/ sábado 31 de octubre de 2020

Lluvia de hamburguesas 2020

Cuando niño, en #Cuernavaca proliferaban los carritos de jochos y hamburguesas más tradicionales: la carne molida era seguramente preparada en casa, directo de la carnicería y mezclada con distintas recetas según el que las confeccionaba.

Terminaban siendo un disco delgado que ya en el pan, era acompañado de lechuga, jitomate y cebolla.

Su tamaño era moderado. Recuerdo que mi papá llegaba a comerse dos o tres, pues eran emparedados pequeños y sus variedades mínimas, comúnmente con pocas variedades como las hawaianas o con tocino, pero párale de contar.

Ciertos establecimientos poco a poco cobraron fama por comenzar a ofrecer variedades atractivas, como las hamburguesas de los Quiroga, establecidos en la parte más baja de la calle Jesús H. Preciado en la mera curva de Chulavista rumbo al otrora Hotel Ilebal.

Aunque la fama sigue conservándoles clientes, en aquellos años y me refiero a los 90, hacíamos fila de hasta 40 minutos para sentarnos en unas banquitas bien acondicionadas en la banqueta, para comernos un hamburguesón que para entonces se sentía gigante.

Más adelantito llegaron las Rubens, que eran básicamente lo mismo, pero su fama era por la parrilla, la calidad de su carne y que el establecimiento ofrecía las comodidades que les permitía cobrar a precio de cadena nice. Igual que La Casa de la Hamburguesa, que además -al modo gringo de McRoñas y Burger King- las preparaban con pepinillos y en paquetes que incluían papas y refresco.

A pesar que mi papá jura y perjura que fuimos a Burger Boy, yo francamente no encuentro el recuerdo suficiente como para contarles cómo estaban.

Unos años después conocí las del gringo y las del argentino sobre Paseo Cuauhnáhuac, este último las ofrecía con chorizo argentino, con carne de piezas un poco más especializadas y otras variedades, que fueron muy bien recibidas por la banda que les hizo fama y les dio a ganar una buena lana.

Afortunadamente hoy las hamburguesas han evolucionado hacia lo que se ha comenzado a conocer como las hamburguesas "de autor", donde la mezcla de carnes, los vegetales, sus complementos y hasta el pan, les dan el sello especial que cada chef le imprime a su platillo.

Además los tamaños de ahora no son ni remotamente comparables con los de hace unas décadas. Hoy si acaso te acabas una (te acabas esta, diría Sánchez) e incluso varios restaurantes ofrecen especiales que si te las terminas por completo ofrecen la cuenta gratis y otros concursos para gordos y atascados.

Por razones de agenda y otros pretextos, yo me estaba resisitiendo a probar las multicitadas y laureadas hamburguesas de Jimmy's House, en la entrada de Tetela del Monte, bien cerquita de la Calzada de los Reyes y la Iglesia del mismo nombre, pero ya no pude resistirme, así que escribo estos últimos renglones ya instalado en una de sus mesas y dispuesto a ordenar una de las más apetecibles… ya les contaré la próxima semana, mientras dense una vuelta por su Face, donde nomas de ver se le hace a uno agua la boca.

Cuando niño, en #Cuernavaca proliferaban los carritos de jochos y hamburguesas más tradicionales: la carne molida era seguramente preparada en casa, directo de la carnicería y mezclada con distintas recetas según el que las confeccionaba.

Terminaban siendo un disco delgado que ya en el pan, era acompañado de lechuga, jitomate y cebolla.

Su tamaño era moderado. Recuerdo que mi papá llegaba a comerse dos o tres, pues eran emparedados pequeños y sus variedades mínimas, comúnmente con pocas variedades como las hawaianas o con tocino, pero párale de contar.

Ciertos establecimientos poco a poco cobraron fama por comenzar a ofrecer variedades atractivas, como las hamburguesas de los Quiroga, establecidos en la parte más baja de la calle Jesús H. Preciado en la mera curva de Chulavista rumbo al otrora Hotel Ilebal.

Aunque la fama sigue conservándoles clientes, en aquellos años y me refiero a los 90, hacíamos fila de hasta 40 minutos para sentarnos en unas banquitas bien acondicionadas en la banqueta, para comernos un hamburguesón que para entonces se sentía gigante.

Más adelantito llegaron las Rubens, que eran básicamente lo mismo, pero su fama era por la parrilla, la calidad de su carne y que el establecimiento ofrecía las comodidades que les permitía cobrar a precio de cadena nice. Igual que La Casa de la Hamburguesa, que además -al modo gringo de McRoñas y Burger King- las preparaban con pepinillos y en paquetes que incluían papas y refresco.

A pesar que mi papá jura y perjura que fuimos a Burger Boy, yo francamente no encuentro el recuerdo suficiente como para contarles cómo estaban.

Unos años después conocí las del gringo y las del argentino sobre Paseo Cuauhnáhuac, este último las ofrecía con chorizo argentino, con carne de piezas un poco más especializadas y otras variedades, que fueron muy bien recibidas por la banda que les hizo fama y les dio a ganar una buena lana.

Afortunadamente hoy las hamburguesas han evolucionado hacia lo que se ha comenzado a conocer como las hamburguesas "de autor", donde la mezcla de carnes, los vegetales, sus complementos y hasta el pan, les dan el sello especial que cada chef le imprime a su platillo.

Además los tamaños de ahora no son ni remotamente comparables con los de hace unas décadas. Hoy si acaso te acabas una (te acabas esta, diría Sánchez) e incluso varios restaurantes ofrecen especiales que si te las terminas por completo ofrecen la cuenta gratis y otros concursos para gordos y atascados.

Por razones de agenda y otros pretextos, yo me estaba resisitiendo a probar las multicitadas y laureadas hamburguesas de Jimmy's House, en la entrada de Tetela del Monte, bien cerquita de la Calzada de los Reyes y la Iglesia del mismo nombre, pero ya no pude resistirme, así que escribo estos últimos renglones ya instalado en una de sus mesas y dispuesto a ordenar una de las más apetecibles… ya les contaré la próxima semana, mientras dense una vuelta por su Face, donde nomas de ver se le hace a uno agua la boca.

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