Brenda Valderrama

  / lunes 7 de octubre de 2019

Las niñas no se tocan

El embarazo adolescente, aun de manera voluntaria, es una mala idea. Embarazarse antes de los 19 años tiene graves consecuencias en la salud, en el desarrollo y también en la economía de la menor y en la de su familia. Los factores de riesgo son muy claros: menarquia precoz, baja autoestima, uso de drogas, ser hija de madre adolescente, un padre ausente, no usar métodos de planificación familiar así como la falta de conocimiento sexual.

Las menores con hijos acaban teniendo más hijos que las mujeres adultas, lo que socava sus oportunidades de aspirar a una vida mejor, incrementando la carga financiera de las familias que destinan la mitad de sus gastos no alimentarios a la salud materna y de los recién nacidos. Aún así, las menores de edad tienen menos probabilidades de recibir una adecuada atención médica durante el embarazo y el parto comparado con mujeres adultas, ocasionando que la mortalidad materna sea la principal causa de muerte en mujeres entre 15 y 19 años con un riesgo mayor todavía en menores de 15 años. La inmadurez física de la madre afecta también al bebé y sabemos que cada día fallecen en el mundo 7 mil recién nacidos de madres menores de edad y otros 7 mil en su primer mes de vida y, de sobrevivir, tienen el doble de riesgo de morir antes de cumplir los 5 años.

La Organización de las Naciones Unidas ha lanzando un alerta a los países con mayores tasas de embarazo adolescente, entre los que se encuentra México, urgiéndolos a tomar medidas preventivas. A pesar de esto los resultados son desalentadores y nuestro país posee la tasa más alta de embarazo adolescente entre los países miembros de la OCDE. Tan grave es que para 2017 dos de cada diez nacimientos fueron de madres menores de edad. Es un problema que, además, se ensaña con los grupos de menores ingresos en los cuales se incrementa seis veces la probabilidad de embarazo adolescente comparado con los de altos ingresos.

De manera general se recomienda intensificar el uso de campañas informativas que permita que las menores y sus familias tomen mejores decisiones y esperamos que esta columna ayude a la discusión informada. Sin embargo, hay otra cifra todavía más preocupante y es la fracción de esos embarazos generados por violencia sexual hacia menores de 14 años dando como resultado que en nuestro país 11 mil niñas se conviertan cada año en madres de manera no voluntaria.

La violencia sexual hacia menores ocurre principalmente en el hogar siendo los primos, tíos y padres los principales agresores quienes, además, resultan impunes de su delito por protección de la familia misma con la posibilidad de perpetuar el patrón de conducta. Se entiende perfectamente que la violencia sexual no es exclusiva hacia las niñas y que también los varones la sufren con sus secuelas físicas y emocionales, sin embargo la ocurrencia de embarazo y el riesgo que conlleva orillan a un tratamiento particular, de manera que resulta fundamental que las autoridades de los tres niveles de gobierno cumplan con la Norma Oficial Mexicana que prevé la posibilidad de interrumpir el embarazo en niñas violentadas. En esto coincidimos plenamente con la directora del Instituto Nacional de las Mujeres Nadine Gasman quien se expresó recientemente en este sentido.

El Centro de Análisis de Datos para la Salud nos indica que es más probable que las niñas y adolescentes retrasen la búsqueda de atención por lo que es frecuente que interrumpan el embarazo en etapas más avanzadas, que recurran a personas no calificada, que empleen métodos inseguros y que pospongan la búsqueda de atención médica en caso de complicaciones de la interrupción, las cuales suelen ser más frecuentes y severas que entre las mujeres adultas.

Entre las posibles acciones a seguir se encuentran la generación de información veraz y sin sesgo ideológico, la ampliación del acceso a métodos anticonceptivos, la erradicación de la violencia en el noviazgo como un medio de coerción para la sexualidad precoz, la mejora en la calidad de la atención medica a menores gestantes, la inclusión de las adolescentes en el diseño de políticas preventivas, el fortalecimiento de un ambiente de igualdad entre hombres y mujeres jóvenes, pero nada más importante que decir con todas sus letras, una y otra vez hasta que se nos grabe en la mente, que las niñas no se tocan.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

El embarazo adolescente, aun de manera voluntaria, es una mala idea. Embarazarse antes de los 19 años tiene graves consecuencias en la salud, en el desarrollo y también en la economía de la menor y en la de su familia. Los factores de riesgo son muy claros: menarquia precoz, baja autoestima, uso de drogas, ser hija de madre adolescente, un padre ausente, no usar métodos de planificación familiar así como la falta de conocimiento sexual.

Las menores con hijos acaban teniendo más hijos que las mujeres adultas, lo que socava sus oportunidades de aspirar a una vida mejor, incrementando la carga financiera de las familias que destinan la mitad de sus gastos no alimentarios a la salud materna y de los recién nacidos. Aún así, las menores de edad tienen menos probabilidades de recibir una adecuada atención médica durante el embarazo y el parto comparado con mujeres adultas, ocasionando que la mortalidad materna sea la principal causa de muerte en mujeres entre 15 y 19 años con un riesgo mayor todavía en menores de 15 años. La inmadurez física de la madre afecta también al bebé y sabemos que cada día fallecen en el mundo 7 mil recién nacidos de madres menores de edad y otros 7 mil en su primer mes de vida y, de sobrevivir, tienen el doble de riesgo de morir antes de cumplir los 5 años.

La Organización de las Naciones Unidas ha lanzando un alerta a los países con mayores tasas de embarazo adolescente, entre los que se encuentra México, urgiéndolos a tomar medidas preventivas. A pesar de esto los resultados son desalentadores y nuestro país posee la tasa más alta de embarazo adolescente entre los países miembros de la OCDE. Tan grave es que para 2017 dos de cada diez nacimientos fueron de madres menores de edad. Es un problema que, además, se ensaña con los grupos de menores ingresos en los cuales se incrementa seis veces la probabilidad de embarazo adolescente comparado con los de altos ingresos.

De manera general se recomienda intensificar el uso de campañas informativas que permita que las menores y sus familias tomen mejores decisiones y esperamos que esta columna ayude a la discusión informada. Sin embargo, hay otra cifra todavía más preocupante y es la fracción de esos embarazos generados por violencia sexual hacia menores de 14 años dando como resultado que en nuestro país 11 mil niñas se conviertan cada año en madres de manera no voluntaria.

La violencia sexual hacia menores ocurre principalmente en el hogar siendo los primos, tíos y padres los principales agresores quienes, además, resultan impunes de su delito por protección de la familia misma con la posibilidad de perpetuar el patrón de conducta. Se entiende perfectamente que la violencia sexual no es exclusiva hacia las niñas y que también los varones la sufren con sus secuelas físicas y emocionales, sin embargo la ocurrencia de embarazo y el riesgo que conlleva orillan a un tratamiento particular, de manera que resulta fundamental que las autoridades de los tres niveles de gobierno cumplan con la Norma Oficial Mexicana que prevé la posibilidad de interrumpir el embarazo en niñas violentadas. En esto coincidimos plenamente con la directora del Instituto Nacional de las Mujeres Nadine Gasman quien se expresó recientemente en este sentido.

El Centro de Análisis de Datos para la Salud nos indica que es más probable que las niñas y adolescentes retrasen la búsqueda de atención por lo que es frecuente que interrumpan el embarazo en etapas más avanzadas, que recurran a personas no calificada, que empleen métodos inseguros y que pospongan la búsqueda de atención médica en caso de complicaciones de la interrupción, las cuales suelen ser más frecuentes y severas que entre las mujeres adultas.

Entre las posibles acciones a seguir se encuentran la generación de información veraz y sin sesgo ideológico, la ampliación del acceso a métodos anticonceptivos, la erradicación de la violencia en el noviazgo como un medio de coerción para la sexualidad precoz, la mejora en la calidad de la atención medica a menores gestantes, la inclusión de las adolescentes en el diseño de políticas preventivas, el fortalecimiento de un ambiente de igualdad entre hombres y mujeres jóvenes, pero nada más importante que decir con todas sus letras, una y otra vez hasta que se nos grabe en la mente, que las niñas no se tocan.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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