego pedí uno de chuleta. Llegó a la mesa por duplicado, es decir, la carne repartida sobre dos pares de tortillas, bien picadita y con el huesito a un lado para terminar de roerle lo que le queda de carne pegada. Además estaba en su punto, jugosa y con el sazón necesario como para seguir con dos más, sin embargo, tuve que contenerme para avanzar en la carta.

En mi memoria aún quedaba el recuerdo de los de bistec, así que le tuve que hacer los honores. Igual que el anterior, se trata de un taco doble, cocido sobre una de las orillas de la plancha, con un poco del jugo que suelta la carne que se cuece en su misma grasa y sazonado con una mezcla de salsas que terminan por darle un color marrón y brillante, además de que ablandan los tejidos para una experiencia de suavidad y sabor.

Pero sin duda, la estrella de la noche en el Semáforo, son los tacos de suadero. De primera paracen muy comunes, pero al comenzar a degustarlos te darás cuenta que Gus en vez de picarla, decidió deshebrar la carne que permanece jugosa y blanda a pesar de su tono dorado y su consistencia con cuerpo. Solo le falta el limón y una cucharada de salsa verde, roja o de las cebollitas fileteadas con habanero, que engaña pero ah como pica.

Si hay espacio pídanse un agua de Jamaica, porque solo ofrecen refrescos de la pecsi –así como lo oyen, de la pecsi- y a esos la verdad no les entro. Gus abre de lunes a sábado de las 5 a las 11 de la noche más o menos, así que rífense y vayan a probar.

Esta última vez que fui la verdad estuve a punto de desesperarme pues la atención fue un poco lenta, pero una vez que comenzaron a desfilar frente a mis ojos los platos, me regresó el amor por los tacos de Gus, que se me habían extraviado un tiempo, pero que afortunadamente, los volví a ubicar.

Y es que en esta taquería que también es conocida como los tacos del Semáforo, el sabor es el ingrediente principal. Antes, estuvieron muchos años unas cuadras arriba, en la entrada de un estacionamiento, pero la venta del predio los obligó a ubicarse en el local marcado con el número 1020, de la Avenida Álvaro Obregón de Cuernavaca, unos metros antes del semáforo de la Carolina, junto a los Helados Koldy, frente a donde por muchos años estuvo ubicada la sede de lo que entonces se conocía como el Instituto Federal Electoral (IFE) de Morelos.

Con Gus son indispensables los de tripa bien doraditos: la carne crujiente llega al plato con copia, cilantro, cebolla y una cebollita cocida nomás para acompañar y servir de descanso al paladar para seguir adelante.

Probé -luego de varios años- uno de longaniza y también cumplió las expectativas. Dorada por fuera pero tierna por dentro, con un sabor fuerte pero no de los que andas repitiendo después y complementado con su respectivo limón y pizca de sal.

Luego pedí uno de chuleta. Llegó a la mesa por duplicado, es decir, la carne repartida sobre dos pares de tortillas, bien picadita y con el huesito a un lado para terminar de roerle lo que le queda de carne pegada. Además estaba en su punto, jugosa y con el sazón necesario como para seguir con dos más, sin embargo, tuve que contenerme para avanzar en la carta.

En mi memoria aún quedaba el recuerdo de los de bistec, así que le tuve que hacer los honores. Igual que el anterior, se trata de un taco doble, cocido sobre una de las orillas de la plancha, con un poco del jugo que suelta la carne que se cuece en su misma grasa y sazonado con una mezcla de salsas que terminan por darle un color marrón y brillante, además de que ablandan los tejidos para una experiencia de suavidad y sabor.

Pero sin duda, la estrella de la noche en el Semáforo, son los tacos de suadero. De primera paracen muy comunes, pero al comenzar a degustarlos te darás cuenta que Gus en vez de picarla, decidió deshebrar la carne que permanece jugosa y blanda a pesar de su tono dorado y su consistencia con cuerpo. Solo le falta el limón y una cucharada de salsa verde, roja o de las cebollitas fileteadas con habanero, que engaña pero ah como pica.

Si hay espacio pídanse un agua de Jamaica, porque solo ofrecen refrescos de la pecsi –así como lo oyen, de la pecsi- y a esos la verdad no les entro. Gus abre de lunes a sábado de las 5 a las 11 de la noche más o menos, así que rífense y vayan a probar.

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