/ domingo 24 de mayo de 2020

La luz que nos orienta

Toda crisis, ya sea una enfermedad o una falla en un avión en vuelo, pasa por un etapa oscura en la que se puede perder la confianza. La crisis de COVID-19 en México está justo en esa etapa, pero les puedo decir que por más oscuro que se vea el futuro hay una luz que deberá orientar nuestras acciones hacia adelante y es la certeza de que la solución provendrá única y exclusivamente de la ciencia. Y ya se tienen avances.

Se están desarrollando pruebas diagnósticas para el virus más rápidas, efectivas y económicas. Igualmente se conoce cada vez mejor como se manifiesta la enfermedad por lo cual es más certera su identificación temprana y tratamiento. Se comienzan a desarrollar también medicamentos específicos para las diferentes manifestaciones. Finalmente, se anuncian las primeras pruebas clínicas de lo que podría ser una vacuna.

Muchas de estas investigaciones se realizarán de manera simultánea en cientos de laboratorios alrededor del mundo y posiblemente generen productos equivalentes, es decir, que no habrá un solo tratamiento ni una sola vacuna sino muchas. Y tiene que ser así ya que de otra forma tardaríamos generaciones para que todas las personas del mundo tuvieran acceso a estos productos. La estrategia, por lo tanto, será distribuir tanto la investigación como la producción entre muchos países.

La solidaridad que nos une como humanidad en estos momentos es real pero tiene fecha de caducidad. En un par de años, conforme los países que invirtieron en investigación científica comiencen a llevar sus productos al mercado, el mundo quedará dividido en dos, aquellos países que producen medicamentos contra COVID-19 y los que hacen fila para comprarlos.

Ante este escenario uno pensaría que la decisión más razonable sería, entonces, que los científicos mexicanos recibieran apoyos y facilidades. Algunos laboratorios en nuestro país, muy pocos, han recibido apoyo del gobierno sin embargo, la mayoría de las investigaciones que se realizan actualmente sobre COVID-19 y el virus que la provoca se están financiado con recursos de las propias instituciones. Pero los recursos son limitados y comenzaron ya a escasear. Se pasó entonces a solicitar donaciones de reactivos y materiales a otros laboratorios que estaban en receso. Cuando eso se terminó, se pasó a establecer sistemas de donativos entre la sociedad en general. Lo que se conoce coloquialmente cómo pasar la charola.

En medio de esta circunstancia inédita hemos recibido una serie de noticias que hacen temer que la situación empeore todavía más. La primera fue el decreto presidencial del 2 de abril que desaparece los fideicomisos en la administración pública federal. Con la bandera de eliminar la corrupción y la opacidad, esta directiva es un golpe mortal a la investigación en México cuya única posibilidad de continuidad depende del ejercicio de los recursos depositados en una serie de fideicomisos administrados por el Conacyt.

Posteriormente se anuncia una reducción de 75% en gasto corriente lo cual impide que algunos centros e institutos de investigación federales puedan cumplir con necesidades tan básicas como el pago de la electricidad. Igualmente se anuncia que algunas Universidades Estatales entra las que se encuentra la UAEM no recibirán tampoco este año recursos suficientes para cubrir su nómina completa.

La situación se complica todavía más pues hace apenas unos cuantos días se hizo pública la intención del grupo legislativo de Morena en el Congreso de la Unión de acelerar la desaparición, no solo de los fideicomisos, sino de todos los fondos que existen en la Ley de Ciencia y Tecnología cuya finalidad es financiar proyectos de investigación científica. La respuesta social recibida por los legisladores provocó que se suspendiera de manera temporal la presentación de la iniciativa sin embargo todavía existe riesgo de que sea reactivada en cualquier momento.

A pesar de todo su esfuerzo y en el peor momento, la ciencia en México está sufriendo una crisis paralela a la de COVID-19 y es importante que sociedad esté informada. De concretarse estas medidas, se apagaría la única luz que nos orienta en medio de la oscuridad de la pandemia, condenando a México a formarse en la fila de los compradores. Quizá para todo, quizá para siempre.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Toda crisis, ya sea una enfermedad o una falla en un avión en vuelo, pasa por un etapa oscura en la que se puede perder la confianza. La crisis de COVID-19 en México está justo en esa etapa, pero les puedo decir que por más oscuro que se vea el futuro hay una luz que deberá orientar nuestras acciones hacia adelante y es la certeza de que la solución provendrá única y exclusivamente de la ciencia. Y ya se tienen avances.

Se están desarrollando pruebas diagnósticas para el virus más rápidas, efectivas y económicas. Igualmente se conoce cada vez mejor como se manifiesta la enfermedad por lo cual es más certera su identificación temprana y tratamiento. Se comienzan a desarrollar también medicamentos específicos para las diferentes manifestaciones. Finalmente, se anuncian las primeras pruebas clínicas de lo que podría ser una vacuna.

Muchas de estas investigaciones se realizarán de manera simultánea en cientos de laboratorios alrededor del mundo y posiblemente generen productos equivalentes, es decir, que no habrá un solo tratamiento ni una sola vacuna sino muchas. Y tiene que ser así ya que de otra forma tardaríamos generaciones para que todas las personas del mundo tuvieran acceso a estos productos. La estrategia, por lo tanto, será distribuir tanto la investigación como la producción entre muchos países.

La solidaridad que nos une como humanidad en estos momentos es real pero tiene fecha de caducidad. En un par de años, conforme los países que invirtieron en investigación científica comiencen a llevar sus productos al mercado, el mundo quedará dividido en dos, aquellos países que producen medicamentos contra COVID-19 y los que hacen fila para comprarlos.

Ante este escenario uno pensaría que la decisión más razonable sería, entonces, que los científicos mexicanos recibieran apoyos y facilidades. Algunos laboratorios en nuestro país, muy pocos, han recibido apoyo del gobierno sin embargo, la mayoría de las investigaciones que se realizan actualmente sobre COVID-19 y el virus que la provoca se están financiado con recursos de las propias instituciones. Pero los recursos son limitados y comenzaron ya a escasear. Se pasó entonces a solicitar donaciones de reactivos y materiales a otros laboratorios que estaban en receso. Cuando eso se terminó, se pasó a establecer sistemas de donativos entre la sociedad en general. Lo que se conoce coloquialmente cómo pasar la charola.

En medio de esta circunstancia inédita hemos recibido una serie de noticias que hacen temer que la situación empeore todavía más. La primera fue el decreto presidencial del 2 de abril que desaparece los fideicomisos en la administración pública federal. Con la bandera de eliminar la corrupción y la opacidad, esta directiva es un golpe mortal a la investigación en México cuya única posibilidad de continuidad depende del ejercicio de los recursos depositados en una serie de fideicomisos administrados por el Conacyt.

Posteriormente se anuncia una reducción de 75% en gasto corriente lo cual impide que algunos centros e institutos de investigación federales puedan cumplir con necesidades tan básicas como el pago de la electricidad. Igualmente se anuncia que algunas Universidades Estatales entra las que se encuentra la UAEM no recibirán tampoco este año recursos suficientes para cubrir su nómina completa.

La situación se complica todavía más pues hace apenas unos cuantos días se hizo pública la intención del grupo legislativo de Morena en el Congreso de la Unión de acelerar la desaparición, no solo de los fideicomisos, sino de todos los fondos que existen en la Ley de Ciencia y Tecnología cuya finalidad es financiar proyectos de investigación científica. La respuesta social recibida por los legisladores provocó que se suspendiera de manera temporal la presentación de la iniciativa sin embargo todavía existe riesgo de que sea reactivada en cualquier momento.

A pesar de todo su esfuerzo y en el peor momento, la ciencia en México está sufriendo una crisis paralela a la de COVID-19 y es importante que sociedad esté informada. De concretarse estas medidas, se apagaría la única luz que nos orienta en medio de la oscuridad de la pandemia, condenando a México a formarse en la fila de los compradores. Quizá para todo, quizá para siempre.


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