Michelle Onofre

  / martes 20 de agosto de 2019

Legitimidad empañada

Si dos de cada tres mujeres han padecido violencia física o sexual en el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, es inevitable pensarnos a todas en riesgo de vulneración; no usar escotes para evitar a quien piropea en las calles; preferir llevar pantalón cuando utilizaremos transporte público; abstenernos de salir de noche por las habladurías que pueda provocar; sonreír incómodas frente al jefe halagador; usar zapatos bajos para tener facilidad de correr en caso de ser necesario; son conductas normalizadas y situaciones impensables en la vida de un hombre.

Esa violencia puede ser tan atroz, que la pérdida no es sólo de libertad, sino hasta de la vida; en Morelos conocemos esa violencia extrema, hombres arrancando la vida de mujeres, jóvenes estudiantes y hasta niñas, dejando un gran vacío en sus familias y en nuestra sociedad entera.

Los mismos casos se pueden vivir en distintos lugares de nuestro país y del mundo; observamos en las últimas semanas en la Ciudad de México una gestación desde la indignación, con un ingrediente extra, violencia que viene de quienes se supone deberían protegernos.

Luego las posturas poco empáticas de la primera mujer Jefa de Gobierno por elección en la CDMX, Claudia Sheinbaum, provocaron mayores manifestaciones.

Hasta aquí, todo resulta un enojo legítimo, una demanda urgente y que debe ser prioritaria para las autoridades; pero esa tarde de manifestaciones fue manchada por otro terrible cáncer en México, la intolerancia y posturas radicales de muchos.

Resulta inadmisible inconformarse contra la violencia y actuar en base a esta, “yo sí te creo”, gritaba una mujer trasladando a una pequeñita en una marcha fuera de control.

Perdieron la brújula con mensajes poco claros sobre el objeto de la inconformidad, parecieron mudar la protesta a quienes se atravesaron en su camino; así vimos gente golpeada en vagones del metro, cuyo pecado fue transitar a la hora de la manifestación. También hubo destrozos en inmuebles públicos e instalaciones del sector privado.

¿Y qué decir de la agresión a reporteros, como Melissa del Pozo de Milenio y Juan Manuel Jiménez de ADN 40? Perpetrados por arteros sujetos en la marcha; los agredidos llevaban su única arma y herramienta esencial de trabajo: sus cámaras.

Las causas no pueden desvincularse, porque cuando alzamos la voz contra la violencia, también debemos recordarnos como el país más peligroso para ejercer el periodismo.

La intención de efectuar una marcha violenta no fue de pocos, desde el principio cubrirse la cara retrata esa intención por burlar la legalidad; pudimos considerar lo del viernes como una manifestación con causa legítima, mas quedó desvirtuada y expuso otros problemas de respeto en una sociedad que se ha considerado en los últimos años, la de mayor avanzada ideológica y liberal en México.

Ahora impera la incertidumbre, la postura del Gobierno capitalino ha reculado en su indiferencia para optar al llamado a no criminalizar, pero es menester separar los resultados que se requieren urgentes para combatir la violencia, del respeto a la libre manifestación y de la complacencia para delinquir.


Twitter: @michelleonofre

Si dos de cada tres mujeres han padecido violencia física o sexual en el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, es inevitable pensarnos a todas en riesgo de vulneración; no usar escotes para evitar a quien piropea en las calles; preferir llevar pantalón cuando utilizaremos transporte público; abstenernos de salir de noche por las habladurías que pueda provocar; sonreír incómodas frente al jefe halagador; usar zapatos bajos para tener facilidad de correr en caso de ser necesario; son conductas normalizadas y situaciones impensables en la vida de un hombre.

Esa violencia puede ser tan atroz, que la pérdida no es sólo de libertad, sino hasta de la vida; en Morelos conocemos esa violencia extrema, hombres arrancando la vida de mujeres, jóvenes estudiantes y hasta niñas, dejando un gran vacío en sus familias y en nuestra sociedad entera.

Los mismos casos se pueden vivir en distintos lugares de nuestro país y del mundo; observamos en las últimas semanas en la Ciudad de México una gestación desde la indignación, con un ingrediente extra, violencia que viene de quienes se supone deberían protegernos.

Luego las posturas poco empáticas de la primera mujer Jefa de Gobierno por elección en la CDMX, Claudia Sheinbaum, provocaron mayores manifestaciones.

Hasta aquí, todo resulta un enojo legítimo, una demanda urgente y que debe ser prioritaria para las autoridades; pero esa tarde de manifestaciones fue manchada por otro terrible cáncer en México, la intolerancia y posturas radicales de muchos.

Resulta inadmisible inconformarse contra la violencia y actuar en base a esta, “yo sí te creo”, gritaba una mujer trasladando a una pequeñita en una marcha fuera de control.

Perdieron la brújula con mensajes poco claros sobre el objeto de la inconformidad, parecieron mudar la protesta a quienes se atravesaron en su camino; así vimos gente golpeada en vagones del metro, cuyo pecado fue transitar a la hora de la manifestación. También hubo destrozos en inmuebles públicos e instalaciones del sector privado.

¿Y qué decir de la agresión a reporteros, como Melissa del Pozo de Milenio y Juan Manuel Jiménez de ADN 40? Perpetrados por arteros sujetos en la marcha; los agredidos llevaban su única arma y herramienta esencial de trabajo: sus cámaras.

Las causas no pueden desvincularse, porque cuando alzamos la voz contra la violencia, también debemos recordarnos como el país más peligroso para ejercer el periodismo.

La intención de efectuar una marcha violenta no fue de pocos, desde el principio cubrirse la cara retrata esa intención por burlar la legalidad; pudimos considerar lo del viernes como una manifestación con causa legítima, mas quedó desvirtuada y expuso otros problemas de respeto en una sociedad que se ha considerado en los últimos años, la de mayor avanzada ideológica y liberal en México.

Ahora impera la incertidumbre, la postura del Gobierno capitalino ha reculado en su indiferencia para optar al llamado a no criminalizar, pero es menester separar los resultados que se requieren urgentes para combatir la violencia, del respeto a la libre manifestación y de la complacencia para delinquir.


Twitter: @michelleonofre

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