/ sábado 11 de abril de 2020

Las papas del Coronavirus

Para ser responsables en tiempos de cuarentena, esta vez no vamos a hablar de ninguna garnacha callejera, sino de un antojo casero para preparar y compartir con la familia, que además es saludable y que llena de sabor la panza de los tragones que no paramos ni en contingencia.

Primero es indispensable prender el anafre, la fogata o cualquier tipo de fuego que nos permita mantener el calor por 50 minutos. Una vez que la flama bajó y la temperatura es estable, la lumbre está lista para la parte estelar de la preparación.

Antes debes seleccionar unas buenas papas, de tamaño mediano; se supone que una papa por cabeza es la porción ideal, sin embargo cada quien conoce a su tropa.

Realiza dos cortes profundos pero sin rebanar por completo a lo largo del tubérculo, esto te permitirá por así decirlo, obtener tres gajos alargados. Luego haz cuatro cortes similares pero a lo ancho, esto te permitirá tener una papa abierta como en flor, pero sin que se desprendan los cuadritos.

Sobre un lienzo de papel aluminio, abre lo más que puedas “las hojas" de la papa sin que se rompa y ahora si, a condimentar. De cajón ponle un trozo de mantequilla y vierte sal al gusto y una pizca de pimienta molida; pero si eres fan de los experimentos, agrégale lo que puedas o quieras: yo le añado lo que encuentro, orégano, un poco de ajo molido, hierbas finas y hasta un poco de sazonador en polvo.

Envuelve las papas en el aluminio, no le pongas dos hojas pues si lo haces tardarás otros 15 minutos para que lleguen a su punto y mételas al fuego. De preferencia que la flama no sea alta; mejor que la braza esté viva. Después de 15 minutos, hay que voltearlas.

En paralelo elige lo que le agregue proteínas al platillo, puede ser chorizo, tocino o arrachera; la imaginación es el límite. Y pues, que sientan el rigor del carbón ardiente. Cuando estén listos, sácalos y pícalos en trozos pequeños.

Una vez que las papas hayan dado vuelta y en total lleven poco más de 30 minutos en el infierno, llévalas a la orilla y abre el aluminio solo por uno de sus lados para que formes una “cazuelita".

Ahora es momento de añadir la carne y un poco de queso rallado de tu preferencia. Aquí la variedad es amplia: puede ser queso de cincho, philadelphia, manchego, chihuahua, mozzarella, etc, etc. Y como toque final, una o dos cucharadas de crema.

Regrésalas a la parte más caliente y déjalas así otros diez minutos por lo menos. Siempre es bueno meterles un tenedor o un cuchillo, para corroborar que están suaves.

Si pones el paquete sobre una tabla, no necesitas más que un tenedor para entrarle duro y sabroso.

Aunque si no quieres complicarte, también puedes pedir algo a domicilio del changarro de tu preferencia, recuerda que es momento de consumir local.

Sígueme en Facebook como Castrando Ando.

Para ser responsables en tiempos de cuarentena, esta vez no vamos a hablar de ninguna garnacha callejera, sino de un antojo casero para preparar y compartir con la familia, que además es saludable y que llena de sabor la panza de los tragones que no paramos ni en contingencia.

Primero es indispensable prender el anafre, la fogata o cualquier tipo de fuego que nos permita mantener el calor por 50 minutos. Una vez que la flama bajó y la temperatura es estable, la lumbre está lista para la parte estelar de la preparación.

Antes debes seleccionar unas buenas papas, de tamaño mediano; se supone que una papa por cabeza es la porción ideal, sin embargo cada quien conoce a su tropa.

Realiza dos cortes profundos pero sin rebanar por completo a lo largo del tubérculo, esto te permitirá por así decirlo, obtener tres gajos alargados. Luego haz cuatro cortes similares pero a lo ancho, esto te permitirá tener una papa abierta como en flor, pero sin que se desprendan los cuadritos.

Sobre un lienzo de papel aluminio, abre lo más que puedas “las hojas" de la papa sin que se rompa y ahora si, a condimentar. De cajón ponle un trozo de mantequilla y vierte sal al gusto y una pizca de pimienta molida; pero si eres fan de los experimentos, agrégale lo que puedas o quieras: yo le añado lo que encuentro, orégano, un poco de ajo molido, hierbas finas y hasta un poco de sazonador en polvo.

Envuelve las papas en el aluminio, no le pongas dos hojas pues si lo haces tardarás otros 15 minutos para que lleguen a su punto y mételas al fuego. De preferencia que la flama no sea alta; mejor que la braza esté viva. Después de 15 minutos, hay que voltearlas.

En paralelo elige lo que le agregue proteínas al platillo, puede ser chorizo, tocino o arrachera; la imaginación es el límite. Y pues, que sientan el rigor del carbón ardiente. Cuando estén listos, sácalos y pícalos en trozos pequeños.

Una vez que las papas hayan dado vuelta y en total lleven poco más de 30 minutos en el infierno, llévalas a la orilla y abre el aluminio solo por uno de sus lados para que formes una “cazuelita".

Ahora es momento de añadir la carne y un poco de queso rallado de tu preferencia. Aquí la variedad es amplia: puede ser queso de cincho, philadelphia, manchego, chihuahua, mozzarella, etc, etc. Y como toque final, una o dos cucharadas de crema.

Regrésalas a la parte más caliente y déjalas así otros diez minutos por lo menos. Siempre es bueno meterles un tenedor o un cuchillo, para corroborar que están suaves.

Si pones el paquete sobre una tabla, no necesitas más que un tenedor para entrarle duro y sabroso.

Aunque si no quieres complicarte, también puedes pedir algo a domicilio del changarro de tu preferencia, recuerda que es momento de consumir local.

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