/ lunes 9 de noviembre de 2020

Lo dueños de la verdad

Las recientes elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica, fue muy concurrida, pero también atípica por la confrontación y descalificaciones, las fratricidas luchas por el poder dejaron incuantificables daños colaterales.

El conteo de los votos se vio avasallado por la guerra mediática con los dos candidatos asumiéndose como ganadores, en este contexto, vimos a un mesurado Joe Biden contrastar con un Presidente Donald Trump, aguerrido, visceral y directo como es costumbre, este último salió a dar un mensaje televisivo, argumentando un fraude por parte de los demócratas y declarándose ganador, sucedió entonces lo inédito, la transmisión fue cortada de tajo, por las cadenas ABC, CBS, NBC entre otras, acusando a Trump de mentir sin ofrecer pruebas, CNN en una acción más equilibrada, mantuvo la transmisión usando al final del discurso su derecho de disensión.

Afirmó que el Presidente Norteamericano “atacaba la democracia con un festín de mentiras” no así las cadenas hispanoparlantes, al apresurarse en descalificar lo dicho por el Presidente y candidato, sumándose al corte de la transmisión.

Sin poder desmarcarnos del apasionamiento que un proceso tan cerrado ha traído, hay analistas quienes consideran que la acción de las cadenas televisivas muestra lealtad a la democracia, sin embargo es importante no desviar la mirada de temas de suma importancia, como periodista es indispensable analizar y desglosar una información, en el caso del mensaje de Trump la nota no es determinar la legitimidad de las elecciones, cosa que ya harán los tribunales de aquel país, la noticia en sí es la postura del Presidente, la persona quien se dice víctima de fraude es el mandatario del país más poderoso del mundo.

A pesar de los defectos y problemas de conducta tan marcados y adolecidos por su persona, debe ser escuchado no solo por la investidura que posee, sino por respeto a los más de 70 millones de estadounidenses cuyo voto le favoreció y por tanto deseaban escuchar a su candidato, quien se pasó 4 años descalificando e insultando a los medios sufrió lo que objetivamente se puede calificar como censura y linchamiento mediático, con televisoras asumiendo el papel de jueces, resultando después de una sopa del propio chocolate para el presidente únicamente una víctima: la libertad a expresar las ideas.

Para aspirar a la libertad de expresión debemos ajustarnos siempre a ella, no existe espacio para los asegunes, en el colmo de la mezquindad y acostumbrados como estamos a sudar calenturas ajenas hay quien afirma que esta misma receta podría ser aplicada para el Presidente de México, en medio de la soberbia, dejan de percibir que en nuestro país el salto cuántico con respecto a las principales televisoras del país es ya una realidad, las redes tienen ya un peso específico y la mayor difusión que se hace a la manzana de la discordia (la mañanera) es precisamente a través de las plataformas digitales, insinuar levemente una censura sin duda es una apuesta equivocada.

En el centro de la discusión debe ser instalada la ética profesional de un periodista valorando ante todo a la opinión pública, para colocar en tela de juicio o llanamente desmentir lo que diga cualquier líder político existen las mesas de análisis, las columnas de opinión o los foros de debates, el acto realizado por las cadenas en Estados Unidos no es poca cosa viniendo precisamente del llamado “país de las libertades” sienta un precedente histórico, debe tomarse en cuenta ya que ha sido una fuente institucional la que sufrió el desdén, un planteamiento similar en nuestro país terminaría con los informes presidenciales para empezar.

Adicionalmente a este caos político se ha mencionado por no decir se ha invocado, a posibles complicaciones en la relación con nuestros vecinos debido a la postura de López Obrador quien decidió esperar a que se resuelvan las discrepancias y surja un ganador oficial antes de emitir el tradicional mensaje de felicitación, la decisión del Presidente mexicano puede ser equivocada pero no es incongruente, abraza a la mesura ante un virtual presidente electo y otro en funciones todavía, como dirían los antiguos.

Hay que esperar que las aguas regresen a su cauce pero sin que se seque el río, Joe Biden no tiene, por fortuna, los arranques trumpistas, es un político nato y en esta ocasión seguramente la Casa Blanca será gobernada por el cerebro y no por el estómago.

Lo sucedido entre los medios televisivos y el Presidente Donald Trump no debe ser visto como un ejemplo a seguir, la verdad no tiene adjudicacion directa, la verdad se conquista, los que luchamos para que nuestra voz sea escuchada no debemos callar a nadie, ni siquiera festejarlo.

Las recientes elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica, fue muy concurrida, pero también atípica por la confrontación y descalificaciones, las fratricidas luchas por el poder dejaron incuantificables daños colaterales.

El conteo de los votos se vio avasallado por la guerra mediática con los dos candidatos asumiéndose como ganadores, en este contexto, vimos a un mesurado Joe Biden contrastar con un Presidente Donald Trump, aguerrido, visceral y directo como es costumbre, este último salió a dar un mensaje televisivo, argumentando un fraude por parte de los demócratas y declarándose ganador, sucedió entonces lo inédito, la transmisión fue cortada de tajo, por las cadenas ABC, CBS, NBC entre otras, acusando a Trump de mentir sin ofrecer pruebas, CNN en una acción más equilibrada, mantuvo la transmisión usando al final del discurso su derecho de disensión.

Afirmó que el Presidente Norteamericano “atacaba la democracia con un festín de mentiras” no así las cadenas hispanoparlantes, al apresurarse en descalificar lo dicho por el Presidente y candidato, sumándose al corte de la transmisión.

Sin poder desmarcarnos del apasionamiento que un proceso tan cerrado ha traído, hay analistas quienes consideran que la acción de las cadenas televisivas muestra lealtad a la democracia, sin embargo es importante no desviar la mirada de temas de suma importancia, como periodista es indispensable analizar y desglosar una información, en el caso del mensaje de Trump la nota no es determinar la legitimidad de las elecciones, cosa que ya harán los tribunales de aquel país, la noticia en sí es la postura del Presidente, la persona quien se dice víctima de fraude es el mandatario del país más poderoso del mundo.

A pesar de los defectos y problemas de conducta tan marcados y adolecidos por su persona, debe ser escuchado no solo por la investidura que posee, sino por respeto a los más de 70 millones de estadounidenses cuyo voto le favoreció y por tanto deseaban escuchar a su candidato, quien se pasó 4 años descalificando e insultando a los medios sufrió lo que objetivamente se puede calificar como censura y linchamiento mediático, con televisoras asumiendo el papel de jueces, resultando después de una sopa del propio chocolate para el presidente únicamente una víctima: la libertad a expresar las ideas.

Para aspirar a la libertad de expresión debemos ajustarnos siempre a ella, no existe espacio para los asegunes, en el colmo de la mezquindad y acostumbrados como estamos a sudar calenturas ajenas hay quien afirma que esta misma receta podría ser aplicada para el Presidente de México, en medio de la soberbia, dejan de percibir que en nuestro país el salto cuántico con respecto a las principales televisoras del país es ya una realidad, las redes tienen ya un peso específico y la mayor difusión que se hace a la manzana de la discordia (la mañanera) es precisamente a través de las plataformas digitales, insinuar levemente una censura sin duda es una apuesta equivocada.

En el centro de la discusión debe ser instalada la ética profesional de un periodista valorando ante todo a la opinión pública, para colocar en tela de juicio o llanamente desmentir lo que diga cualquier líder político existen las mesas de análisis, las columnas de opinión o los foros de debates, el acto realizado por las cadenas en Estados Unidos no es poca cosa viniendo precisamente del llamado “país de las libertades” sienta un precedente histórico, debe tomarse en cuenta ya que ha sido una fuente institucional la que sufrió el desdén, un planteamiento similar en nuestro país terminaría con los informes presidenciales para empezar.

Adicionalmente a este caos político se ha mencionado por no decir se ha invocado, a posibles complicaciones en la relación con nuestros vecinos debido a la postura de López Obrador quien decidió esperar a que se resuelvan las discrepancias y surja un ganador oficial antes de emitir el tradicional mensaje de felicitación, la decisión del Presidente mexicano puede ser equivocada pero no es incongruente, abraza a la mesura ante un virtual presidente electo y otro en funciones todavía, como dirían los antiguos.

Hay que esperar que las aguas regresen a su cauce pero sin que se seque el río, Joe Biden no tiene, por fortuna, los arranques trumpistas, es un político nato y en esta ocasión seguramente la Casa Blanca será gobernada por el cerebro y no por el estómago.

Lo sucedido entre los medios televisivos y el Presidente Donald Trump no debe ser visto como un ejemplo a seguir, la verdad no tiene adjudicacion directa, la verdad se conquista, los que luchamos para que nuestra voz sea escuchada no debemos callar a nadie, ni siquiera festejarlo.

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