/ jueves 10 de junio de 2021

La urgencia de relevos

Si las intenciones de cambio del gobernador Cuauhtémoc Blanco son ciertas, en los próximos días tendríamos que ver una serie de relevos en el gabinete que permitieran un escenario mucho más efectivo y conciliador con los grupos políticos y sociales que castigaron severamente a su administración en los comicios del domingo.

Los primeros años de Cuauh gobernador fueron de ruptura con actores políticos representativos del estado, con los críticos de su gobierno, con grupos sociales de lo más diversos; también de ignorar los problemas añejos de seguridad pública, desarrollo económico, justicia social, corrupción, impunidad, que se agudizaron profundamente con la pandemia. La polarización de la clase política se alentó desde el gobierno como una aparente estrategia que culminaría en la reducción de la exigencia política al Ejecutivo y la focalización de reclamos hacia el Congreso y los ayuntamientos. Los resultados electorales evidencian el fracaso enorme de un gabinete que apostó a la popularidad del futbolista y se olvidó del respaldo necesario para los gobernantes.

Los resultados de los comicios apuntan a que el gobernador se ha quedado prácticamente sólo. Sus oposiciones de izquierda, centro y derecha en el Congreso y los ayuntamientos se impusieron en las urnas a quienes representaban cercanía con el gobernador o sus funcionarios en el gabinete.

Cuauhtémoc Blanco sabe que debe cambiar. Su mensaje del domingo, posterior a la jornada electoral, puede ser leído como un intento por mejorar su relación con los jugadores en el tablero de la política local. Sabe Cuauh que sin el control del Congreso ni los ayuntamientos, tendrá muchas dificultades para sobrellevar el resto de su mandato. Si en la feneciente legislatura, de acuerdo con testimonios de los propios diputados, los operadores del gobierno del estado lograron convencer a unos pocos diputados para detener los trabajos de un Congreso que no le era afín, ahora tendría que hacerse de la voluntad de por lo menos diez legisladores si quiere transitar sin muchos sobresaltos hasta el 2024. Y para lograr que su administración pudiera impulsar políticas de estado desde su gabinete requeriría de once, o catorce si requiere cambios jurídicos mayores.

Nada sencillo, pues la carrera por la sucesión empezará en cuanto los nuevos legisladores rindan protesta. ¿Algún diputado o alcalde querrá cargar con la defensa (aunque sea institucional) de un gobernador con niveles de popularidad tan bajos? ¿Alguno de los nuevos actores no tiene afrentas por cobrar al gobernador o su gabinete?

La evaluación del gobernador a su gabinete no debe ir sólo sobre los magros resultados que han dado sus secretarios, subsecretarios y directores de órganos descentralizados; también deberá considerar la capacidad de cada uno de ellos para relacionarse con otros actores políticos y para atender a la ciudadanía. Lo segundo parece imposible para áreas vitales del gabinete, como gobierno, hacienda, desarrollo económico, salud, educación, obras públicas, turismo y cultura, desarrollo agropecuario. En una cruel paradoja, para salvarse de la soledad, el gobernador deberá quedarse más sólo, quienes hoy lo acompañan no garantizan conciliar nada.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Si las intenciones de cambio del gobernador Cuauhtémoc Blanco son ciertas, en los próximos días tendríamos que ver una serie de relevos en el gabinete que permitieran un escenario mucho más efectivo y conciliador con los grupos políticos y sociales que castigaron severamente a su administración en los comicios del domingo.

Los primeros años de Cuauh gobernador fueron de ruptura con actores políticos representativos del estado, con los críticos de su gobierno, con grupos sociales de lo más diversos; también de ignorar los problemas añejos de seguridad pública, desarrollo económico, justicia social, corrupción, impunidad, que se agudizaron profundamente con la pandemia. La polarización de la clase política se alentó desde el gobierno como una aparente estrategia que culminaría en la reducción de la exigencia política al Ejecutivo y la focalización de reclamos hacia el Congreso y los ayuntamientos. Los resultados electorales evidencian el fracaso enorme de un gabinete que apostó a la popularidad del futbolista y se olvidó del respaldo necesario para los gobernantes.

Los resultados de los comicios apuntan a que el gobernador se ha quedado prácticamente sólo. Sus oposiciones de izquierda, centro y derecha en el Congreso y los ayuntamientos se impusieron en las urnas a quienes representaban cercanía con el gobernador o sus funcionarios en el gabinete.

Cuauhtémoc Blanco sabe que debe cambiar. Su mensaje del domingo, posterior a la jornada electoral, puede ser leído como un intento por mejorar su relación con los jugadores en el tablero de la política local. Sabe Cuauh que sin el control del Congreso ni los ayuntamientos, tendrá muchas dificultades para sobrellevar el resto de su mandato. Si en la feneciente legislatura, de acuerdo con testimonios de los propios diputados, los operadores del gobierno del estado lograron convencer a unos pocos diputados para detener los trabajos de un Congreso que no le era afín, ahora tendría que hacerse de la voluntad de por lo menos diez legisladores si quiere transitar sin muchos sobresaltos hasta el 2024. Y para lograr que su administración pudiera impulsar políticas de estado desde su gabinete requeriría de once, o catorce si requiere cambios jurídicos mayores.

Nada sencillo, pues la carrera por la sucesión empezará en cuanto los nuevos legisladores rindan protesta. ¿Algún diputado o alcalde querrá cargar con la defensa (aunque sea institucional) de un gobernador con niveles de popularidad tan bajos? ¿Alguno de los nuevos actores no tiene afrentas por cobrar al gobernador o su gabinete?

La evaluación del gobernador a su gabinete no debe ir sólo sobre los magros resultados que han dado sus secretarios, subsecretarios y directores de órganos descentralizados; también deberá considerar la capacidad de cada uno de ellos para relacionarse con otros actores políticos y para atender a la ciudadanía. Lo segundo parece imposible para áreas vitales del gabinete, como gobierno, hacienda, desarrollo económico, salud, educación, obras públicas, turismo y cultura, desarrollo agropecuario. En una cruel paradoja, para salvarse de la soledad, el gobernador deberá quedarse más sólo, quienes hoy lo acompañan no garantizan conciliar nada.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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