Michelle Onofre

  / martes 21 de mayo de 2019

¿La solución somos todos?

Enfocarse en otros temas ayuda pero inexorablemente la inseguridad nos recuerda día a día que sigue ahí y creciendo, hecho tras hecho sin exentar a ningún sector: estudiantes, empresarios, abogados, nadie está a salvo.

Como el indignante homicidio de la joven Mariana, estudiante de la UAEM; o el asesinato de Humberto Adame Castillo, hermano del exgobernador morelense y actual Vicepresidente de la Cámara Baja, Marco Adame.

Es necesario entender la magnitud del problema para descifrar la complejidad de la solución.

La inseguridad en México al ser un problema que afecta a todos sin distinguir zonas geográficas ni estratos sociales, debe ser atendida de forma integral y asumiendo lo correspondiente para cada ciudadano.

La violencia está en todos lados, vivimos con ella, se nos ha vuelto cotidiana; está en nuestra mente y entorno; hoy endosamos al ejecutivo federal la responsabilidad de liberarnos de este flagelo, como en su momento tocó llevar culpas a quien estuvo en turno.

Y si bien, parte del peso resolutivo está en sus manos y es parte de lo prometido, no podemos olvidar que la estrategia abarca partidos políticos, gobernadores, alcaldes, policías, fiscales, jueces, periodistas y ciudadanía en general.

La falta de compromiso en este sentido, nos deja descubrir casos tan aberrantes como el del ex gobernador de Nayarit Roberto Sandoval Castañeda y el Juez Isidro Avelar Gutiérrez, quienes según el Departamento del Tesoro recibieron sobornos por parte de cárteles a cambio de fallos favorables, se "hicieron de la vista gorda" en su área de competencia.

Tuvo que ser en el vecino país del norte, donde se encontrara justicia ante un caso añejo, en ese entonces se trataba de un gobernador "en el ojo del huracán" por la detención de su ex fiscal y brazo derecho Edgar Veytia, acusado de narcotráfico y ahora ya declarado culpable en Estados Unidos; en aquel entonces, nadie creyó que el Gobernador no supiera de las conductas delictivas de su entonces fiscal y amigo, nadie con excepción de todo el aparato gubernamental que no levantó un dedo contra el.

Siguiendo con las responsabilidades o irresponsabilidades, los partidos deben tener estatura política para estos casos, no simplemente deslindarse del “apestado” como lo hizo el PRI a través del Comité Ejecutivo Nacional, sino asumir y explicar ¿por qué no se dieron o no se quisieron dar cuenta de lo ocurrido a lo largo de 6 años en Nayarit?

Los periodistas también debemos ser responsables y mantener rigor periodístico; recientemente, portales como Vanguardia.mx e incluso Grupo Fórmula publicaron sendos artículos relacionados con la paga ofrecida por los cárteles de la droga mexicanos para reclutar jóvenes y ex policías, en sus notas hablaban hasta de cantidades exactas de lo que se supone podrían percibir los interesados, como si estos medios fueran una suerte de “El Aviso Oportuno” del crimen organizado.

Han dejado de tomar en cuenta que todos los medios informativos tenemos una responsabilidad con nuestro público, no podemos hablar de la forma en que México sufre de una violencia crónica y páginas más adelante hablar de las delicias y ventajas al optar por el camino equivocado.

Mencionar altas pagas por delinquir en un país donde 8 millones de mexicanos ganan apenas un salario mínimo resulta una especie de apología del crimen disfrazada de libertad de expresión. El derramamiento de sangre inocente lo sufrimos todos, incluyendo periodistas.

Finalmente, no podemos pasar por alto la responsabilidad ciudadana, no podemos pedir paz cuando llenamos nuestro ambiente de discordia exagerada, las redes contienen testimonios de verdaderos linchamientos, insultos entre quienes opinan distinto, si se te ocurre criticar a López Obrador serás linchado en esos medios, si se te antoja aplaudirle sin duda sucederá lo mismo; estamos juntos en este barco y solo existe uno.

En 1976, un candidato a la presidencia de México tenía un slogan de campaña que rezaba “La Solución Somos Todos” desgraciadamente en aquellos años resultó solo eso, una frase hueca y sin la verdadera intención de cambio, hoy podemos revertirlo, podemos mentalizarnos para que efectivamente, la solución seamos todos.

Enfocarse en otros temas ayuda pero inexorablemente la inseguridad nos recuerda día a día que sigue ahí y creciendo, hecho tras hecho sin exentar a ningún sector: estudiantes, empresarios, abogados, nadie está a salvo.

Como el indignante homicidio de la joven Mariana, estudiante de la UAEM; o el asesinato de Humberto Adame Castillo, hermano del exgobernador morelense y actual Vicepresidente de la Cámara Baja, Marco Adame.

Es necesario entender la magnitud del problema para descifrar la complejidad de la solución.

La inseguridad en México al ser un problema que afecta a todos sin distinguir zonas geográficas ni estratos sociales, debe ser atendida de forma integral y asumiendo lo correspondiente para cada ciudadano.

La violencia está en todos lados, vivimos con ella, se nos ha vuelto cotidiana; está en nuestra mente y entorno; hoy endosamos al ejecutivo federal la responsabilidad de liberarnos de este flagelo, como en su momento tocó llevar culpas a quien estuvo en turno.

Y si bien, parte del peso resolutivo está en sus manos y es parte de lo prometido, no podemos olvidar que la estrategia abarca partidos políticos, gobernadores, alcaldes, policías, fiscales, jueces, periodistas y ciudadanía en general.

La falta de compromiso en este sentido, nos deja descubrir casos tan aberrantes como el del ex gobernador de Nayarit Roberto Sandoval Castañeda y el Juez Isidro Avelar Gutiérrez, quienes según el Departamento del Tesoro recibieron sobornos por parte de cárteles a cambio de fallos favorables, se "hicieron de la vista gorda" en su área de competencia.

Tuvo que ser en el vecino país del norte, donde se encontrara justicia ante un caso añejo, en ese entonces se trataba de un gobernador "en el ojo del huracán" por la detención de su ex fiscal y brazo derecho Edgar Veytia, acusado de narcotráfico y ahora ya declarado culpable en Estados Unidos; en aquel entonces, nadie creyó que el Gobernador no supiera de las conductas delictivas de su entonces fiscal y amigo, nadie con excepción de todo el aparato gubernamental que no levantó un dedo contra el.

Siguiendo con las responsabilidades o irresponsabilidades, los partidos deben tener estatura política para estos casos, no simplemente deslindarse del “apestado” como lo hizo el PRI a través del Comité Ejecutivo Nacional, sino asumir y explicar ¿por qué no se dieron o no se quisieron dar cuenta de lo ocurrido a lo largo de 6 años en Nayarit?

Los periodistas también debemos ser responsables y mantener rigor periodístico; recientemente, portales como Vanguardia.mx e incluso Grupo Fórmula publicaron sendos artículos relacionados con la paga ofrecida por los cárteles de la droga mexicanos para reclutar jóvenes y ex policías, en sus notas hablaban hasta de cantidades exactas de lo que se supone podrían percibir los interesados, como si estos medios fueran una suerte de “El Aviso Oportuno” del crimen organizado.

Han dejado de tomar en cuenta que todos los medios informativos tenemos una responsabilidad con nuestro público, no podemos hablar de la forma en que México sufre de una violencia crónica y páginas más adelante hablar de las delicias y ventajas al optar por el camino equivocado.

Mencionar altas pagas por delinquir en un país donde 8 millones de mexicanos ganan apenas un salario mínimo resulta una especie de apología del crimen disfrazada de libertad de expresión. El derramamiento de sangre inocente lo sufrimos todos, incluyendo periodistas.

Finalmente, no podemos pasar por alto la responsabilidad ciudadana, no podemos pedir paz cuando llenamos nuestro ambiente de discordia exagerada, las redes contienen testimonios de verdaderos linchamientos, insultos entre quienes opinan distinto, si se te ocurre criticar a López Obrador serás linchado en esos medios, si se te antoja aplaudirle sin duda sucederá lo mismo; estamos juntos en este barco y solo existe uno.

En 1976, un candidato a la presidencia de México tenía un slogan de campaña que rezaba “La Solución Somos Todos” desgraciadamente en aquellos años resultó solo eso, una frase hueca y sin la verdadera intención de cambio, hoy podemos revertirlo, podemos mentalizarnos para que efectivamente, la solución seamos todos.

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