/ domingo 30 de mayo de 2021

La pandemia y la alimentación

Este espacio ha servido para informar de manera regular sobre la evolución de la pandemia de COVID-19 y sus impactos a la salud. Sin embargo, hay otros efectos que por la importancia de los temas médicos no han sido apropiadamente atendidos. En esta ocasión hablaremos del impacto de la pandemia sobre la alimentación.

Con muy pocas excepciones, entre las que se encuentran Australia, Canadá y Argentina, los países no contamos con autosuficiencia alimentaria. México, por ejemplo, importa de manera constante desde hace más de 10 años el 48% de sus alimentos.

Entre los alimentos que más importamos se encuentran los granos, avena, soya, frijol, arroz, maíz y trigo. Las importaciones de maíz de México, por ejemplo, aumentaron en cada uno de los últimos siete años y alcanzaron 17.5 millones de toneladas en 2020. Con ese ritmo, la proyección indicaba un aumento a 18.4 millones de toneladas en el 2021 y a 24.7 millones de toneladas en 2030, lo que haría de México el más grande importador de maíz del mundo y eso no era bueno.

Pero la pandemia vino a emperorarlo aún más. En lo que va del año, México incrementó en 16% la importación de maíz, en 22% la de soya, en 6% la de trigo y en 132% la de frijol, los valores más altos desde 2012, siendo nuestro principal proveedor Estados Unidos. Y no solamente estamos importando más granos sino que los estamos comprando 50% más caros en promedio. El impacto no se hizo esperar, nada más por citar un dato, el precio de la tortilla superó este año su máximo histórico, alcanzando los 27 pesos por kilo en la franja fronteriza.

Este comportamiento proviene parcialmente de la interrupción de las cadenas convencionales de suministro por la pandemia ocasionando escasez en algunos puntos y acumulación en otros. Y aunque la confusión provocada al comercio internacional por los confinamientos del año pasado ha cedido, la demanda por inventarios continua a la alza incrementado el precio al consumidor. La Organización de las Naciones Unidas a través de la FAO alertó recientemente sobre el impacto que el incremento en el precio de los alimentos básicos tendrá sobre la inflación global, la cual alcanzó este año su valor más alto en una década.

Como era de esperarse, los incrementos en los alimentos básicos afectarán de manera desporporcionada a los sectores de menores recursos los cuales se han engrosado de manera acelerada con la pandemia, con al menos 90 millones más de pobres a nivel mundial. En nuestro país y de acuerdo a datos del CONEVAL, entre 9 y 10 millones de mexicanos cayeron bajo condiciones de pobreza en los últimos doce meses, elevando el número total a 70 millones, el 60% de la población del país, de los cuales 21 millones, diez veces la población de Morelos, se encuentra bajo la línea de pobreza extrema

Los estragos, además, no han sido iguales para todos, indígenas, adultos mayores, niños y adolecentes llevarán la mayor carga con un claro componente de inequidad de género. Se estima que en México la mitad de las mujeres viven en condiciones de pobreza pero que 1 de cada 6, una proporción devastadora, no tiene acceso a la canasta básica aún destinando todo su ingreso a este fin.

En resumen, vivimos un momento en el que la pérdida de 2 millones de empleos como consecuencia de la pandemia redujo el ingreso promedio de las familias mexicanas en 10% mientras que el precio de los alimentos se incrementó por encima de este valor, ocasionando una pérdida adquisitiva real acumulada superior al 20%.

No debiera sorprendernos, entonces, el repunte de actividades delicuenciales, sobre todo secuestro, asalto y robo a casa habitación, las cuales en Morelos y en otras partes del país se encuentran fuera de control cobrando diariamente la vida de cientos de víctimas, las cuales se acumularán al más de medio millón de mexicanos muertos por la pandemia.

El incremento al presupuesto de las transferencias directas distribuidas desde los programas asistenciales del gobierno ha servido de paliativo pero si lo que buscamos es una recuperación, se requiere la implementación de otras medidas temporales así como de cambios estructurales enfocados a la generación de empleo y a la producción con perspectiva de género y visión de futuro. Nada por debajo de eso nos será de utilidad.

Tengamos presentes estos datos, y otros más que se han ido publicando en este espacio, como sustento para la decisión informada que deberemos tomar el próximo domingo sobre el futuro de nuesto país. Todo se vale, excepto no salir a votar.


Para información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx o https://www.facebook.com/BValderramaB/

Este espacio ha servido para informar de manera regular sobre la evolución de la pandemia de COVID-19 y sus impactos a la salud. Sin embargo, hay otros efectos que por la importancia de los temas médicos no han sido apropiadamente atendidos. En esta ocasión hablaremos del impacto de la pandemia sobre la alimentación.

Con muy pocas excepciones, entre las que se encuentran Australia, Canadá y Argentina, los países no contamos con autosuficiencia alimentaria. México, por ejemplo, importa de manera constante desde hace más de 10 años el 48% de sus alimentos.

Entre los alimentos que más importamos se encuentran los granos, avena, soya, frijol, arroz, maíz y trigo. Las importaciones de maíz de México, por ejemplo, aumentaron en cada uno de los últimos siete años y alcanzaron 17.5 millones de toneladas en 2020. Con ese ritmo, la proyección indicaba un aumento a 18.4 millones de toneladas en el 2021 y a 24.7 millones de toneladas en 2030, lo que haría de México el más grande importador de maíz del mundo y eso no era bueno.

Pero la pandemia vino a emperorarlo aún más. En lo que va del año, México incrementó en 16% la importación de maíz, en 22% la de soya, en 6% la de trigo y en 132% la de frijol, los valores más altos desde 2012, siendo nuestro principal proveedor Estados Unidos. Y no solamente estamos importando más granos sino que los estamos comprando 50% más caros en promedio. El impacto no se hizo esperar, nada más por citar un dato, el precio de la tortilla superó este año su máximo histórico, alcanzando los 27 pesos por kilo en la franja fronteriza.

Este comportamiento proviene parcialmente de la interrupción de las cadenas convencionales de suministro por la pandemia ocasionando escasez en algunos puntos y acumulación en otros. Y aunque la confusión provocada al comercio internacional por los confinamientos del año pasado ha cedido, la demanda por inventarios continua a la alza incrementado el precio al consumidor. La Organización de las Naciones Unidas a través de la FAO alertó recientemente sobre el impacto que el incremento en el precio de los alimentos básicos tendrá sobre la inflación global, la cual alcanzó este año su valor más alto en una década.

Como era de esperarse, los incrementos en los alimentos básicos afectarán de manera desporporcionada a los sectores de menores recursos los cuales se han engrosado de manera acelerada con la pandemia, con al menos 90 millones más de pobres a nivel mundial. En nuestro país y de acuerdo a datos del CONEVAL, entre 9 y 10 millones de mexicanos cayeron bajo condiciones de pobreza en los últimos doce meses, elevando el número total a 70 millones, el 60% de la población del país, de los cuales 21 millones, diez veces la población de Morelos, se encuentra bajo la línea de pobreza extrema

Los estragos, además, no han sido iguales para todos, indígenas, adultos mayores, niños y adolecentes llevarán la mayor carga con un claro componente de inequidad de género. Se estima que en México la mitad de las mujeres viven en condiciones de pobreza pero que 1 de cada 6, una proporción devastadora, no tiene acceso a la canasta básica aún destinando todo su ingreso a este fin.

En resumen, vivimos un momento en el que la pérdida de 2 millones de empleos como consecuencia de la pandemia redujo el ingreso promedio de las familias mexicanas en 10% mientras que el precio de los alimentos se incrementó por encima de este valor, ocasionando una pérdida adquisitiva real acumulada superior al 20%.

No debiera sorprendernos, entonces, el repunte de actividades delicuenciales, sobre todo secuestro, asalto y robo a casa habitación, las cuales en Morelos y en otras partes del país se encuentran fuera de control cobrando diariamente la vida de cientos de víctimas, las cuales se acumularán al más de medio millón de mexicanos muertos por la pandemia.

El incremento al presupuesto de las transferencias directas distribuidas desde los programas asistenciales del gobierno ha servido de paliativo pero si lo que buscamos es una recuperación, se requiere la implementación de otras medidas temporales así como de cambios estructurales enfocados a la generación de empleo y a la producción con perspectiva de género y visión de futuro. Nada por debajo de eso nos será de utilidad.

Tengamos presentes estos datos, y otros más que se han ido publicando en este espacio, como sustento para la decisión informada que deberemos tomar el próximo domingo sobre el futuro de nuesto país. Todo se vale, excepto no salir a votar.


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