Michelle Onofre

  / martes 5 de noviembre de 2019

Las aguas turbias

El pasado 22 de Octubre durante una convivencia entre altos mandos del ejército y la Fuerza Aérea que contó con la presencia del titular de SEDENA, General Luis Cresencio Sandoval González, se suscitó un hecho que con el pasar de los días vino a enrarecer (si es esto posible) aún más el ya de por sí complicado ambiente político en nuestro país.

El General en retiro, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa cuestionó la forma de llevar las cosas por parte del gobierno federal iniciando con unas palabras que proviniendo de su boca y la abundancia del corazón, trató de hacer pasar como un sentimiento generalizado endosando la responsabilidad de su dicho, asumió de facto su sentir como compartido al decir “Nos sentimos agraviados como mexicanos y como soldados” sin referir causa especifica de su “malestar” siguió su discurso sin mencionar al presidente López Obrador; tampoco hizo alusión o reconocimiento a la comandancia suprema de las fuerzas armadas que éste tiene por mandato constitucional, sintiéndose portavoz de corazones presentes y ausentes mencionó “los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del ejecutivo que vienen propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos para decirlo con suavidad, ello nos inquieta, nos ofende eventualmente pero sobre todo nos preocupa, toda vez que los aquí presentes (unos 500 mandos militares) fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”.

Siguiendo con su discurso, insinuó una tendencia derechista de las fuerzas castrenses que hasta ayer creí eran y debían permanecer neutrales ante corrientes políticas, dijo: “Vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la ideología dominante que no la mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda que acumularon durante años un gran resentimiento, hoy tenemos un gobierno cuya representación es tangible en 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio que les permita subsanar un déficit del estado para dicho sector poblacional” refiriendo con este punto una especie de “revanchismo de los marginados y desposeídos” que vieron en su voto la venganza esperada.

Y así, palabras más palabras menos la alocución de Gaytán Ochoa pareciera clasista, irresponsable, maquiavélica y por supuesto golpista, olvida o desestima el derecho de 30 millones de votantes que pudieron ir movidos por los sentimientos que a ellos les viniera en gana pero lo hicieron en pleno uso de sus facultades mentales y jurídicas, bajo el cobijo de algo que se llama democracia.

La lealtad militar tan presumida en nuestra historia debe vestir disciplina y neutralidad política, así puede garantizarse la libertad, hemos pasado cosas terribles en la historia de nuestro país, una guerra contra el narco que nos puso en un sitio indeseado para todos, pero ni en momentos así, nadie en su sano juicio puede pensar que es benéfico para México, el siquiera insinuar una rebeldía de las fuerzas castrenses.

Al decir que “El alto mando enfrenta desde lo institucional, a un grupo de Halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido” advierte o amenaza con la existencia de mentes más perversas y posturas más radicales que la suya.

Haber pasado por el mando de Felipe Calderón podría explicar sus simpatías y antipatías, pero es inadmisible que las traslade al punto de un supuesto desencuentro con un posible afán desestabilizador, Gaytán Ochoa culminó su discurso reiterando lealtad al Secretario de la Defensa pero excluyendo de sus consideraciones al Presidente.

Lopéz Obrador ha emitido un mensaje en este sentido y la oposición acusa de un intento de cortina de humo para distraer de las problemáticas del país, tal vez tengan razón ya que no se puede ocultar la difícil realidad que como mexicanos, sufrimos en la actualidad, lo cierto, es que las equivocaciones de un Presidente, en una Nación que se presuma democrática deben ser castigadas en las urnas, de la misma manera que ha pasado con los mandatarios de épocas recientes.

Las aguas turbias de la política ocultan muchas caras y muchos intereses.

El pasado 22 de Octubre durante una convivencia entre altos mandos del ejército y la Fuerza Aérea que contó con la presencia del titular de SEDENA, General Luis Cresencio Sandoval González, se suscitó un hecho que con el pasar de los días vino a enrarecer (si es esto posible) aún más el ya de por sí complicado ambiente político en nuestro país.

El General en retiro, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa cuestionó la forma de llevar las cosas por parte del gobierno federal iniciando con unas palabras que proviniendo de su boca y la abundancia del corazón, trató de hacer pasar como un sentimiento generalizado endosando la responsabilidad de su dicho, asumió de facto su sentir como compartido al decir “Nos sentimos agraviados como mexicanos y como soldados” sin referir causa especifica de su “malestar” siguió su discurso sin mencionar al presidente López Obrador; tampoco hizo alusión o reconocimiento a la comandancia suprema de las fuerzas armadas que éste tiene por mandato constitucional, sintiéndose portavoz de corazones presentes y ausentes mencionó “los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del ejecutivo que vienen propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos para decirlo con suavidad, ello nos inquieta, nos ofende eventualmente pero sobre todo nos preocupa, toda vez que los aquí presentes (unos 500 mandos militares) fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”.

Siguiendo con su discurso, insinuó una tendencia derechista de las fuerzas castrenses que hasta ayer creí eran y debían permanecer neutrales ante corrientes políticas, dijo: “Vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la ideología dominante que no la mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda que acumularon durante años un gran resentimiento, hoy tenemos un gobierno cuya representación es tangible en 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio que les permita subsanar un déficit del estado para dicho sector poblacional” refiriendo con este punto una especie de “revanchismo de los marginados y desposeídos” que vieron en su voto la venganza esperada.

Y así, palabras más palabras menos la alocución de Gaytán Ochoa pareciera clasista, irresponsable, maquiavélica y por supuesto golpista, olvida o desestima el derecho de 30 millones de votantes que pudieron ir movidos por los sentimientos que a ellos les viniera en gana pero lo hicieron en pleno uso de sus facultades mentales y jurídicas, bajo el cobijo de algo que se llama democracia.

La lealtad militar tan presumida en nuestra historia debe vestir disciplina y neutralidad política, así puede garantizarse la libertad, hemos pasado cosas terribles en la historia de nuestro país, una guerra contra el narco que nos puso en un sitio indeseado para todos, pero ni en momentos así, nadie en su sano juicio puede pensar que es benéfico para México, el siquiera insinuar una rebeldía de las fuerzas castrenses.

Al decir que “El alto mando enfrenta desde lo institucional, a un grupo de Halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido” advierte o amenaza con la existencia de mentes más perversas y posturas más radicales que la suya.

Haber pasado por el mando de Felipe Calderón podría explicar sus simpatías y antipatías, pero es inadmisible que las traslade al punto de un supuesto desencuentro con un posible afán desestabilizador, Gaytán Ochoa culminó su discurso reiterando lealtad al Secretario de la Defensa pero excluyendo de sus consideraciones al Presidente.

Lopéz Obrador ha emitido un mensaje en este sentido y la oposición acusa de un intento de cortina de humo para distraer de las problemáticas del país, tal vez tengan razón ya que no se puede ocultar la difícil realidad que como mexicanos, sufrimos en la actualidad, lo cierto, es que las equivocaciones de un Presidente, en una Nación que se presuma democrática deben ser castigadas en las urnas, de la misma manera que ha pasado con los mandatarios de épocas recientes.

Las aguas turbias de la política ocultan muchas caras y muchos intereses.

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