/ sábado 22 de febrero de 2020

Las tortas gigantes ya no son lo que eran

No es que de plano ya no me gusten, pero siento que de unos años a la fecha, algunas de las torterías más reconocidas de Cuernavaca han comenzado la curva descendente de su buena fama hacia la medianía.

Y es que las últimas veces que las he visitado, ya no he sentido la magia que las envolvía antaño. Quizá sea nostalgia, quizá un poco de añoranza, pero el hecho es que en general “mi vieja mula ya no es lo que era”.

Las Tortas de Buena Vista o como se llaman en realidad, las tortas de La Hamburguesita, iniciaron como un verdadero reto al paladar en todos sentidos: su tamaño y la combinación de ingredientes las hacían entrar dentro del catálogo de conductas tendientes al pecado de la gula.

Del tamaño ni hablar. Basta decir que con una torta fácilmente podían cubrir sus necesidades alimenticias principalmente uno o dos estudiahambres. La presentación era tal, que en un papel de estraza se acomodaba la torta, y luego, prácticamente en un espacio igual, se complementaba con el relleno que se desbordaba del pan y con el que, fácilmente podías completar otra tortita sencilla.

Sin embargo, en la actualidad el desparramadero ya no es igual sino mínimo, los ingredientes han menguado su calidad, y sobretodo, su precio se ha incrementado exponencialmente, al grado de que incluso las sencillas, rondan los 80 o 90 pesos.

Un caso parecido es el de la tortería Los Globos, ubicada sobre Poder Legislativo y en la que la última vez que me pedí una torta de milanesa de pollo, vino repleta de nervios que al morderla me hicieron considerar en no volver a comprar ahí.

Insisto, tal vez es que ahora soy demasiado chocante, pero en general mis ultimas experiencias han sido un tanto decepcionantes.

Por el contrario, hace unas semanas visité la famosísima y añeja Casa Sedano, en calle No Reelección en el Centro de Cuernavaca, que aunque incomoda y pequeñita como ha sido siempre, me transportó a los viejos tiempos donde el sabor era lo más importante.

La torta de cochinita, doradita y jugosa al mismo tiempo, estaba perfectamente condimentada con cebollita morada y chile manzano. El precio de lo más razonable y el maridaje con una cocota de velador, pusieron la cereza al pastel.

Más allá de estas opciones, no he logrado encontrar alguna otra, que me derrita de placer en cada mordida. Lo bueno es que espero que a partir de este espacio, me escriban para recomendarme algunas buenas tortugas ninja.


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No es que de plano ya no me gusten, pero siento que de unos años a la fecha, algunas de las torterías más reconocidas de Cuernavaca han comenzado la curva descendente de su buena fama hacia la medianía.

Y es que las últimas veces que las he visitado, ya no he sentido la magia que las envolvía antaño. Quizá sea nostalgia, quizá un poco de añoranza, pero el hecho es que en general “mi vieja mula ya no es lo que era”.

Las Tortas de Buena Vista o como se llaman en realidad, las tortas de La Hamburguesita, iniciaron como un verdadero reto al paladar en todos sentidos: su tamaño y la combinación de ingredientes las hacían entrar dentro del catálogo de conductas tendientes al pecado de la gula.

Del tamaño ni hablar. Basta decir que con una torta fácilmente podían cubrir sus necesidades alimenticias principalmente uno o dos estudiahambres. La presentación era tal, que en un papel de estraza se acomodaba la torta, y luego, prácticamente en un espacio igual, se complementaba con el relleno que se desbordaba del pan y con el que, fácilmente podías completar otra tortita sencilla.

Sin embargo, en la actualidad el desparramadero ya no es igual sino mínimo, los ingredientes han menguado su calidad, y sobretodo, su precio se ha incrementado exponencialmente, al grado de que incluso las sencillas, rondan los 80 o 90 pesos.

Un caso parecido es el de la tortería Los Globos, ubicada sobre Poder Legislativo y en la que la última vez que me pedí una torta de milanesa de pollo, vino repleta de nervios que al morderla me hicieron considerar en no volver a comprar ahí.

Insisto, tal vez es que ahora soy demasiado chocante, pero en general mis ultimas experiencias han sido un tanto decepcionantes.

Por el contrario, hace unas semanas visité la famosísima y añeja Casa Sedano, en calle No Reelección en el Centro de Cuernavaca, que aunque incomoda y pequeñita como ha sido siempre, me transportó a los viejos tiempos donde el sabor era lo más importante.

La torta de cochinita, doradita y jugosa al mismo tiempo, estaba perfectamente condimentada con cebollita morada y chile manzano. El precio de lo más razonable y el maridaje con una cocota de velador, pusieron la cereza al pastel.

Más allá de estas opciones, no he logrado encontrar alguna otra, que me derrita de placer en cada mordida. Lo bueno es que espero que a partir de este espacio, me escriban para recomendarme algunas buenas tortugas ninja.


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