/ martes 25 de enero de 2022

Lejana democracia sin libertad de expresión

En un país donde las y los periodistas no son libres para trabajar, donde su seguridad es vulnerada, el ejercicio de sus derechos queda coartado; en esa nación, el anhelo de vivir en una democracia, sigue quedando lejos.

Este fin de semana, la libertad de expresión se volvió a teñir de sangre en México. Lourdes Maldonado, periodista de Baja California, fue asesinada, en algo imposible de calificar como un hecho aislado, cuando se trata de la segunda profesional muerta en esa Entidad y la tercera en el país, en los días que apenas han transcurrido en este 2022.

México ocupó el puesto 143 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2021, de la organización “Reporteros Sin Fronteras”, puesto que pareciera intentar competir para quedar aún peor en este año.

Lourdes había solicitado en plena conferencia matutina hace dos años, protección tras acusar al entonces gobernador Jaime Bonilla de utilizar su posición en el servicio público, para favorecerse en un juicio laboral donde ella era actora en contra de una empresa de comunicación del ahora ex mandatario.

Y si bien debe respetarse el principio de presunción de inocencia, como apuntó al ser cuestionado el presidente Andrés Manuel López Obrador; el mismo mandatario tiene que asumir una fallida garantía de la libertad de expresión en México.

Los datos de la Relatoría Especial de la Comisión de Interamericana de Derechos Humanos, datan de 2010 y ya apuntaban como principales agresores contra este derecho fundamental, a servidores públicos; con agravantes en México sí, como la presencia del crimen organizado; pero enfatizamos esta parte, los más agresores de periodistas y defensores de derechos humanos son quienes deberían trabajar en el respeto: servidores públicos.

Ante tales datos, sería obvio considerar acciones contundentes de protección y si bien se han establecido mecanismos, es claro que los tres periodistas a quienes se les arrebató la vida, dan testimonio de la falla en esa labor del Estado.

Ejercer la libertad de expresión, refiere el mismo reporte de la Comisión Interamericana, es “uno de los derechos individuales que de manera más clara refleja la virtud que acompaña—y caracteriza—a los seres humanos: la virtud única y preciosa de pensar al mundo desde nuestra propia perspectiva y de comunicarnos con los otros para construir, a través de un proceso deliberativo, no sólo el modelo de vida que cada uno tiene derecho a adoptar, sino el modelo de sociedad en el cual queremos vivir. Todo el potencial creativo en el arte, en la ciencia, en la tecnología, en la política, en fin, toda nuestra capacidad creadora individual y colectiva, depende, fundamentalmente, de que se respete y promueva el derecho a la libertad de expresión en todas sus dimensiones. sin el cual se estaría negando la primera y más importante de nuestras libertades: el derecho a pensar por cuenta propia y a compartir con otros nuestro pensamiento."

Por todo esto, defender la libertad de expresión es un asunto de todos, pues se trata de una herramienta clave para el ejercicio de los demás derechos fundamentales, como lo señala la Jurisprudencia Interamericana.


En un país donde las y los periodistas no son libres para trabajar, donde su seguridad es vulnerada, el ejercicio de sus derechos queda coartado; en esa nación, el anhelo de vivir en una democracia, sigue quedando lejos.

Este fin de semana, la libertad de expresión se volvió a teñir de sangre en México. Lourdes Maldonado, periodista de Baja California, fue asesinada, en algo imposible de calificar como un hecho aislado, cuando se trata de la segunda profesional muerta en esa Entidad y la tercera en el país, en los días que apenas han transcurrido en este 2022.

México ocupó el puesto 143 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2021, de la organización “Reporteros Sin Fronteras”, puesto que pareciera intentar competir para quedar aún peor en este año.

Lourdes había solicitado en plena conferencia matutina hace dos años, protección tras acusar al entonces gobernador Jaime Bonilla de utilizar su posición en el servicio público, para favorecerse en un juicio laboral donde ella era actora en contra de una empresa de comunicación del ahora ex mandatario.

Y si bien debe respetarse el principio de presunción de inocencia, como apuntó al ser cuestionado el presidente Andrés Manuel López Obrador; el mismo mandatario tiene que asumir una fallida garantía de la libertad de expresión en México.

Los datos de la Relatoría Especial de la Comisión de Interamericana de Derechos Humanos, datan de 2010 y ya apuntaban como principales agresores contra este derecho fundamental, a servidores públicos; con agravantes en México sí, como la presencia del crimen organizado; pero enfatizamos esta parte, los más agresores de periodistas y defensores de derechos humanos son quienes deberían trabajar en el respeto: servidores públicos.

Ante tales datos, sería obvio considerar acciones contundentes de protección y si bien se han establecido mecanismos, es claro que los tres periodistas a quienes se les arrebató la vida, dan testimonio de la falla en esa labor del Estado.

Ejercer la libertad de expresión, refiere el mismo reporte de la Comisión Interamericana, es “uno de los derechos individuales que de manera más clara refleja la virtud que acompaña—y caracteriza—a los seres humanos: la virtud única y preciosa de pensar al mundo desde nuestra propia perspectiva y de comunicarnos con los otros para construir, a través de un proceso deliberativo, no sólo el modelo de vida que cada uno tiene derecho a adoptar, sino el modelo de sociedad en el cual queremos vivir. Todo el potencial creativo en el arte, en la ciencia, en la tecnología, en la política, en fin, toda nuestra capacidad creadora individual y colectiva, depende, fundamentalmente, de que se respete y promueva el derecho a la libertad de expresión en todas sus dimensiones. sin el cual se estaría negando la primera y más importante de nuestras libertades: el derecho a pensar por cuenta propia y a compartir con otros nuestro pensamiento."

Por todo esto, defender la libertad de expresión es un asunto de todos, pues se trata de una herramienta clave para el ejercicio de los demás derechos fundamentales, como lo señala la Jurisprudencia Interamericana.


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