/ domingo 22 de noviembre de 2020

La otra violencia que mata mujeres

Las historias de violencia contra mujeres que culminan en privación de la libertad, explotación sexual o muerte, con tristemente cotidianas y siempre terroríficas; pero en todas ellas hay componentes previos de esa violencia que hemos permitido, normalizado, una colección de conductas de riesgo que nos hemos permitido transitando por una carretera con pocas paradas y mínimos retornos.

El maltrato a las mujeres, el uso instrumental que se les otorga en la sociedad representa una colección de peligros aún con los esfuerzos reconocibles, pero también sumamente modestos, que representan las políticas públicas. Las leyes resultan suficientes y hasta de avanzada para muchos, pero en un país con grados de impunidad cercanos o mayores al 90 por ciento, lo acabado de una ley es absolutamente insuficiente. El despertar femenino que evidencian las movilizaciones a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la violencia de género encuentran su justificación no necesariamente en el incremento de conductas destructivas en contra de las mujeres, sino en el fastidio provocado por años, décadas, siglos de vejaciones. Acaso ahora hay muchas más denuncias derivadas justamente de ese despertar, de la ruptura de un silencio impuesto, obligado desde la cultura, las relaciones familiares, sociales, laborales, políticas.

La transformación corresponde a todos, y la resistencia es enorme, desde la caricaturización de los movimientos feministas hasta el más abierto repudio representan obstáculos que aplazan acciones urgentes que la sociedad entera debe emprender para que, más allá de los insultantes “espacios seguros” (insultantes porque limitan el tránsito y los lugares donde las mujeres pueden sentirse a salvo), el mundo entero sea lo más seguro posible para las mujeres. El mundo sólo será diferente si todos lo hacemos posible.

Los cuatrocientos sesenta y tres feminicidios registrados en las últimas dos décadas en Morelos, 27 en lo que va de 2020, son intolerables. También lo es la cantidad de muertes de mujeres por abandono, enfermedades prevenibles, hambre y marginación que representan una cantidad mayor pero difícil de determinar de fallecimientos ocurridos por otras formas de violencia, la institucional y cultural, las que son toleradas, normalizadas e invisibilizadas, pero siguen existiendo y resultan igual de fatales (muertes maternas asociadas al suicidio, el aborto, a la violencia obstétrica; defunciones provocadas por falta de acceso a servicios de salud, medicamentos, alimentación de calidad).

No se trata de minimizar el problema de la violencia criminal que sufren las mujeres en forma de lesiones, trata, feminicidio; sino de exponer otras causas de muerte femenina provocadas o cuya prevención es negada, retardada, o rechazada por razones culturales asociadas a la discriminación por género, y que no son consideradas criminales sólo porque no generalmente no parten de un autor único, o porque derivan de conductas “normales”.

Las leyes son insuficientes frente a estos retos, es urgente trazar políticas públicas integrales en que participe toda la sociedad.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Las historias de violencia contra mujeres que culminan en privación de la libertad, explotación sexual o muerte, con tristemente cotidianas y siempre terroríficas; pero en todas ellas hay componentes previos de esa violencia que hemos permitido, normalizado, una colección de conductas de riesgo que nos hemos permitido transitando por una carretera con pocas paradas y mínimos retornos.

El maltrato a las mujeres, el uso instrumental que se les otorga en la sociedad representa una colección de peligros aún con los esfuerzos reconocibles, pero también sumamente modestos, que representan las políticas públicas. Las leyes resultan suficientes y hasta de avanzada para muchos, pero en un país con grados de impunidad cercanos o mayores al 90 por ciento, lo acabado de una ley es absolutamente insuficiente. El despertar femenino que evidencian las movilizaciones a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la violencia de género encuentran su justificación no necesariamente en el incremento de conductas destructivas en contra de las mujeres, sino en el fastidio provocado por años, décadas, siglos de vejaciones. Acaso ahora hay muchas más denuncias derivadas justamente de ese despertar, de la ruptura de un silencio impuesto, obligado desde la cultura, las relaciones familiares, sociales, laborales, políticas.

La transformación corresponde a todos, y la resistencia es enorme, desde la caricaturización de los movimientos feministas hasta el más abierto repudio representan obstáculos que aplazan acciones urgentes que la sociedad entera debe emprender para que, más allá de los insultantes “espacios seguros” (insultantes porque limitan el tránsito y los lugares donde las mujeres pueden sentirse a salvo), el mundo entero sea lo más seguro posible para las mujeres. El mundo sólo será diferente si todos lo hacemos posible.

Los cuatrocientos sesenta y tres feminicidios registrados en las últimas dos décadas en Morelos, 27 en lo que va de 2020, son intolerables. También lo es la cantidad de muertes de mujeres por abandono, enfermedades prevenibles, hambre y marginación que representan una cantidad mayor pero difícil de determinar de fallecimientos ocurridos por otras formas de violencia, la institucional y cultural, las que son toleradas, normalizadas e invisibilizadas, pero siguen existiendo y resultan igual de fatales (muertes maternas asociadas al suicidio, el aborto, a la violencia obstétrica; defunciones provocadas por falta de acceso a servicios de salud, medicamentos, alimentación de calidad).

No se trata de minimizar el problema de la violencia criminal que sufren las mujeres en forma de lesiones, trata, feminicidio; sino de exponer otras causas de muerte femenina provocadas o cuya prevención es negada, retardada, o rechazada por razones culturales asociadas a la discriminación por género, y que no son consideradas criminales sólo porque no generalmente no parten de un autor único, o porque derivan de conductas “normales”.

Las leyes son insuficientes frente a estos retos, es urgente trazar políticas públicas integrales en que participe toda la sociedad.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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