/ domingo 26 de septiembre de 2021

Las metas imposibles en el Congreso

Frente a las enormes expectativas justificadas o no, que tiene la población de Morelos, el Congreso del estado se quedará irremediablemente corto, por muy bien que haga su trabajo. Y conste que han empezado muy bien. Pero entre los pendientes que dejaron las legislaturas anteriores, el escaso conocimiento de la función pública, y el estado de indefensión de miles de ciudadanos frente a las acciones, omisiones y dilaciones de los Ejecutivos estatal, federal y los gobiernos municipales; son muchos los que peligrosamente empiezan a ver a los diputados como superhéroes que tendrán que defenderlos de la inseguridad, la corrupción, la crisis y el mal gobierno.

No es que los actuales diputados carezcan de inteligencia, experiencia o ganas de hacer una chamba ilustre, el problema es que se les pide hacer cosas para las que no están facultados y que tocan exclusivamente al Ejecutivo, como la obra pública, la estrategia de combate al crimen, la persecución del delito, y hasta el buen despacho de áreas del Ejecutivo. Y es cierto que por la vía jurídica y presupuestal, el Congreso puede influir en las determinaciones del Ejecutivo. Por ejemplo, la probable cancelación de la facultad del gobernador para hacer transferencias presupuestales sin la autorización del Congreso podría garantizar que los recursos etiquetados por el Congreso se destinen realmente a los capítulos de gasto que se planean en el presupuesto para el 2022; pero difícilmente los diputados podrían obligar a que sea un personaje determinado quien se ocupe de un despacho específico del gobierno.

El problema no estaría, entonces, en el reclamo de lo que los diputados están haciendo, sino más en el sentido de lo que no pueden hacer porque son facultades exclusivas del Poder Ejecutivo. Es decir, a los diputados se les empiezan a cargar las fallas del gobierno estatal sobre las que muy temprano tendrán que pronunciarse y deslindarse. Ya iniciaron con los temas de seguridad pública y gasto gubernamental, en los que el desmarque y el regaño han sido inmediatos y contundentes. Pero deberán seguir, sobre todo si quieren mantener vivas sus carreras políticas en el 2024, fecha comicial que si bien aún no distrae a los legisladores, es obvio que los 20 la tienen en sus radares.

Convendrá a los diputados, por cierto, explicar claramente las limitaciones que sus cargos les imponen para evitar comprometerse a lo que no pueden cumplir. Cierto que durante el sexenio de Graco Ramírez, y en los anteriores, los legisladores eran “premiados” por su cuatitud con el Ejecutivo en turno con bolsas de recursos que eran destinados a obra pública menor, pero significativa. Pero también lo es que tales montos distraían a los representantes de sus labores fundamentales, comprometían la función legislativa, y generaron una serie de disfunciones en la percepción y evaluación del trabajo en el Congreso. Pero también urge al Legislativo recuperar su papel en materia de construcción de políticas públicas desde el parlamento y acercarse más a la sociedad y a los ayuntamientos para permitir la recuperar el ejercicio político en beneficio de la ciudadanía. Si eso ocurre, la evaluación del Congreso será todo lo positiva que desean.



@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Frente a las enormes expectativas justificadas o no, que tiene la población de Morelos, el Congreso del estado se quedará irremediablemente corto, por muy bien que haga su trabajo. Y conste que han empezado muy bien. Pero entre los pendientes que dejaron las legislaturas anteriores, el escaso conocimiento de la función pública, y el estado de indefensión de miles de ciudadanos frente a las acciones, omisiones y dilaciones de los Ejecutivos estatal, federal y los gobiernos municipales; son muchos los que peligrosamente empiezan a ver a los diputados como superhéroes que tendrán que defenderlos de la inseguridad, la corrupción, la crisis y el mal gobierno.

No es que los actuales diputados carezcan de inteligencia, experiencia o ganas de hacer una chamba ilustre, el problema es que se les pide hacer cosas para las que no están facultados y que tocan exclusivamente al Ejecutivo, como la obra pública, la estrategia de combate al crimen, la persecución del delito, y hasta el buen despacho de áreas del Ejecutivo. Y es cierto que por la vía jurídica y presupuestal, el Congreso puede influir en las determinaciones del Ejecutivo. Por ejemplo, la probable cancelación de la facultad del gobernador para hacer transferencias presupuestales sin la autorización del Congreso podría garantizar que los recursos etiquetados por el Congreso se destinen realmente a los capítulos de gasto que se planean en el presupuesto para el 2022; pero difícilmente los diputados podrían obligar a que sea un personaje determinado quien se ocupe de un despacho específico del gobierno.

El problema no estaría, entonces, en el reclamo de lo que los diputados están haciendo, sino más en el sentido de lo que no pueden hacer porque son facultades exclusivas del Poder Ejecutivo. Es decir, a los diputados se les empiezan a cargar las fallas del gobierno estatal sobre las que muy temprano tendrán que pronunciarse y deslindarse. Ya iniciaron con los temas de seguridad pública y gasto gubernamental, en los que el desmarque y el regaño han sido inmediatos y contundentes. Pero deberán seguir, sobre todo si quieren mantener vivas sus carreras políticas en el 2024, fecha comicial que si bien aún no distrae a los legisladores, es obvio que los 20 la tienen en sus radares.

Convendrá a los diputados, por cierto, explicar claramente las limitaciones que sus cargos les imponen para evitar comprometerse a lo que no pueden cumplir. Cierto que durante el sexenio de Graco Ramírez, y en los anteriores, los legisladores eran “premiados” por su cuatitud con el Ejecutivo en turno con bolsas de recursos que eran destinados a obra pública menor, pero significativa. Pero también lo es que tales montos distraían a los representantes de sus labores fundamentales, comprometían la función legislativa, y generaron una serie de disfunciones en la percepción y evaluación del trabajo en el Congreso. Pero también urge al Legislativo recuperar su papel en materia de construcción de políticas públicas desde el parlamento y acercarse más a la sociedad y a los ayuntamientos para permitir la recuperar el ejercicio político en beneficio de la ciudadanía. Si eso ocurre, la evaluación del Congreso será todo lo positiva que desean.



@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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