/ miércoles 27 de mayo de 2020

Linchamientos en tiempos del Covid-19

Hace unas semanas escuché en la radio una entrevista que sostenía el Secretario de Salud de Tlaxcala y que en algún momento de su participación señalaba que el gobierno estatal había conseguido evitar un posible linchamiento por casusa del Covid-19.

El asunto me hizo recordar el Informe Especial sobre Linchamientos en Territorio Nacional de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH: 2019). Sin embargo, al volverlo a revisar confirmé que no se documentan casos por riesgo de contagio, sino de aquellos vinculados con la inseguridad y violencia. También volví a revisar el documento Violencia Social: geografía de linchamientos en México de Raúl Rodríguez y Norma Velóz (UNAM-IIS), pero tampoco encontré alguna referencia.

Recomiendo revisar ambos documentos, pero en particular el segundo porque su periodo de análisis va de 1988 a 2016, y nos permite conocer el caso de Morelos: cuarto lugar a nivel nacional por registrar 39 casos de linchamiento; sólo detrás del Estado de México (191), Puebla (101) y Ciudad de México (64).

La investigación me llevó al internet y desde ahí es posible identificar notas de periodicos locales sobre casos de linchamiento con motivo del Covid-19, pero no físicos sino a nivel social y mediático.

En Puebla hay un caso de linchamiento social que sufrió una familia que se dice ocultó su contagio y realizaba sus actividades sin cuidado. En Tabasco, se narran ataques en redes sociales a las personas que habían dado positivo al virus. En Guerrero se denuncia la retención de una persona por llegar a su comunidad desde el norte del país.

Igual ocurrieron casos en Chiapas, donde los vecinos hostigaban a personas que habían dado positivo. En Cuautla, Morelos, se difundió una nota sobre jóvenes que usaban cables y cinturones para golpear a la gente que se encontraba fuera de sus casas.

También hay un caso de xenofobia que se presentó en Guatemala, un estadounidense que por toser y tener fiebre sería linchado. El único caso de linchamiento que causó la muerte de una persona ocurrió en Kenia por tener coronavirus.

Tras esta breve investigación, identifiqué tres elementos que me llamaron la atención.

Primero, en los casos revisados existe un desenvolvimiento social de tipo comunitario entre las personas. Segundo, la percepción de amenaza ocurrió en la mayoría de los casos al principio de la pandemia, cuando existía más incertidumbre y desinformación. Y tercero, el miedo, enojo y desconfianza se presentan en un ambiente o contexto social, cuya influencia psico-social es fundamental como parte del escenario explicativo del hecho.

Aunque existe la forma de sancionar el delito (homicidio en participación, por ejemplo), lo cierto es que legalmente el linchamiento no esta tipificado en los códigos penales. Pero esto no implica que no deban operar las instituciones y normas existentes para salvaguardar la vida y la dignidad de las personas.

Finalmente quiero compartir una nota recién publicada en Confabulario (25/05/2020, El Universal) que se llama “1833, el año de la cólera en México”. Hace 200 años cuando esta enfermedad llegó al mundo y a México se decía que era un castigo divino; y la reacción de muchos fue linchar física y socialmente a los extranjeros por pensar que ellos habían causado el cólera.

En el 2020, aunque nos hemos quitado la visión religiosa del asunto, seguimos igual que en 1833 reaccionando con odio y discriminación ante las personas. Esto habla de la necesidad de recuperar la memoria y corregir nuestras prácticas culturales urgentemente.

Ante el maltrato que han recibido los doctores, enfermeras y personal administrativo del sector salud, los linchamientos mediáticos y sociales en esta pandemia también deberían ser curados y erradicados en nuestra sociedad.

Twitter/Facebook: @CzarArenas


Hace unas semanas escuché en la radio una entrevista que sostenía el Secretario de Salud de Tlaxcala y que en algún momento de su participación señalaba que el gobierno estatal había conseguido evitar un posible linchamiento por casusa del Covid-19.

El asunto me hizo recordar el Informe Especial sobre Linchamientos en Territorio Nacional de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH: 2019). Sin embargo, al volverlo a revisar confirmé que no se documentan casos por riesgo de contagio, sino de aquellos vinculados con la inseguridad y violencia. También volví a revisar el documento Violencia Social: geografía de linchamientos en México de Raúl Rodríguez y Norma Velóz (UNAM-IIS), pero tampoco encontré alguna referencia.

Recomiendo revisar ambos documentos, pero en particular el segundo porque su periodo de análisis va de 1988 a 2016, y nos permite conocer el caso de Morelos: cuarto lugar a nivel nacional por registrar 39 casos de linchamiento; sólo detrás del Estado de México (191), Puebla (101) y Ciudad de México (64).

La investigación me llevó al internet y desde ahí es posible identificar notas de periodicos locales sobre casos de linchamiento con motivo del Covid-19, pero no físicos sino a nivel social y mediático.

En Puebla hay un caso de linchamiento social que sufrió una familia que se dice ocultó su contagio y realizaba sus actividades sin cuidado. En Tabasco, se narran ataques en redes sociales a las personas que habían dado positivo al virus. En Guerrero se denuncia la retención de una persona por llegar a su comunidad desde el norte del país.

Igual ocurrieron casos en Chiapas, donde los vecinos hostigaban a personas que habían dado positivo. En Cuautla, Morelos, se difundió una nota sobre jóvenes que usaban cables y cinturones para golpear a la gente que se encontraba fuera de sus casas.

También hay un caso de xenofobia que se presentó en Guatemala, un estadounidense que por toser y tener fiebre sería linchado. El único caso de linchamiento que causó la muerte de una persona ocurrió en Kenia por tener coronavirus.

Tras esta breve investigación, identifiqué tres elementos que me llamaron la atención.

Primero, en los casos revisados existe un desenvolvimiento social de tipo comunitario entre las personas. Segundo, la percepción de amenaza ocurrió en la mayoría de los casos al principio de la pandemia, cuando existía más incertidumbre y desinformación. Y tercero, el miedo, enojo y desconfianza se presentan en un ambiente o contexto social, cuya influencia psico-social es fundamental como parte del escenario explicativo del hecho.

Aunque existe la forma de sancionar el delito (homicidio en participación, por ejemplo), lo cierto es que legalmente el linchamiento no esta tipificado en los códigos penales. Pero esto no implica que no deban operar las instituciones y normas existentes para salvaguardar la vida y la dignidad de las personas.

Finalmente quiero compartir una nota recién publicada en Confabulario (25/05/2020, El Universal) que se llama “1833, el año de la cólera en México”. Hace 200 años cuando esta enfermedad llegó al mundo y a México se decía que era un castigo divino; y la reacción de muchos fue linchar física y socialmente a los extranjeros por pensar que ellos habían causado el cólera.

En el 2020, aunque nos hemos quitado la visión religiosa del asunto, seguimos igual que en 1833 reaccionando con odio y discriminación ante las personas. Esto habla de la necesidad de recuperar la memoria y corregir nuestras prácticas culturales urgentemente.

Ante el maltrato que han recibido los doctores, enfermeras y personal administrativo del sector salud, los linchamientos mediáticos y sociales en esta pandemia también deberían ser curados y erradicados en nuestra sociedad.

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