Brenda Valderrama

  / lunes 10 de junio de 2019

Lío de faldas

Uno de los temas que ocupó espacios en los medios y en redes sociales esta semana fue la implementación en la Ciudad de México del uniforme neutro. Una disposición tan elemental que en otros países se sorprendieron que en el nuestro todavía, entrado el siglo XXI, el gobierno obligara a las niñas de escuelas públicas a acudir con falda.

La disposición fue muy clara y cito textual del twitter de la Jefa de Gobierno: “Una ciudad de derechos lleva la igualdad a todas las esferas. Con el secretario de la @SEP_mx @emoctezumab anunciamos el uniforme escolar neutro en la Cd. La falda no será exclusiva para las niñas y el pantalón para los niños. Acciones sencillas para promover igualdad de derechos”

Usar falda es cómodo en lugares calurosos sin duda y yo misma me beneficio de esa prenda al vivir en Cuernavaca pero no confundamos la gimnasia con la magnesia. Una cosa es que por decisión personal una decida usar falda y la otra es que obliguemos a las estudiantes de escuelas públicas a hacerlo ya que presenta diferentes consecuencias.

La primera es la libertad de movimiento. El uso de la falda limita a las niñas ante la practica de algún deporte o juego dinámico a la hora del recreo y las obliga a buscar alternativas de esparcimiento inculcándoles desde temprana edad un rol pasivo que se va perpetuando pues ante la falta de involucramiento temprano en actividades de acción las mujeres se ven relegadas a ser espectadoras.

La segunda es la seguridad. Usar falda facilita el acoso. Esa práctica deleznable está desgraciadamente normalizada en nuestra sociedad. Usuarios de transporte público, compañeros de escuela, familiares e inclusive maestros abusan de la vulnerabilidad que impone la falda imponiendo un ambiente de hostigamiento permanente que va minando la confianza de las mujeres. Como sociedad debemos darle a las niñas los elementos para que puedan ejercer su derecho a defenderse del acoso.

La tercera consecuencia es la comodidad. Usar pantalón protege, por eso lo usan los hombres. Protege del sol, del viento, del lodo, del frío, de los moscos, de los raspones. También ofrece bolsillos para no tener que depender de un bolso o morral de manera permanente para la protección de objetos personales.

La implementación de esta directiva es un acierto de parte del Gobierno de la Ciudad de México y esperemos que muy pronto se expanda al resto del país. Sin embargo y por increíble que parezca esta directiva generó rechazo y tiene que ver con un concepto llamado ideología de género.

La ideología de género es parte integral de las sociedades y deriva de la existencia de dos sexos en los humanos desde el punto de vista reproductivo. Quizá el nombre les parezca novedoso pero sus prácticas están fuertemente enraizadas en nuestra cultura como lo están en todas y las consideramos naturales como por ejemplo asociar a las niñas con el color rosa y a los niños con el azul.

La ideología de género está relacionada con diferentes aspectos de impacto social como son el consumo de alcohol o el estrés psicológico pero, de manera especial, está relacionado con la discriminación de género. De acuerdo a Miguel Moya, Francisca Expósito y José Luis Padilla de la Universidad de Granada existen dos formas diferentes de ideología de género, la clásica que se entiende como una actitud de prejuicio o conducta discriminatoria basada en la supuesta inferioridad o diferencia de las mujeres como grupo y la benévola donde la expresión de actitudes sexistas se hace con un tono afectivo positivo y tiende a suscitar conductas prosociales como, por ejemplo, esa frase devastadora que dice que una mujer callada se ve más bonita.

La discriminación benévola sigue siendo discriminación y las mujeres le exigimos a los gobiernos que continúen desarrollando las políticas públicas pertinentes para su desaparición comenzando con el uniforme neutro. Finalmente también somos ciudadanas y en México no hay ciudadanos de segunda. ¿O sí?

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Uno de los temas que ocupó espacios en los medios y en redes sociales esta semana fue la implementación en la Ciudad de México del uniforme neutro. Una disposición tan elemental que en otros países se sorprendieron que en el nuestro todavía, entrado el siglo XXI, el gobierno obligara a las niñas de escuelas públicas a acudir con falda.

La disposición fue muy clara y cito textual del twitter de la Jefa de Gobierno: “Una ciudad de derechos lleva la igualdad a todas las esferas. Con el secretario de la @SEP_mx @emoctezumab anunciamos el uniforme escolar neutro en la Cd. La falda no será exclusiva para las niñas y el pantalón para los niños. Acciones sencillas para promover igualdad de derechos”

Usar falda es cómodo en lugares calurosos sin duda y yo misma me beneficio de esa prenda al vivir en Cuernavaca pero no confundamos la gimnasia con la magnesia. Una cosa es que por decisión personal una decida usar falda y la otra es que obliguemos a las estudiantes de escuelas públicas a hacerlo ya que presenta diferentes consecuencias.

La primera es la libertad de movimiento. El uso de la falda limita a las niñas ante la practica de algún deporte o juego dinámico a la hora del recreo y las obliga a buscar alternativas de esparcimiento inculcándoles desde temprana edad un rol pasivo que se va perpetuando pues ante la falta de involucramiento temprano en actividades de acción las mujeres se ven relegadas a ser espectadoras.

La segunda es la seguridad. Usar falda facilita el acoso. Esa práctica deleznable está desgraciadamente normalizada en nuestra sociedad. Usuarios de transporte público, compañeros de escuela, familiares e inclusive maestros abusan de la vulnerabilidad que impone la falda imponiendo un ambiente de hostigamiento permanente que va minando la confianza de las mujeres. Como sociedad debemos darle a las niñas los elementos para que puedan ejercer su derecho a defenderse del acoso.

La tercera consecuencia es la comodidad. Usar pantalón protege, por eso lo usan los hombres. Protege del sol, del viento, del lodo, del frío, de los moscos, de los raspones. También ofrece bolsillos para no tener que depender de un bolso o morral de manera permanente para la protección de objetos personales.

La implementación de esta directiva es un acierto de parte del Gobierno de la Ciudad de México y esperemos que muy pronto se expanda al resto del país. Sin embargo y por increíble que parezca esta directiva generó rechazo y tiene que ver con un concepto llamado ideología de género.

La ideología de género es parte integral de las sociedades y deriva de la existencia de dos sexos en los humanos desde el punto de vista reproductivo. Quizá el nombre les parezca novedoso pero sus prácticas están fuertemente enraizadas en nuestra cultura como lo están en todas y las consideramos naturales como por ejemplo asociar a las niñas con el color rosa y a los niños con el azul.

La ideología de género está relacionada con diferentes aspectos de impacto social como son el consumo de alcohol o el estrés psicológico pero, de manera especial, está relacionado con la discriminación de género. De acuerdo a Miguel Moya, Francisca Expósito y José Luis Padilla de la Universidad de Granada existen dos formas diferentes de ideología de género, la clásica que se entiende como una actitud de prejuicio o conducta discriminatoria basada en la supuesta inferioridad o diferencia de las mujeres como grupo y la benévola donde la expresión de actitudes sexistas se hace con un tono afectivo positivo y tiende a suscitar conductas prosociales como, por ejemplo, esa frase devastadora que dice que una mujer callada se ve más bonita.

La discriminación benévola sigue siendo discriminación y las mujeres le exigimos a los gobiernos que continúen desarrollando las políticas públicas pertinentes para su desaparición comenzando con el uniforme neutro. Finalmente también somos ciudadanas y en México no hay ciudadanos de segunda. ¿O sí?

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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