Daniel Martínez

  / viernes 15 de marzo de 2019

La parálisis económica…

Uno habría pensado que con la aprobación hace unos días del presupuesto de egresos del gobierno estatal, de las leyes en la materia para los municipios, y en términos más generales, de todo el paquete económico para el estado de Morelos; la parálisis económica de ya casi tres meses, cuatro y medio o hasta seis, según la medida del optimismo del analista, se iba a terminar de forma inmediata y que el tiempo perdido no resultaría en un impacto tan grave en las mediciones de la actividad económica y en indicadores como la confianza del consumidor.

No ha sido así porque aún con la aprobación del paquete económico, los trámites burocráticos y bloqueos desde algunas oficinas del Congreso del Estado han sido frecuentes resultando en que la parálisis continúa y si bien nadie parece escandalizarse por la situación (que tiene múltiples orígenes), el impacto de la falta de inversión estatal en los indicadores económicos para el 2019 ya empieza a notarse.

La falta de inversión gubernamental en un estado como Morelos, que apostó gran parte de su desarrollo en los últimos años a esa forma de apuntalar la economía local, resulta peligrosa especialmente si se considera que las condiciones en materia de seguridad pública, y otras generadoras de confianza para la inversión privada interna y externa, no han sido óptimas en los últimos años. Dirán muchos ex gobernadores y ex funcionarios que aún con esas condiciones se logró la atracción de inversiones, aunque más exacto sería decir que las inversiones aterrizaron no por gestiones del gobierno, sino por estrategias productivas y comerciales muy diversas; es decir, los empresarios invirtieron en Morelos por las condiciones geográficas del estado, no por sus extraordinarias políticas en materia de desarrollo económico.

Esas condiciones han sido insuficientes, sin embargo, para hacer crecer la economía al ritmo que requiere el aumento poblacional combinado con el factor inflacionario, la productividad, y todos los otros factores que generan bienestar para los habitantes de una región. Datos, en el 2018, Morelos generó menos de cinco mil empleos formales, cuando se requieren casi 19 mil plazas anuales para garantizar trabajos de calidad. La pobreza laboral y la informalidad, en cambio, sobrepasaron los niveles sostenibles, al llegar a más de 65 por ciento la tasa de informalidad y a 54.9 por ciento la pobreza laboral. Esos son los números al fin del 2018.

Para 2019, a pesar de un buen ambiente generado en las primeras semanas de administración, la parálisis presupuestal ha impactado ya negativamente en las cifras de empleo, informalidad, pobreza laboral, y también en las de futuros como los índices de confianza de inversionistas y de consumidores. El problema es que el desaguisado presupuestal en el Congreso abarca prácticamente todo el primer trimestre del año y con ello el efecto en los indicadores será colosal. En términos muy elementales, la falta de inversión gubernamental ha sido total durante el primer cuarto del año, pero además, se alteró la temporalidad de los ciclos de inversión provocando afectaciones que lucen difíciles de reparar en lo que resta del año. De ese tamaño ha impactado en la vida económica el conflicto político que podría haber marcado ya el sexenio. La urgencia de negociación entre los poderes es manifiesta; pero también lo es la necesidad de encontrar un modelo de desarrollo económico en que los factores políticos tengan un peso menor, para liberar a la actividad empresarial y económica de la influencia excesiva que hoy tiene el gobierno en la cuestión productiva de Morelos.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Uno habría pensado que con la aprobación hace unos días del presupuesto de egresos del gobierno estatal, de las leyes en la materia para los municipios, y en términos más generales, de todo el paquete económico para el estado de Morelos; la parálisis económica de ya casi tres meses, cuatro y medio o hasta seis, según la medida del optimismo del analista, se iba a terminar de forma inmediata y que el tiempo perdido no resultaría en un impacto tan grave en las mediciones de la actividad económica y en indicadores como la confianza del consumidor.

No ha sido así porque aún con la aprobación del paquete económico, los trámites burocráticos y bloqueos desde algunas oficinas del Congreso del Estado han sido frecuentes resultando en que la parálisis continúa y si bien nadie parece escandalizarse por la situación (que tiene múltiples orígenes), el impacto de la falta de inversión estatal en los indicadores económicos para el 2019 ya empieza a notarse.

La falta de inversión gubernamental en un estado como Morelos, que apostó gran parte de su desarrollo en los últimos años a esa forma de apuntalar la economía local, resulta peligrosa especialmente si se considera que las condiciones en materia de seguridad pública, y otras generadoras de confianza para la inversión privada interna y externa, no han sido óptimas en los últimos años. Dirán muchos ex gobernadores y ex funcionarios que aún con esas condiciones se logró la atracción de inversiones, aunque más exacto sería decir que las inversiones aterrizaron no por gestiones del gobierno, sino por estrategias productivas y comerciales muy diversas; es decir, los empresarios invirtieron en Morelos por las condiciones geográficas del estado, no por sus extraordinarias políticas en materia de desarrollo económico.

Esas condiciones han sido insuficientes, sin embargo, para hacer crecer la economía al ritmo que requiere el aumento poblacional combinado con el factor inflacionario, la productividad, y todos los otros factores que generan bienestar para los habitantes de una región. Datos, en el 2018, Morelos generó menos de cinco mil empleos formales, cuando se requieren casi 19 mil plazas anuales para garantizar trabajos de calidad. La pobreza laboral y la informalidad, en cambio, sobrepasaron los niveles sostenibles, al llegar a más de 65 por ciento la tasa de informalidad y a 54.9 por ciento la pobreza laboral. Esos son los números al fin del 2018.

Para 2019, a pesar de un buen ambiente generado en las primeras semanas de administración, la parálisis presupuestal ha impactado ya negativamente en las cifras de empleo, informalidad, pobreza laboral, y también en las de futuros como los índices de confianza de inversionistas y de consumidores. El problema es que el desaguisado presupuestal en el Congreso abarca prácticamente todo el primer trimestre del año y con ello el efecto en los indicadores será colosal. En términos muy elementales, la falta de inversión gubernamental ha sido total durante el primer cuarto del año, pero además, se alteró la temporalidad de los ciclos de inversión provocando afectaciones que lucen difíciles de reparar en lo que resta del año. De ese tamaño ha impactado en la vida económica el conflicto político que podría haber marcado ya el sexenio. La urgencia de negociación entre los poderes es manifiesta; pero también lo es la necesidad de encontrar un modelo de desarrollo económico en que los factores políticos tengan un peso menor, para liberar a la actividad empresarial y económica de la influencia excesiva que hoy tiene el gobierno en la cuestión productiva de Morelos.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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