/ jueves 13 de febrero de 2020

Las esperanzas del informe...

¿Va a escribir sobre el informe del gobernador?

La pregunta es obligada a estas alturas, pensando en que el ejercicio dictaría la línea de los próximos años en la administración de Cuauhtémoc Blanco, ya que el discurso de su toma de protesta fue desdibujado por la realidad que le tocó enfrentar. De hecho, el gobernador y su equipo fueron ciertamente víctimas de un estado de cosas lamentable en la administración pública: un estado en quiebra, una clase política fragmentada y asociada en muchos casos con terribles esquemas de corrupción, una sociedad molesta y sumamente exigente, para mencionar algunos de los aditivos a la crisis económica y de seguridad pública que son de todos sabidas. A más de un año de aquello, es difícil seguir culpando a sus antecesores.

Pero el que la pregunta sea obligada no es suficientes para una respuesta positiva. En los hechos lo que se hace cada vez que se habla de los informes por adelantado es una suerte de pre glosa del documento que corresponde sólo a las buenas (o malas) intenciones de quien hace el comentario. Hablar de un mensaje que ha de dar otra persona, sin conocimiento previo del mismo, es una terrible y peligrosa especulación y puede llevar a decepciones injustas para el decepcionante en tanto él no había prefigurado absolutamente nada.

Hubo, cierto, una campaña publicitaria sobre el informe en que se incluyeron algunas de las cosas de las que, uno imagina, se siente orgulloso el gobierno estatal, pero del mensaje político, con prospectiva, el que permite el juicio y el análisis, no hemos sabido nada más de lo que se nos ha dicho hasta el fastidio “no les voy a fallar”. Lo cierto es que el gobierno estatal queda mucho a deber a una sociedad que se ilusionó con el destierro de los “políticos”. Los indicadores económicos, de seguridad pública, de desarrollo social, no son favorables para la actual administración; en todo caso tendríamos que reconocerles una nueva personalidad de gobierno que no miente pero tampoco es diplomático ni parece muy proclive a alcanzar acuerdos.

Más por simbolismo calendárico que por alguna coyuntura adicional, la ceremonia de este 13 de febrero podría servir al Ejecutivo para redefinir su posición, para repensar su propio diseño institucional, para empezar el trazo de políticas públicas que, en el corto plazo, se traduzcan en diferencias sustanciales en la calidad de vida de los morelenses. Continuar por el mismo camino significa profundizar la crisis en que el propio gobierno (parte por su circunstancia pero también por sus decisiones), se ha ido sumiendo.

Los empresarios esperan que trace un rumbo hacia el desarrollo económico, grupos de la sociedad civil quieren escuchar de medidas estrictas para acabar con la inseguridad, sus adversarios políticos desean más equivocaciones, y habrá hasta quienes (en una tremenda confusión entre el gobernador y el Estado) digan que si le va bien a Cuauhtémoc Blanco le va bien a Morelos -las evidencias de ex mandatarios demuestran casi lo contrario. Uno ya mejor no espera nada, acaso que probablemente esta vez digan algo que aún no hemos escuchado.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

¿Va a escribir sobre el informe del gobernador?

La pregunta es obligada a estas alturas, pensando en que el ejercicio dictaría la línea de los próximos años en la administración de Cuauhtémoc Blanco, ya que el discurso de su toma de protesta fue desdibujado por la realidad que le tocó enfrentar. De hecho, el gobernador y su equipo fueron ciertamente víctimas de un estado de cosas lamentable en la administración pública: un estado en quiebra, una clase política fragmentada y asociada en muchos casos con terribles esquemas de corrupción, una sociedad molesta y sumamente exigente, para mencionar algunos de los aditivos a la crisis económica y de seguridad pública que son de todos sabidas. A más de un año de aquello, es difícil seguir culpando a sus antecesores.

Pero el que la pregunta sea obligada no es suficientes para una respuesta positiva. En los hechos lo que se hace cada vez que se habla de los informes por adelantado es una suerte de pre glosa del documento que corresponde sólo a las buenas (o malas) intenciones de quien hace el comentario. Hablar de un mensaje que ha de dar otra persona, sin conocimiento previo del mismo, es una terrible y peligrosa especulación y puede llevar a decepciones injustas para el decepcionante en tanto él no había prefigurado absolutamente nada.

Hubo, cierto, una campaña publicitaria sobre el informe en que se incluyeron algunas de las cosas de las que, uno imagina, se siente orgulloso el gobierno estatal, pero del mensaje político, con prospectiva, el que permite el juicio y el análisis, no hemos sabido nada más de lo que se nos ha dicho hasta el fastidio “no les voy a fallar”. Lo cierto es que el gobierno estatal queda mucho a deber a una sociedad que se ilusionó con el destierro de los “políticos”. Los indicadores económicos, de seguridad pública, de desarrollo social, no son favorables para la actual administración; en todo caso tendríamos que reconocerles una nueva personalidad de gobierno que no miente pero tampoco es diplomático ni parece muy proclive a alcanzar acuerdos.

Más por simbolismo calendárico que por alguna coyuntura adicional, la ceremonia de este 13 de febrero podría servir al Ejecutivo para redefinir su posición, para repensar su propio diseño institucional, para empezar el trazo de políticas públicas que, en el corto plazo, se traduzcan en diferencias sustanciales en la calidad de vida de los morelenses. Continuar por el mismo camino significa profundizar la crisis en que el propio gobierno (parte por su circunstancia pero también por sus decisiones), se ha ido sumiendo.

Los empresarios esperan que trace un rumbo hacia el desarrollo económico, grupos de la sociedad civil quieren escuchar de medidas estrictas para acabar con la inseguridad, sus adversarios políticos desean más equivocaciones, y habrá hasta quienes (en una tremenda confusión entre el gobernador y el Estado) digan que si le va bien a Cuauhtémoc Blanco le va bien a Morelos -las evidencias de ex mandatarios demuestran casi lo contrario. Uno ya mejor no espera nada, acaso que probablemente esta vez digan algo que aún no hemos escuchado.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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